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Entre la pena y la pena

Triste y deprimido, el capo de los narcos espera el juicio

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14 de noviembre de 2017 a las 04:55

Joaquín Archivaldo Guzmán Loera, conocido por su apodo de "El Chapo", está enloqueciendo. Su relación con la realidad es cada vez menos racional. Eso informan sus abogados, quienes además han de estar preparándose para decirle a su cliente que las posibilidades de que algún día salga en libertad son escasas, más bien nulas.

Guzmán, quien en su país de origen fue una especie de doctor honoris causa en fugas carcelarias, se encuentra blindadamente encerrado en una cárcel federal de alta seguridad en territorio estadounidense, país donde solo en películas los presos logran escapar de cárceles de ese tipo.

En una pequeña pero pulcra celda, ubicada en la ciudad que nunca duerme, Nueva York, el preso padece de insomnio; alucina y olvida; su memoria falla, dicen sus abogados defensores, quienes piden algo que no será concedido: mejores condiciones de vida. Habrase visto semejante descaro.

Guzmán dijo alguna vez con orgullosa arrogancia que había sido el verdugo de al menos unas tres mil personas. Homicidio es una de causas por las cuales será juzgado. Puesto que fue extraditado de su país de origen, no le darán la pena de muerte en caso de ser encontrado culpable, pero le tocará una pena que al implicado lo horroriza todavía más, como es pasar el resto de su vida en un lugar parecido al que está, aunque tendrá menos facilidades de comunicación, pues ahora se encuentra en la categoría de acusado, no de culpable.

Si bien no se sabe con certeza, Guzmán tendría entre 60 y 63 años de edad, por lo que pasará la etapa última de su existencia, y la posdata, en caso de que el destino se la otorgue, en condiciones de vida que nunca llegó a imaginar. En el dantesco mundo del narcotráfico, son raros los casos de impunidad absoluta. Son cantidad quienes mueren antes de tiempo de forma violenta, y otros pasan gran parte de sus vidas en la cárcel.

Sin embargo, pocos deben haber supuesto que el más poderoso traficante de todos los tiempos terminaría igual que un animal enjaulado en el zoológico, sintiéndose más deprimido que un adolescente luego de que su novia lo dejara por otro.

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