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7 de enero 2024 - 5:04hs

Que se vaya Bonomi. Que se vaya Heber. ¡Que se vaya Díaz! Cuántos “que se vayan” relacionados a la inseguridad, una variable ultra sensible para cualquier sociedad, que tiene la contra -como tantas otras variables- de que sus cifras se pueden manejar sin llegar a ser manipuladas para que perjudiquen al partido de turno, pero nunca para que beneficien a alguien. 

Luego de un fin de año y comienzo de 2024 con más asesinatos de los que nadie debería contar, la polémica volvió a encenderse, a raíz de declaraciones del actual ministro del Interior, Nicolás Martinelli. Refiriéndose al fenómeno de violencia que no cede, en este caso los homicidios, el ministro dijo que “la buena noticia es que están focalizados en determinados barrios”, según declaró a radio Sarandí.

Luego de una semana con nueve asesinatos en cuatro días, el ministro dijo que el problema de inseguridad está “focalizado” en este tipo de delito, que a su vez se concentra en ciertos barrios de Montevideo. Esto, de buena noticia, no tiene nada, incluso bajo la perspectiva que  intentaba explicar el ministro: si se conocen los lugares es posible también “aplicar políticas focalizadas”. No tiene nada de buena noticia en particular para quienes viven en esos barrios, pero tampoco para los que vivimos en el resto, porque el delito es un gota que cae lento pero que nunca para de horadar, y que siempre se extiende. Los homicidios no son hechos aislados, sobre todo en este contexto en el que en gran parte son generados por las disputas territoriales de bandas narcos. 

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Pensar que con “cuatro barrios intervenidos” (Villa Española, Marconi, Boix y Merino y la Cruz de Carrasco), con alta presencia policial y una vuelta a “la tranquilidad, por lo menos momentáneamente”-en palabras del ministro-, los homicidios se detendrán en número y ubicación geográfica, es un error que la experiencia se ha encargado de confirmar una y otra vez, acá y en otros países. Sobre todo cuando al menos la mitad de los homicidios se relacionan con el narcotráfico, que hoy está en ciertos barrios y mañana quién sabe.

Sus palabras fueron rápidamente criticadas por la oposición, como antes fueron criticados por expresiones similares otros jerarcas de otros colores políticos. Lo único bueno que deriva de polémicas como estas, o que podría derivar, es que por fin el sistema política uruguayo se decidiera a agarrar el toro de la inseguridad por los cuernos, trabajando sin fronteras ni intereses partidarios. La misma oposición lo ha dicho: robo más, robo menos, homicidio más homicidio menos (y qué duro resulta escribir algo así), los números siguen siendo alto y preocupantes.

La conclusión más lógica sería que quien sea que gane a fines de este año deberá enfrentarse al mismo problemón, por lo cual juega a favor de los intereses de cualquier partido que se avance en políticas de Estado, más que en políticas y estrategias de gobierno que pueden cambiar cada cinco años según el jerarca o el asesor de turno.

Y ahí se mezcla la cuota de realismo mágico con la que todavía a veces nos ilusionamos los ciudadanos. ¿Qué pasaría si por fin ahora, en un año electoral, todas las fuerzas se alinearan detrás de ciertas medidas para enfrentar ciertos delitos, en particular los derivados del creciente narcotráfico, y se mantuviera el rumbo quien sea que gane?

“Tenemos que trabajar con otros actores, tenemos que involucrar a la Intendencia de Montevideo, al Ministerio de Desarrollo Social y al Ministerio de Educación y Cultura, que tienen que ver con lo que sucede en esos barrios, para tratar de colaborar en materia de seguridad”, dijo Martinelli en la misma entrevista. Resulta una obviedad lo que afirma y, sin embargo, es una obviedad que no se ha logrado articular en este ni en otros gobiernos.

¿Qué pasaría si en vez de tantas promesas sobre la seguridad, la mayoría condenadas a no cumplirse apenas se pronuncian, los líderes partidarios se comprometieran a colaborar, a no meter piedras en el camino cada vez que sube una cifra o se produce un horrible crimen? ¿Y cómo reaccionaríamos los uruguayos?

En 2019 la inseguridad fue uno de los puntos con lo que más insistió la campaña del actual presidente para pelear una elección muy ajustada. No es sorprendente que así lo haya hecho, porque en las encuestas de opinión pública el tema siempre aparece en el top 3 de preocupaciones de los uruguayos. En febrero de 2019  siete de cada 10 uruguayos consideraron que el tema de la seguridad era lo más prioritario a solucionar, según una encuesta de Equipos. En contrapartida, su contrincante, Daniel Martínez, presentó 12 propuestas para “ir hacia adelante en seguridad”. En 2012 José Mujica anunció 16 medidas y en 2014 Tabaré Vázquez prometió reducir las rapiñas un 30%. 

El precandidato del FA Marito Bergara también criticó esta semana al ministro de turno, pero propuso. “Nadie tiene la varita mágica en estos temas”, dijo. “No puede ser botín electoral como lo fue en la elección anterior en donde las caricaturas de la inseguridad terminaban con el “renunciá Bonomi”. “No conozco ningún país que haya resuelto, mágicamente este tema. Pero lo que está claro, es que a los bandazos de política no se resuelve. Si vamos para un lado con un gobierno y después en la próxima administración se cambia radicalmente, vamos y venimos a los bandazos y eso no se resuelve un tema tan complicado”.

Falta saber quién apoyaría su propuesta, incluyendo a sus propios compañeros precandidatos. 
 

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