30 de junio de 2014 20:11 hs

Luego de la agresión de Luis Suárez al italiano Giorgio Chiellini en la victoria celeste por 1-0 ante la Azurra, se tejieron todo tipo de defensas y ensayos para evitar lo imposible y defender lo indefendible: exonerar a Suárez de una pena deportiva que luego fue, al menos, excesiva.

Una vez abierto el expediente disciplinario por FIFA, lo que en primera instancia descartó la posibilidad de presentar una defensa, elemento que luego fue revertido, la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF) elaboró una defensa que, a juzgar por las circunstancias y los resultados, estuvo lejos de ser la ideal para estos casos.

El delantero salteño fue juzgado por los artículos 48 y 57 del Código Disciplinario de FIFA (CDF) que sanciona a los jugadores implicados en gestos o palabras injuriosas, ofensa al honor y a los principios de deportividad o moral deportiva.

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El órgano rector del fútbol mundial decidió actuar de oficio, ya que el árbitro del partido, el mexicano Marco Rodríguez, no vio la incidencia así como tampoco ninguno de sus colaboradores.

“No he visto el incidente ya que el balón se encontraba en otro sector del terreno”, fueron las palabras del árbitro azteca al ser consultado por el tribunal que dictó sentencia al artillero salteño.

La defensa legal del uruguayo fue llevada a cabo por Alejandro Balbi, Jorge Barrera y el secretario letrado de la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF), Horacio Pintos, quien se encontraba en Brasil como espectador.

El expediente disciplinario abierto por FIFA fue enviado por correo electrónico a la AUF y recibido en la mano por uno de los neutrales del Consejo Ejecutivo a las 00.15 en la habitación de su hotel.

Las reglas eran muy claras. El plazo para presentar los descargos vencía a la hora 17 en Río de Janeiro, un viaje que suponía tres horas y medias de avión.

En su descargo, Suárez argumentó: “Luego del impacto, que me hace juntar las rodillas, pierdo el equilibrio, desestabilizando mi físico y cayendo por encima del oponente. En ese momento impacto mi cara contra el jugador dejándome al pómulo con un pequeño hematoma y un fuerte dolor en las piezas dentales, que determinó que el árbitro detuviera el partido”, un discurso que, palabras más palabras menos, fue el mismo que pronunció en la zona mixta luego del partido.

La falta de signos de arrepentimiento por parte del jugador molestó aún más la delicada moral de FIFA quien esperó una meditada respuesta del futbolista a los efectos de poder reconsiderar la pena. Recomendación legal y deportiva mediante, el jugador hizo público un breve comunicado en el cual expresó su arrepentimiento en el día de ayer (ver página 4).

En el hotel anfitrión, los contactos entre Blatter, Grondona y Figueredo fueron frecuentes y la defensa uruguaya fue con una misión clara: intentar dilatar el fallo el mayor tiempo posible para que Luis Suárez pudiera jugar frente a Colombia. Los neutrales redactaron los alegatos de la defensa en el hotel durante la madrugada y fue repasado durante el viaje hacia Rio.

Ante la falta de evidencia en el material proporcionado por FIFA, la defensa jurídica de la AUF utilizó fotos relacionadas al incidente, un certificado médico con la firma del jefe de la sanidad celeste, Alberto Pan, y un análisis forense sobre las marcas del jugador italiano que, presuntamente, datarían de temporadas anteriores.

Por reglamento, FIFA solo autoriza las imágenes inalteradas de la transmisión oficial, por el cual todo contenido audiovisual de otros medios de prensa acreditados no tenía validez alguna. Los profesionales encargados de la defensa legal de Suárez construyeron su alegato en base a las imágenes oficiales de FIFA y otros materiales apócrifos al reglamento oficial extraídos de Internet.

La defensa alegó que "la acción que pretende imputársele a Luis Suárez es clara que no ha sido deliberada, si no producto del contacto físico previo que hemos reseñado, y tampoco ha sido por negligencia en cuanto se trata de una acción dinámica del juego rápido en el que no se le puede pedir mayor diligencia en cuanto ambos jugadores disputaban una posición con sus físicos”.

Los abogados uruguayos sostuvieron que la única sanción que debería ser aplicada a Suárez era la del artículo 10, que implica penas menores como la "advertencia, multa y devolución de premios", argumento que fue rechazado de plano por el CDF por insolvencia en las pruebas presentadas.

Los medios gráficos de San Pablo responsabilizaron a la defensa legal de un mal accionar como principal causante a la sanción de Suárez, aunque vale la pena la interrogante. ¿Es posible pensar que una estrategia errónea de la defensa desemboque en una sanción tan severa? ¿Es posible plantear esa tesis?

El mecanismo con el cual FIFA encaró esta comparecencia fue casi insólito, invirtiendo la carga jurídica a favor del tribunal. Es decir, Suárez era culpable hasta que se demostrara lo contrario, condición que nunca llegó a confirmarse en las imágenes oficiales de FIFA.

Si bien los neutrales hicieron un pacto de silencio con los abogados catalanes que defienden a Suárez, El Observador confirmó que se trató de un fallo más de carácter político que técnico.

Para tomar la decisión final, la CDF analizó los "elementos mitigantes o agravantes dentro de la cuestión" y se tomó en cuenta que Suárez agredió " al jugador con la intención de lesionarlo o desestabilizarlo", conducta que ya fue repetida en varias ocasiones, cuando, en realidad, cada competencia de FIFA es independiente en su jurisdicción y por lo tanto los antecedentes no migran, como confirmo Hernán Navascués en diálogo con El Observador.

Al salteño le tiraron encima la biblioteca equivocada.

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