7 de julio 2019 - 5:00hs

La primera noticia sobre las intenciones políticas de Juan Sartori llegó en octubre de 2018 cuando el semanario Búsqueda informó que sería precandidato a la presidencia por el Partido Nacional. En noviembre, Sartori recaló en Uruguay, un país en el que apenas había vivido por breves lapsos en los últimos años. En el aeropuerto dijo que “ni confirmaba ni descartaba” que sería candidato. En la televisión comenzaron a emitirse avisos en los que se preguntaba: “¿Vos sabés quién es Juan Sartori?”. 

Le hacía falta una agrupación nacional registrada en el Partido Nacional que le permitiera ser su candidato, y no la tenía. Pero apareció para ello el grupo “Todo por el pueblo”, de Alem García, exdiputado del Movimiento de Rocha, asociado al ala más a la izquierda del partido, que había votado en su momento contra la ley de caducidad y que en 2010 había intentado ser intendente de Rocha con un aviso televisivo en el que se mostraba con orgullo junto a Lula.

El 10 diciembre el expresidente José Mujica relató que Sartori lo había consultado antes de candidatearse. “En el norte de Italia, me cayó un día y me fue a ver como politólogo, me preguntó qué me parecía que le habían ofrecido participar en una agrupación del Partido Nacional. Y yo le dije ‘está bien, si a usted le gusta, me parece bárbaro’”.

Sartori ya tenía nexos con Mujica ya que era dueño de una de las dos empresas que había ganado la licitación para sembrar, cultivar y empaquetar la marihuana que se vende en las farmacias, según la ley impulsada por aquel gobierno.

Más noticias

Diego Battiste

Le preguntaron a Sartori en marzo: -¿Por qué le fue a decir antes a Mujica que quería hacer política? -Lo hice con cada persona que se me cruzó en los tres meses anteriores a decidirme -respondió- Se lo pregunté a todo el mundo.

Pero hasta hoy no se conoce el nombre de ningún otro líder político al que Sartori haya consultado antes de lanzarse a la política. En el Partido Nacional nadie supo de su intención de candidatearse hasta que se publicó la noticia.
Un día después de las declaraciones de Mujica, Sartori confirmó que sería candidato.

La Corte Electoral dictaminó el 7 de febrero que Sartori estaba violando la ley electoral que prohíbe la publicidad hasta un mes antes de las votación y lo obligó a retirar avisos que se estaban emitiendo en TV.  Sartori, sin embargo, continuaría haciendo uso y abuso de la propaganda televisiva, usando como subterfugio la promoción de actos y eventos varios.

El 14 de febrero estuvo en Buenos Aires. Clarín le hizo una nota y Marcelo Tinelli la tuiteó con el comentario: “Un gran tipo Juan!”

Para esa altura era quizás el político más entrevistado del país a pesar de que sus juicios políticos no pasaban de enunciados generales. 

Camilo dos Santos

Comenzó a recorrer el país en una gira llamada “Juan escucha”. Básicamente hacía eso: reunir gente, escucharla y sonreír.  El 18 de febrero en una entrevista en el diario Cambio de Salto, exhibió la que sería una constante de su discurso: al azuzar el desprecio de la gente hacia los políticos, incluyendo los de su propio partido. 

“Cada vez que conozco más la política desde adentro me convenzo que hay que hacerlo con gente no contaminada, porque al final termina siendo un sistema de acomodos y no un sistema de mejorar y cambiar las cosas”, dijo. Propuso prohibir la reelección de legisladores.
En febrero estuvo en el carnaval de Artigas, marcando otra tónica de su campaña: la de hacerse ver, mostrarse joven, simpático, sacarse selfies. En los próximos meses estaría en la fiesta de San Cono, el clásico, las finales Aguada-Malvín, un partido Cerro-Wanderers y un larguísimo etcétera.

