15 de agosto de 2021 5:00 hs

Otra semana en la que la crisis climática ha estado en el centro de la atención. Un nuevo informe del Panel Intergubernamental del Cambio Climático ha dicho que todo está mucho peor de lo que pensábamos, que es una situación de alerta roja, que ya estamos en plena crisis y que más vale que hagamos todo lo posible lo antes posible para frenar la emisión de gases causantes del efecto invernadero y para recapturarlos a través de las plantas y el suelo. Como escenografía para lanzar el informe, incendios por doquier, a los de Rusia, EEUU y Canadá, Turquía y Grecia se sumaron esta semana los de Argelia y Bolivia y este fin de semana el sur de Europa recibe otra ola de calor que se espera marque récords en España.

En esta semana, estaba cantado que Greta Thunberg tomaría alguna acción militante, pero su mensaje no fue en las calles sino en la revista Vogue Escandinavia, apareciendo con una manta de lana Merino uruguayo, de Manos del Uruguay, diseñada por la uruguaya Patricia Hearst.

Ea foto de Vogue constituye probablemente la mejor oportunidad de la historia para el posicionamiento de la lana uruguaya y una oportunidad más amplia para que el público mundial recapacite sobre los criterios con que adquiere vestimenta. Es la hora de las fibras naturales producidas sobre campos naturales.

La batalla por frenar el cambio climático también debe llegar al sector vestimenta, donde las fibras naturales compiten con las derivadas del petróleo, más baratas pero no compostables, generadoras de microplásticos. La lana, en definitiva es carbono que estaba en el aire, lo captó una planta forrajera y la oveja lo convirtió en fibra. Por eso debe tener un futuro venturoso , es claramente parte del conjunto de soluciones para los problemas ambientales de este siglo.  

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La moda, que tradicionalmente significaba algo efímero y al borde de la frivolidad, adquiere un nuevo cariz, un nuevo sentido. La lógica de la moda de cambiar lo que hay un ropero cada seis meses porque “ya no se usa”. Es un acto coherente: si nos preocupa el calentamiento global como decimos, no compremos más ropa con sintéticos por ahorrar unos pesos, que Y siguiendo la cadena de razonamiento, el mundo debe usar prendas producidas por industrias sustentables como las uruguayas, que usan energía solar y capturan metano con carpas que son realmente asombrosas y usan en otros casos sofisticadas ingenierías de energías renovables.  

Y siguiendo hacia atrás en el proceso, qué mejor que las ovejas sean de campos naturales, donde generan la lana en convivencia con una multitud de especies vegetales y animales silvestres.

Y qué mejor que sea elaborado por una cooperativa de mujeres artesanas como Manos del Uruguay, que trabajan en sus hogares en lugar de hacinarse en fábricas como en otros países donde los incendios frecuentemente matan a trabajadoras y trabajadores que trabajan allí en condiciones sociales penosas.

Lo de Uruguay y particularmente lo de Manos del Uruguay es diferente y virtuoso en lo ecológico y en lo ambiental. Lo mismo vale para otras fibras vegetales.  Es una verdadera pena que no se logre desarrollar una industria textil del cáñamo o que no vuelva una industria del lino, que podríamos mezclar con lanas finas, todo orgánico y capturador de carbono.

Si los lectores de Vogue y la generación de Greta siguen el hilo de la trama llegarán a nuestras ovejas, habitantes de los pastizales, pastoreando en conjunto con otros animales domésticos y silvestres. Llegarán a las distintas certificaciones de lana orgánica, que sigue protocolos de bienestar animal  y responsabilidad social que la diferencian incluso de las lanas de Oceanía porque aquí no se practica el mullesing, un corte que se hace en aquellos países para prevenir problemas de insectos que no están presentes en Uruguay.

Que   Greta Thunberg acceda a salir en la tapa de Vogue con un producto de lana uruguaya es también un logro también del diseño de Uruguay, en particular de la diseñadora hija de productores rurales que viene divulgando el trabajo del sector lanero y de Manos del Uruguay. Es también una prueba de que vale la pena tener trazabilidad (que incluso en la lana incluye blockhain), que la producción orgánica tiene sentido, que las calificaciones por bienestar animal son cada vez más valoradas.

Y dando un paso más, en este país de pastoreo mixto de lanares y vacunos, la tapa de Vogue abre, a través de la lana una oportunidad de validar a toda nuestra ganadería, ambientalmente y socialmente responsable.

En efecto ella se ha convertido  en la voz de una generación, acaba de cumplir 18 años y su mensaje podría trascender  al sector lanero. Es la ganadería de un país en desarrollo, cuya área de bosques va en aumento y cuyo balance de carbono puede ser positivo en poco tiempo la que genera soluciones.

Hay un riesgo de que esta oportunidad no se valore en su total dimensión porque muchos productores  agropecuarios y ciudadanos “anti globalización” sienten aversión por la joven noruega.

Las críticas que recibe suelen ser por su aspecto, por su edad, por ser europea, pero en la sustancia,  lo que dice es lo que la ciencia dice: que tenemos que hacer cambios muy profundos en varios aspectos de nuestra vida si queremos aplanar la curva de la temperatura que está yendo muy peligrosamente hacia arriba. El mundo precisa carnes naturales que no talen y quemen un solo árbol, fibras naturales compostables.

Uruguay y muy pocos más pueden ofrecerlo. No lo decimos nosotros los uruguayos, lo dice y practica la propia Greta Thunberg, voz de una generación que tiene toda la razón en reclamar por su futuro. 

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