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José Artigas en “seguras prisiones”, a 180 años

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22 de septiembre de 2020 a las 05:03

Por Jorge Fabeiro

Se denomina como “exilio” (aunque correspondería el término “confinamiento”), al período durante el cual José Artigas permaneció en Paraguay. El 5 de setiembre de 1820, al cruzar el Río Paraná desde Misiones, Artigas tenía la intención de lograr apoyo del gobernante paraguayo para poder continuar la lucha, no sólo contra los invasores portugueses, sino también contra el traidor entrerriano Ramírez. Pero durante los tres meses de reclusión en el Convento de la Merced en Asunción, el dictador José Gaspar Rodríguez de Francia no accedió a recibir a Artigas, y en diciembre dispuso su confinamiento en San Isidro Labrador de Curuguaty, a 400 kilómetros al norte de Asunción. 

Se le asignó a Artigas una modesta vivienda al lado de la Comandancia, pudiendo desplazarse en unos mil metros a la redonda, a la vez que se le permitió cultivar una pequeña fracción de tierra dentro de esa distancia. Artigas no se “exilió” allí, sino que estuvo confinado en medio de la selva paraguaya, en ese pequeño poblado con guardia militar.

Pasaron veinte años, y el 20 de setiembre de 1840 murió Rodríguez de Francia sin dejar herederos políticos, convocándose una reunión de inmediato para formar una junta de gobierno. Ese mismo día la junta dictó una orden insólita: se envió un comunicado urgente a Curuguaty ordenando a su comandante Juan Manuel Gauto que “ponga la persona del bandido José Artigas en seguras prisiones”. Sin razón alguna, pues durante esos 20 años Artigas nunca intentó fugarse, aparte de que ello resultaría imposible (o al menos muy difícil) si hubiera querido hacerlo. En sólo dos días llegó la misiva a Curuguaty, cuyo comandante debió proceder (seguramente contra su voluntad), a su cumplimiento acompañado de testigos. 

Artigas no estaba en su vivienda, y entonces fueron a buscarlo en su pequeña chacra. Allí lo encontraron arando, sin camisa por causa del calor, a sus 76 años. Se le comunicó la resolución y Artigas pidió permiso para vestir su camisa, y de allí fue conducido a la prisión, a un calabozo donde se le colocó “una barra de grillos” (cadenas), pues la expresión “seguras prisiones” significaba asegurar al prisionero con un cepo o con cadenas. Sin duda, fue una medida tan absurda como injusta, y más aún, teniendo en cuenta la edad de Artigas. Estuvo preso durante meses, hasta que al año siguiente el nuevo gobierno paraguayo ordenó su liberación, habiendo quedado en la más absoluta pobreza, pues perdió sus cultivos por esa causa.  

Corresponde recordar este hecho tan amargo, a 180 años de ese día, 22 de setiembre de 1840, a la vez que siempre recordamos al Prócer, y su lucha por la libertad, independencia y bienestar de este Suelo. El fallecimiento del General José Artigas aconteció en Ibiray, en las afueras de Asunción, diez años y un día después, el 23 de setiembre de 1850.

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