También salió a recorrer el interior en busca de caudillos locales y recibió las primeras acusaciones de estar comprando dirigentes. Comenzó a nuclear en su “movimiento” a caudillos de segundo orden, de diversos sectores y partidos. El 7 de marzo el diario El Pueblo de Salto publicó una entrevista a la dirigente local María Machado, quien abandonó a Novick para sumarse a Sartori.

¿Por qué se cambió?, le preguntaron.  “No es que hicimos un cambio radical”, respondió ella. “La forma de pensar es la misma, las ideas son las mismas, nuestros proyectos son los mismos, aquí lo único que cambiamos es el color, nada más. Para llegar a ser gobierno necesitas un respaldo, cuando hablo de respaldo, me refiero en todo sentido: humano y económico”. 

Quedó claro, señora.

Para ese entonces, la prensa lo presentaba como el tercero en la interna blanca, “cerca” de Jorge Larrañaga. Él repetía su mantra. En radio Sarandí dijo: “A la gente le preocupa la inseguridad, le falta trabajo y está cansada de los políticos de siempre”.

El 19 de marzo lanzó su campaña en un Palacio Peñarol lleno. El diario El Observador entrevistó a varios de los presentes que dijeron haber venido de lugares lejanos para conocer o visitar Montevideo, ya que el traslado era gratis y se ofrecía comida y bebida. Sartori respondió que todos los políticos hacían lo mismo.

Camilo dos Santos

“Vamos a crear 100.000 puestos de trabajo”, dijo en el Palacio. A la promesa le agregó la infaltable cuota de antipolítica: “Los mismos de siempre, los que gobiernan a la deriva, los que nunca generaron un empleo en su vida, van a ser los primeros en decir que no se puede”.

Al día siguiente, se presentó en el programa En la Mira, en VTV. El periodista Gabriel Pereyra le preguntó, ya que iba a crear 100.000 puestos de trabajo, si sabía cuál era el índice de desempleo. “No importa”, se defendió, sonriente, haciéndose el canchero. “Yo soy un político que no hacía política hace tres meses”, agregó. “¿Qué pensás de aumentar las penas?”, le preguntó Pereyra. “No sé”, respondió y llevó la conversación para otro lado. “¿Y salario mínimo cuánto es?”. Sartori se rió y dijo que así era imposible charlar.  “Yo no creo en los equipos técnicos”, afirmó.

El 21 de marzo dijo al portal Ecos que apenas un año atrás la política no le interesaba nada y que jamás había votado en Uruguay. En esa entrevista, afirmó estar a favor de las leyes conocidas como agenda de derechos: matrimonio gay, marihuana y ley trans. Pocos días después sumaría a sus filias a la senadora Verónica Alonso, la más furibunda opositora a tales leyes.

También en marzo lo entrevistó Petinatti, quien le citó una frase del himno nacional y le preguntó cuál era la siguiente. No supo responder en forma correcta.

Abril fue el mes de las ferias. Televisión Nacional lo entrevistó, con termo y mate, en Tristán Narvaja: “Dicen que hago pocas propuestas, pero las pocas que hago, me las critican todos también”.

El diputado del Partido Independiente Iván Posada se lo encontró en otra feria denostando al Parlamento. “Los vamos a sacar a todos”, prometía a los feriantes, según relató el legislador a El Observador. Se pelearon en público.

Camilo dos Santos

El 16 de abril se reunió con Salle y firmó contra la bancarización obligatoria. Diez días después, en radio Universal, le preguntaron quiénes integraban su equipo económico y el de seguridad. No respondió. 

En mayo, miles de uruguayos comenzaron a recibir por WhatsApp y desde un teléfono de India, caricaturas denigrantes contra Lacalle Pou y, en menor medida, Jorge Larrañaga.

Búsqueda informó que, aunque así se presentó muchas veces, Juan Sartori no es graduado en Harvard.

Sartori dijo que había una guerra sucia en su contra. “Cuánto más crezca en las encuestas, más operativos, más emboscadas, más guerra sucia. Al final del día, creo que es la única manera que tienen de responder”.

