21 de junio de 2013 20:08 hs

Bastante tuvo que remar el imberbe Leonardo Di Caprio para mutar desde el blando carilindo de Titanic al actor de peso y carácter en que se ha convertido casi dos décadas después. Y uno de los grandes responsables de ese cambio, si no el más grande, se llama Martin Scorsese.

A partir de la colaboración entre ambos, la figura de Di Caprio se elevó a un podio de los actores más respetados de su generación.

Y el amor es correspondido. “Hay un viejo dicho del cine que realmente se aplica a Leo: la cámara lo ama. En otras palabras, su presencia ante la cámara nos magnetiza de forma instantánea, nos lleva al misterio, nos obliga a seguirlo”, escribió el propio Scorsese para la revista Esquire.

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Esta cita viene al caso porque Scorsese y Di Caprio acaban de terminar su quinta colaboración mutua en la pantalla grande. La película se llama The wolf of Wall Street. Se trata de un filme basado en las memorias de Jordan Belfort, un corredor de bolsa que a finales de lo 90 realizó maniobras ilegales y terminó en la cárcel.

Di Caprio encarna a este personaje que trepa al éxito, pero como un Ícaro bursátil llega demasiado cerca del sol. Sus alas se derriten e irremediablemente cae.

La particularidad de esta película es que se filmó en high definition y no en celuloide.

Todo esto sucede casi quince años después de que esta dupla tan yanqui se conformara del otro lado del Atlántico, en los estudios Cinecittà de Roma. Porque allí fue donde se filmó, en 1999, Pandillas de Nueva York, la primera colaboración entre el actor y el director.

Di Caprio tuvo que representar a un joven traumado por la muerte de su padre a manos del líder de la pandilla rival, quien para él tiene una obvia referencia paterna.

Luego el actor construye para Scorsese un sólido retrato del millonario Howard Hughes en El aviador, en 2004.

Dos años después, el actor interpretó a un policía que se mezcla con la mafia de Boston, en la excelente Los infiltrados.

Cuando menos tenían a Di Caprio en un thriller psicológico, Scorsese lo dirije en 2010 en La isla siniestra. De esta forma, el dúo de Scorsese y Di Caprio conforma una de las uniones artísiticas más fructíferas del cine estadounidense actual.

Por supuesto que hay otros ejemplos, no tan fluídos pero sí concretos, como la relación de George Clooney con los hermanos Coen o con Steven Soderbergh.

Costumbre muy europea
En el viejo continente abunda este tipo de relación (ver recuadro). Basta pensar en Federico Fellini y Marcelo Mastroiani, en Ingmar Bergman y Max Von Sydow, entre Rainer Fasbinder y Hanna Schygulla, entre Pedro Almodóvar y Carmen Maura, entre otros.

Quizás de las más recientes colaboraciones en cine europeo sea la del director inglés Steve McQuinn y el actor alemán Michael Fassbender, con Hunger (2008), Shame (2011) y Twelve years of slavery, a estrenarse en 2014.

En el Río de la Plata, sucedió con Armando Bo y su esposa y actriz Isabel Sarli.

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