11 de abril de 2011 19:02 hs

Por Walter Oppenheimer, El País de Madrid

La revista literaria acaba de publicar They call me Naughty Lola -Me llaman Lola la Traviesa-, una selección de los anuncios aparecidos en los ocho años de existencia de esa sección, destinada a los corazones solitarios, que permite discernir algunos de los misterios del carácter inglés. O al menos del carácter de los lectores que buscan algún compañero de viaje para surcar las procelosas aguas de la vida.

Bien al contrario, prefieren regodearse con sus defectos. "Hombre calvo, bajo, gordo y feo, 53, busca mujer corta de vista con enorme apetito sexual", reza un anuncio. "Hombre tímido y feo, sumido en largos periodos de autocompasión, mediana edad, flatulento y con sobrepeso, busca lo imposible", dice otro. "El amor es extraño; espera a ver mis pies", anuncia una mujer de 34 años. "Mujer asmática y con varices, 93 años, busca hombre menor de 30 con pulmones para empujarla hasta la oficina de correos en lo alto de la colina", dice otra.

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El poder de don DineroLos contribuyentes se saltan la convención de que en estos anuncios hay que restar importancia al dinero y no ser muy preciso con la edad, sobre todo si se es mujer. "Tu edad es inmaterial, tu aspecto es irrelevante. Pero fuera bromas con tu saldo bancario", advierte una "mujer codiciosa, 28 años". "Todos se rieron de Cristóbal Colón. Astrónomo por cuenta propia (varón, 47) puede probar que el mundo tiene la forma de un gran huevo. Todo lo que necesita es el amor de una mujer y 40.000 libras. Se admiten cheques". "Todo lo que necesito es el aire que respiro y amarte. Y un turismo cinco puertas (con aire acondicionado). Y un mínimo de 55.000 libras al año", pide una mujer de 37 años.

La ironía, a menudo escabrosa, domina muchos de los anuncios. "Me pasaré el día de San Valentín poniendo enemas a cabras estreñidas. No soy veterinario, pero me gusta el voluntariado", afirma un hombre de 31 años. "Para unos soy un mundo de tentaciones. Para otros sólo soy otro farmacéutico que se traviste", confiesa un hombre de 41. "Muchos son los llamados y pocos los elegidos", se lamenta un hombre que trabaja en ventas por teléfono. "Una vez encontré mi pareja ideal en esta columna, pero resultó que era un anuncio que yo mismo envié hace dos años pero se olvidaron de publicar", confiesa un "hombre, 43 años, consecuente".

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