El primer paro general del PIT-CNT contra el gobierno del presidente Tabaré Vázquez lo puso a contrapelo de la realidad. Es inobjetable que la central sindical demande mejoras de los salarios más bajos en varias áreas de actividad, en vísperas del Presupuesto quinquenal y de los Consejos de Salarios. Pero no lo es que la emprenda ciegamente contra el Estado y los empresarios privados, soslayando la contracción de las exportaciones y del consumo interno por efecto de un crecimiento de la economía que apunta a estar por debajo del 2% del Producto Interno Bruto (PIB) en el mediano plazo. El PIT-CNT fundamentó sus exigencias en que el país no está en crisis, lo cual es cierto. Pero la crisis sería inevitable si el gobierno, en vez del presupuesto austero que ha prometido para asegurar la estabilidad, accediera a los reclamos sindicales de mayor gasto, incluyendo la imposible implementación inmediata del aumento del presupuesto educativo al 6% del PIB, en vez del incremento gradual sujeto a resultados y a lo largo de todo el período, como está programado.
Irrealidad ante el bajón económico
El primer paro general del PIT-CNT contra el gobierno del presidente Tabaré Vázquez lo puso a contrapelo de la realidad