5 de abril 2020 - 5:00hs

En buena medida la pandemia que padece todo el mundo del coronavirus covid-19 podría haberse evitado o mitigado bastante si las autoridades chinas hubieran dicho la verdad desde el comienzo de la infección. Hay muchas teorías de cuando comenzó esto. Y entre ellas alguna que dice que fue diseñado especialmente por el gobierno chino para retomar un mayor control geopolítico del mundo actual. Es una teoría falsa, como la mayoría de las teorías conspirativas, que son tan falsas como atractivas y fáciles de creer.

Lo que sí se sabe con bastante certeza (y no tiene nada de conspirativo) es que el virus surgió en la provincia de Hubei y que saltó de los murciélagos al hombre. Por lo menos hubo tres semanas en que el gobierno chino ocultó esa noticia al mundo, quizá en la esperanza de que todo podría solucionarse en casa. Cuando se hizo público el anuncio del efecto letal y rápidamente transmisor del virus -para el que no hay aún ni vacuna ni cura conocidas- ya era tarde. Aunque el gobierno chino decretó medidas draconianas en la provincia de Hubei y en la ciudad de Wuhan -medidas que en ningún país democrático y libre se hubieran podido implementar- , el virus ya había saltado al exterior -Corea del Sur, Japón, Italia, etc.-.

El médico Li Wenliang, famoso por ser el primero en realizar advertencias que no fueron atendidas, murió víctima del virus. Pero antes fue brutalmente censurado y obligado a retractarse. Los visitaron oficiales de la Oficina de Seguridad Pública y le hicieron firmar el siguiente escrito: “Le advertimos solemnemente: si sigue siendo terco e impertinente, y continúa con esta actividad ilegal, será llevado ante la Justicia ¿se entiende?” Debajo, Li escribió: “Sí, entiendo”. Y lo mismo pasó con otros colegas que advertían sobre el virus. Recién a fines de enero, poco antes morir, las autoridades locales le pidieron disculpas. Tardías disculpas.

EFE El médico Li Wenliang, famoso por ser el primero en realizar advertencias que no fueron atendidas, murió víctima del virus

Y lo mismo ocurre ahora con Ai Fen, directora del Hospital Central de Wuhan -donde también trabajaba Wenliang-, quien concedió una entrevista que fue duramente censurada y bloqueada, donde revelaba que corrió la misma suerte que Wenliang al tratar de dar alerta a sus superiores sobre lo que estaba ocurriendo. Su voz fue acallada.

Y por ello Mario Vargas Llosa, Premio Nobel de Literatura 2010, en un artículo publicado el 15 de marzo señalaba que eso solo podría ocurrir en un país dictatorial, al igual que la tragedia de Chernóbil en Ucrania en 1986, también ocurrió y fue acallada en la dictadura de la URSS, lo cual la hizo mucho más peligrosa aunque  no tanto como el Coronavirus.

No escapa a esta situación lo que ocurrió en Estados Unidos donde el presidente Trump estuvo casi un mes en estado de negación de la importancia del virus. Primero lo comparó con una gripe. Luego dicho que era un “virus extranjero”. Luego dijo que quería a Estados Unidos totalmente en marcha para Semana Santa y finalmente se vio obligado a declarar cuarentenas en varios lugares y aceptar esta semana, en un raro y sombrío discurso, que los americanos tenían dos semanas muy difíciles por delante.

Trump no hubiera podido ocultar la verdad porque las instituciones norteamericanas lo hubieran puesto en su lugar. Empezando por la prensa, siguiendo por el Congreso y el Poder Judicial y, más aún, haciendo hablar al Dr. Anthony Fauci, el más prestigioso epidemiólogo del país y miembro del comité de crisis de la Casa Blanca que no teme decir verdades como puños aunque ellas no le gusten a Trump. Pero, a diferencia de lo que ocurrió en China, Trump no puede acallar a Fauci aunque no le guste lo que dice. Y ha tenido que seguir sus recomendaciones.

La verdad siempre sale a luz aunque a veces sea un poco, o demasiado, tarde. Y eso es lo lamentable de este caso que hoy afecta al mundo entero. Quienes alababan a China por su combinación de libertad económica y autoritarismo político, que vendría a ser un modelo superador de la democracia liberal y republicana de Occidente, tendrían que callarse hoy la boca. Y China, con todo su poderío y todo su potencial, con toda su energía y creatividad, con la laboriosidad de su gente, y que tiene todo para ser un país maravilloso, debe pedir disculpas al mundo.

HECTOR RETAMAL / AFP

Ha cometido un grave error -por decir lo menos- y lo estamos pagando en todo el mundo a gran precio. Ocultó la verdad sobre el virus y sobre su extensión. Y son muchos los que ponen en duda justificadamente que hayan tenido 3.326 muertos.

En todo caso, no se puede recoger la leche derramada. Ya es tarde. Pero sí se puede evitar que se derrame más o que se derrame otra vez. Y para ello lo fundamental es que los gobiernos sean transparentes y que digan la verdad. Y en eso, en nuestro país estamos seguros de que las autoridades, con el presidente a la cabeza, dando la cara, asistiendo a conferencias de prensa casi a diario, respondiendo todo tipo de preguntas, haciéndose cargo, dan una gran tranquilidad a la población. Que así continúe.

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