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Blanca, de 80 años, cultiva flores en Puntas de Manga

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En flor: un libro para recuperar y resignificar el lugar de las flores a nuestro alrededor

La floricultura tuvo su período de auge en Uruguay, tras la llegada de inmigrantes y el desarrollo de la producción local, pero los cambios de consumo han golpeado la industria de las flores; un nuevo libro busca reimpulsarlas y volver a valorar su belleza

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20 de noviembre de 2021 a las 05:01

Un ramo o una única flor. Su morfología, texturas, colores y fragancias. Una experiencia. Comprar flores, caminar por la vereda con el sol en la cara y una canción up beat en la cabeza es una sensación inigualable. ¿Cuándo lo olvidamos?

La periodista Natalia Jinchuk se define como “una observadora de la sociedad y particularmente de la belleza”. La belleza asociada a las flores, de la que dirán que es un lugar común. Pero si se acercan a En Flor, verán que la autora propone cambiar la forma en la que las miramos y construir una nueva: una que valore la insumisión de las flores.

El primer texto del libro es un extracto de La inteligencia de las flores: “Ese mundo vegetal que vemos tan tranquilo, tan resignado, en que todo parece aceptación, silencio, obediencia, recogimiento, es por el contrario aquel en que la rebelión contra el destino es la más vehemente y la más obstinada”, escribió Mauricio Maeterlinck en 1907, y deja en claro que es esta característica revolucionaria e inconformista de las flores, camuflada detrás de su frágil apariencia, la que refuerza su belleza.

El libro explica cómo elegir las flores, cuál es la mejor forma de mantenerlas y presentarlas

En 2018 Jinchuk, que tiene más de 20 años de carrera en medios de comunicación y co-dirige Mirada Couture –el primer medio digital de moda y diseño de Uruguay– viajó a Estocolmo y se sorprendió por la cantidad de gente que caminaba por sus calles con flores en las manos. Una conducta que, si bien tiene que ver con una necesidad de los nórdicos llenar los espacios de calidez y rastros de naturaleza, está más afianzada en Europa y en algunas partes de Estados Unidos. “¿Qué pasa con Uruguay y las flores?”, se preguntó, y allí encontró la génesis de un libro que además de ser una guía práctica para la adquisición y el cuidado de las flores de corte, se introduce en aspectos que tienen que ver con la industria y con las sensibilidades que pueden despertar. En dos años de investigación pasaron muchas cosas. “Descubrí un mundo muy complejo, fascinante, que tiene mil aristas, que toca a la persona desde lo más simple hasta algo super elaborado”, dice la autora en diálogo con El Observador. La florista Mercedes Lalanne y el fotógrafo Francisco Supervielle se sumaron al equipo para “plasmar el universo floral y contagiar el amor por las flores todos los días”.

En flor, Grijalbo

Las flores se asocian a momentos importantes o de conexión espiritual: están presentes en los extremos del ciclo vital, honran altares y se ofrecen a santos y divinidades, se regalan en momentos de celebraciones e incluso son mediadoras en las reconciliaciones de los amantes. Durante los años han sido símbolos de fertilidad y de seducción, gestos de amabilidad, gratitud, disculpas e incluso guardianas ancestrales de cualidades mágicas y medicinales. Se grabaron en la cultura, tanto en la música como en sus innumerables expresiones literarias. ¿Pero cuántos tenemos la costumbre de comprarlas de forma cotidiana? “Tener flores en tu casa, ese gesto, no está tan presente. Antes era más frecuente. Creo que ahora estamos necesitando de alguna manera volver a eso, para tener esa porción de naturaleza en casa”.

Las flores son efímeras, es verdad, pero nos regalan sus últimos días. Jinchuk explica en En Flor que en realidad lo que recibimos de las flores es su "sobrevida", por lo que son cortadas en su esplendor y pueden perdurar gracias a su reserva de azúcares y almidones. "Es algo más efímero, pero es interesante porque tienen esa belleza explosiva en los colores, el perfume, la forma", señala la autora, y agrega que hay una carga afectiva y emocional en las flores, que viene incluso de quienes las producen. 

¿Quiénes plantan nuestras flores?

Mi mamá me dijo que sembrara flores 
que saliera al campo a cosechar amores 

"No se puede tomar que las flores aparecen mágicamente en un cubo de plástico en un puesto y después vas a tu casa felizmente un sábado de mañana de sol y las ponés en un florerito. No podía terminar solo en eso. Tenía que ir más allá", apunta Jinchuk, y se introduce en la trazabilidad de las flores: ¿quiénes las producen? En el libro se cuentan las historias de los floricultores, de las generaciones de trabajadores que fueron construyendo un saber colectivo en la tierra que hoy intenta sobrevivir.

La floricultura en Uruguay se ha visto muy golpeada en las últimas décadas. El ingreso de las importaciones, el cambio de costumbres de consumo, las consecuencias del dengue y los costos de producción son algunos de los motivos que mencionan los trabajadores en un rubro que supo gozar de su esplendor en las décadas de los setenta, ochenta y noventa. "Sobre todo fue un cambio cultural que se fue dando en el cual la gente de alguna manera dejó de percibir este valor de las flores. Este libro, no es un apostolado, pero lo que propongo es volver a prestarle atención a eso: volver a darles un lugar", sostiene la autora.

