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Groenlandia lanza estrategia para luchar contra los abusos sexuales a menores

Con apenas 56.000 habitantes, el país tiene una de las tasas de suicidios más altas del mundo, de uno por cada 1.000 habitantes de media

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26 de junio de 2019 a las 15:05

En Groenlandia, un inmenso territorio autónomo danés que se enfrenta a la desocupación, las adicciones y los problemas de identidad de una comunidad inuit atropellada por la modernidad, casi una de cada tres personas fue víctima de abusos sexuales en su infancia, un drama persistente y rodeado de silencio.

La prevalencia de estos actos está vinculada principalmente a la ignorancia de los derechos de la infancia y al consumo de alcohol y de estupefacientes, explica Sara Olsvig, directora de Unicef en Groenlandia.

La inmensa isla del Ártico experimentó un rápido desarrollo durante las seis últimas décadas, pasando de una sociedad tradicional de pescadores y cazadores a una sociedad moderna basada en los servicios y el turismo.

Con apenas 56.000 habitantes, Groenlandia tiene una de las tasas de suicidios más altas del mundo, de uno por cada 1.000 habitantes de media. En Tasiilaq (sudeste), uno de cada cinco habitantes pone fin a su vida.

"Una gran cantidad de niños son víctimas de abusos sexuales y experimentan la violencia en sus hogares. Muchos de ellos tienen después una vida llena de problemas y ansiedades, lo que hace que muchos jóvenes se suiciden", explica Mme Ketwa, de la oenegé Save the Children Groenlandia.

La reciente emisión de un documental sobre esta cuestión en la televisión pública danesa causó conmoción y reactivó el compromiso de las autoridades". 

"Tenía unos seis años [...] Me desperté en plena noche porque alguien me tocaba. Tenía las manos atadas, mis rodillas atadas y él abusó de mi",  declaraba en el programa Anna-Sofie Jonathansen, residente de Tasiilaq, una ciudad aislada en la que casi la mitad de los adultos de menos de 60 años sufrieron agresiones sexuales durante su infancia y donde uno de cada 10 habitantes está desempleado.

"Los cambios deben venir del interior", advierte Aaja Chemnitz Larsen, representante de Groenlandia en el Parlamento danés. "Pero tenemos que cooperar con las personas cualificadas para tener más conocimientos, y que la inversión sea a largo plazo".

La diputada reclamó a Copenhague una ayuda excepcional para luchar contra este flagelo.

En Nuuk, el gobierno, que tiene soberanía en materia de política económica y social, estableció una estrategia para erradicar los abusos sexuales sufridos por los menores para 2022.

Para ello, prevé aumentar las campañas informativas, sobre todo las referidas a los derechos de la integridad corporal de los niños, y ocuparse de todos ellos.

Para lograrlo, hay que animar a los trabajadores sociales a instalarse en las zonas más remotas, donde los abusos sexuales son más frecuentes.

"No hay suficientes psicólogos ni trabajadores sociales para ayudar [...] a las familias y sus víctimas. Hay una mala evaluación en lo que se refiere a la ayuda a los predadores sexuales", lamenta en declaraciones a la AFP la presidenta de Save The Children, Jonna Ketwa.

No obstante, algunas encuestas recientes apuntan a una mejora.

"Se observa que el conocimiento de los derechos de la infancia aumenta", celebra Olsvig.

Según un estudio de salud pública de finales de abril, un 20% de los habitantes de Groenlandia nacidos después de 1995 sufrieron abusos sexuales durante su infancia, aproximadamente la mitad que en la generación anterior. Entre las personas nacidas entre 1975 y 1979, la proporción fue de 43%.

En 2018 se presentaron 436 denuncias por delitos de carácter sexual, 50 más que el año anterior, y un 20% de ellas correspondían a menores. Esto supone ocho denuncias por cada 1.000 habitantes, frente a 1,1 denuncias por cada 1.000 habitantes registradas en el resto de Dinamarca.

No obstante, 69% de las denuncias son archivadas por la falta de pruebas. Si la ley del silencio está cayendo no es más que "a cuentagotas", indicó el jefe de policía local, Bjørn Tegner Bay, en su informe anual.

"Para muchas [de las víctimas] es así, no hay más que hablar", constata una profesora interrogada en el documental, Rikke Blegvad.

Fuente: AFP

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