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Emociones que suman kilos: ¿por qué suelen fallar las dietas?

La nutricionista Luciana Lasus brindará un taller virtual el próximo martes 26 de mayo para suscriptores Member

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22 de mayo de 2020 a las 15:18

La mayoría de las personas que buscan bajar de peso se embanderan con dietas con las que quizá puedan lograr que el número de la balanza baje, pero generalmente, “esos resultados son puntuales, efímeros y muy vistosos, pero no son sostenibles en el tiempo”. Así lo advierte la nutricionista Luciana Lasus, que en sus 22 años de profesión aprendió que es un error trabajar únicamente el síntoma –el sobrepeso– con esfuerzos que solo contemplan el peso y manejan a los alimentos y la actividad física como únicas variables. La especialista afirma que es necesario tener en cuenta las emociones, el metabolismo, el intestino, el descanso y la predisposición genética.

“Una y otra vez recibo en el consultorio gente que hizo mil dietas, sabe de nutrición y no pudo sostener lo conseguido. ¿Por qué?”, cuestiona Lasus y contesta: “Porque nunca abordaron lo que está por debajo del síntoma. Nunca revisaron su relación con la comida ni sus emociones vinculadas al acto de comer“.

Para la nutricionista es clave entender que comer no es únicamente un acto de supervivencia o placer. “Comer es emoción, es cultura, es familia, es infancia, es crianza”, y eso, alerta, “no viene solo... Trae muchísimo peso”.

A diferencia de sustancias que suponen otros consumos adictivos, la comida es necesaria para subsistir. Porque comer hay que comer todos los días, entonces, “si no visualizamos las emociones que nos están atravesando no tendremos resultados sostenibles nunca”, argumenta Lasus.

Además explicó que los problemas emocionales en torno a la alimentación pueden darse en cualquier nivel de la vida. “Generalmente es proporcional a la edad, pero no excluye a los niños y adolescentes que por factores concretos vuelcan en la comida todos sus miedos, rabias, inseguridades y falta de autoestima”, dice la nutricionista.

Y en tiempos de pandemia, la incertidumbre, el miedo, el tiempo libre y la inestabilidad económica reforzaron este conflicto interno que remarca Lasus dentro de muchas personas que canalizaron sus angustias aumentando sus ingestas.

Claro, a varios les resulta un mimo al alma poder gratificarse con un rico chocolate o una buena pizza después de un día estresante. Y la nutricionista no niega eso y dice que “está genial aprender a disfrutar de la comida y decir ‘qué delicia, me lo merezco’”. Pero lo que sí advierte es que todo esto se distorsiona cuando la comida aparece para llenar otros vacíos y cuando se consumen grandes ingestas de comida chatarra, por ejemplo. “Ahí sí estamos ante un problema”, sostiene Lasus e indica: “Aprender a comer y disfrutar en equilibrio es un aprendizaje. Se puede y hacia ahí vamos”.

Para aprender a diferenciar el hambre emocional del hambre real y para ahondar en la importancia que tienen las emociones sobre la forma de alimentarse y sobre los estados de ánimo, Luciana Lasus brindará un taller virtual para los suscriptores Member de El Observador. La charla titulada Emociones que suman kilos se desarrollará el próximo martes 26 de mayo de mayo por la plataforma Zoom.

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