Marcelo Goto cultiva sus flores en el mismo predio que su padre, en Colón Norte

La historia de la floricultura en el país también es una historia de inmigración. “Los inmigrantes italianos, españoles y franceses que trajeron consigo a Uruguay la expertise agrícola y las costumbres de casas quintas, huertas y jardines exquisitos fueron los encargados de asegurar una vida con flores, mientras que los funcionarios británicos de las múltiples compañías que vinieron a establecerse en Uruguay —y sobre todo sus esposas— se convirtieron en los primeros grandes consumidores, continuando la tradición de su país", sostiene Jinchuk en En Flor, donde profundiza en la historia de los primeros productores y compradores de flores. También destaca que la llegada de los inmigrantes japoneses terminó de consolidar la floricultura en Uruguay hacia la década de 1930, por lo que se convirtieron en referentes en lo relativo a las flores de corte y el desarrollo de la industria local.

Cuando empezó a profundizar en este aspecto humano y social de las flores, decidió contar las historias de los productores: "Me parecía muy importante que el libro recogiera esos perfiles porque además son entrañables". Allí aparece Blanca Furtado de Soria, con su marido, sus nietos y hasta bisnietos en Puntas de Manga; o Marcelo Goto, que es hijo de un inmigrante japonés y busca a quién legarle el oficio. También figura Marta Mazzuchelli, una mujer "con mucha potencia" que tras la muerte de su marido se cargó al hombro el negocio familiar; o José Lara que a sus 12 años aprendió la tarea con los vecinos cuando les pedía prestado un teléfono. Y también está José "Pepe" Mujica. “¿Cuál es el floricultor más famoso del mundo?", se preguntó Jinchuk. "Resulta que estaba acá".

"Hay mucha gente que se le resiste, mismo dentro de la comunidad de los floricultores, pero teniendo en cuenta el personaje que es, el hecho de que se haya dedicado a ser floricultor es muy particular”, comenta la autora, que fue a buscar a Mujica en su chacra de Rincón del Cerro y habló con el expresidente sobre su pasado como floricultura y su visión histórica acerca del rubro. “Lo de Mujica fue algo que busqué mucho porque entendía que, si hablábamos de flores en Uruguay, que él estuviera era importante. En su caso fue casi como una casualidad, porque él cuenta que cuando se murió el padre era muy chico y ahí crecían las calas o los cartuchos, que son flores que prácticamente crecen solas, y empezó su historia”, sostiene.

Cultivar flores no es lo mismo que cultivar otra cosa. “Es muy fácil para mí caer en el romanticismo”, confiesa Jinchuk y prosigue: “cuando hablaba con los productores para ellos no era tan romántico, el propio Mujica dice que no hay poesía en las flores, pero para mi tiene que haber algo forzosamente de una conexión especial, porque tenés que tener una habilidad particular. Por más que las personas que trabajan con las flores no necesariamente atienden a esa sensibilidad de una forma manifiesta yo sigo pensando que es un poco para almas sensibles”.

Guía práctica para el novel florista

Florecer mirándote a los ojos,
perfección.

Sin repetir y sin soplar: ¿cuántos tipos de flores que se consigan en Uruguay podés recordar? La autora de En Flor decidió mostrar de una forma sencilla y clara cuáles son, en qué estación se encuentran, dónde se pueden adquirir, cuáles son sus características, cómo elegirlas, cuánto duran y cómo sacarles el mayor provecho posible. "Me parecía importante que hubiese una guía que mostrara cuáles son las flores que son las más comunes acá y sensibilizar con respecto a eso. Si tengo más información lo voy a disfrutar más. Ahí empieza una corriente que tiene que ver con empezar a prestar más atención", comenta. Prestar atención, modificar una sensibilidad, ver con más atención aquello que siempre estuvo ahí.

Fresias, girasoles, iris, narcisos, jazmines, nardos, statices, zinnias. La lista es extensa, variada y francamente deslumbrante. Incluye también flores de vegetales, las silvestres, las nativas, los cardos y una reivindicación de los claveles. “Este libro es una mirada que, sin desechar lo que viene de antes, de alguna manera recoge que se pueden mirar las flores de una nueva manera y se pueden resignificar algunas cosas", sostiene Jinchuk.

Pasa con las flores lo mismo que con otras cosas hermosas. El primer impacto con la belleza puede ser movilizador, si uno se lo permite, pero el conocimiento desbloquea otras profundidades. "Es una mezcla entre la belleza del impacto visual y la información para acercarse de otra manera", explica la autora. 

"Para mi no es una cuestión poética. La poesía está en la palabra, y la naturaleza, cuando hace cosas hermosas, las hace con una finalidad", dice el expresidente Mujica en la entrevista que figura en el libro. Sin embargo, el propio libro que la contiene logra un equilibrio casi poético entre la palabra y la naturaleza. Las flores, la fotografía, el diseño, los textos: la poesía está en la mirada sobre las cosas. En la posibilidad de plasmar de forma auténtica eso que quizás sea el objeto más fotografiado del mundo: una flor. 

A fin de cuentas se trata de rescatar su valor ornamental, su belleza, pero también las historias detrás y las sensaciones que pueden despertar. "El mensaje ulterior, que prevalece, es el deseo de ver cada vez más flores en las calles, en las manos, en las casas, en los jardines. Las flores son tan frágiles como superpoderosas", declama el texto del libro.

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