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Insólito es poco

Sobre el desempeño del árbitro Julio Bascuñan en el partido Nacional-Botafogo

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10 de julio de 2017 a las 10:00

En el fútbol sudamericano pasan cosas extrañas que autorizan a sospechar respecto a posibles tejes y manejes previos a los partidos. Se trata de eso, o bien, en lo relacionado a los árbitros, que estos en su mayoría son incapaces. La actuación de Julio Bascuñán, en el partido entre Nacional y Botafogo, fue tan decepcionante como sospechosa. Comenté antes del partido: "Este chileno es un sinvergüenza, de lo peor". No me equivoqué.

El penal, tan grande como la extensión de Chile, que no cobró, exime de cualquier duda que pudiera generar mi comentario. Fundamentaba el mismo basado en una deplorable actuación reciente del susodicho. Me refiero al partido de Uruguay-Perú, en Lima, cuando expulsó sin criterio alguno a Jonathan Urretaviscaya (decisión que sorprendió incluso a los peruanos), justo en el momento en que la selección uruguaya, con la entrada del delantero, buscaba equilibrar las acciones de un partido que podría haber ganado de haber estado más inspirado el entrenador celeste y menos falible el juez del partido.

Bascuñán tiene mala reputación, y si uno va a su entrada en Wikipedia (es.wikipedia.org/wiki/Julio_Bascuñán), encuentra la siguiente información, por cierto, la única que allí hay (viernes 7, 16.04 horas): "Julio Alberto Bascuñán González (11 de junio de 1978) es un ladrón chileno. Es árbitro internacional FIFA". La palabra "ladrón" alude a la imagen que una cantidad numerosa de hinchas repartidos por todo el continente tiene de él. Su carrera ha estado marcada por la continua polémica en torno a sus decisiones en la cancha, siendo famoso asimismo por ser el rey de las tarjetas, pues, como los cowboys que sacaban rápido sus pistolas, el chileno recurre veloz a las amarillas y a las rojas: de las primeras ha sacado casi mil; de las segundas, cerca de cien. Claro está, lo increíble no radica solo en las dudosas actuaciones de Bascuñán, sino en el hecho incluso más escandaloso de que lo sigan eligiendo para arbitrar partidos de alta trascendencia, como el disputado en el Parque Central la semana pasada. Solo faltaría ahora que lo elijan para algún otro partido de la selección uruguaya (en los dos de Uruguay que arbitró hasta ahora perdimos) para completar el gran colmo.

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