El 24 de mayo prometió que en si era electo presidente, donaría su sueldo. Ese día en Montevideo portal se publicó una nota titulada: “Juan Sartori llegó, se hizo conocer y ahora define la interna del Partido Nacional”.

En realidad, nunca hubo una sola encuesta que lo ubicara con alguna posibilidad concreta de ganar. Sin embargo, varios medios comenzaron a referirse a Sartori como a un posible triunfador.

“¿Se enojan por lo de las caricaturas? Yo prefería que me hicieran eso a mí antes que todo lo que hablan, que se meten con mi familia, que dicen mentiras, que Santo y Seña me dedica un programa entero”.  Sartori. Declaraciones a búsqueda el 27 de junio.

El 1 de junio dijo en Tacuarembó: “¿No estamos cansados los blancos de perder elecciones? Yo no vengo de la política, no estamos contaminados de favores, de haber hecho tantos años ahí adentro”.

En los días siguientes miles de uruguayos recibieron llamadas de supuestos encuestadores que les preguntaban si estarían dispuestos a votar a un drogadicto como Lacalle o un perdedor como Larrañaga. 

El 13 de junio Sartori admitió haber contratado al venezolano Juan José Rendon -un oscuro personaje del marketing político especializado en campañas sucias y denigrantes. Dijo que lo había hecho para “defenderse” de supuestos ataques por noticias falsas, que no aclaró cuáles serían.

Un día después, Sartori comenzó a repartirle a los jubilados una tarjeta plástica, como las de crédito, con la cual podrían retirar medicamentos gratis de las farmacias. En letra chica decía que funcionaría una vez que fuera electo presidente. Se divulgaron fotos de ancianos pobres sonrientes con la tarjeta.

Camilo dos Santos

El 15 de junio, en un homenaje a Wilson, Sartori no supo cantar la marcha de Tres Árboles, himno de su partido. Al otro día se difundieron por internet audios adulterados de la voz de Lacalle Pou, que pretendían sugerir alguna connivencia con el Frente Amplio.

En Salto, el 17 de junio le preguntaron cómo financiaría el costo de repartir medicinas gratis. Sartori respondió: “Cuesta más o menos lo mismo que cuesta el Parlamento, para que vivan nuestros legisladores en la opulencia, el lujo y sin trabajar mucho”.

Dos días después se apropió del eslogan de Larrañaga “Vivir sin miedo”. Por la televisión comenzó a emitirse un aviso con el eslogan: “Si querés vivir sin miedo, votá a Juan Sartori”.

El 27 junio, en Búsqueda, Sartori admitió tácitamente haber enviado las caricaturas denigrantes de sus rivales. “¿Se enojan por lo de las caricaturas?”, dijo. “Yo prefería que me hicieran eso a mí antes que todo lo que hablan, que se meten con mi familia, que dicen mentiras, que Santo y Seña me dedica un programa entero”.

En el último aliento de la campaña: miles de uruguayos comenzaron a recibir llamadas a las tres de la madrugada, de esas que te paran el corazón por temor a una mala noticia. Cuando atendían, escuchaban un jingle de Lacalle.

“Ya ganó” y “va por todo”

Esa fue la campaña: más allá de las promesas de crear 100.000 empleos y repartir remedios gratis, no hubo muchas otras propuestas. Hubo sí millones de selfies, partiditos de futbol en todo el país, corridas por las avenidas de las ciudades del interior para saludar a las desprevenidas empleadas de las tiendas, siempre perseguido por su equipo de camarógrafos y fotógrafos que todo lo registraban. En Colonia, entró por una ventana del Palacio Municipal para saludar a las funcionarias. Joven, ágil, sonriente.

No perdió oportunidad de denostar a los políticos y al Parlamento; pero no tuvo reparos en sumar a la senadora Alonso, la única dirigente de peso que se unió a su causa. Dijo encabezar un movimiento en favor de una “nueva política” más sana y limpia; pero contrató a un ser de pobre reputación especializado en el tipo más despreciable de campaña. Gozó del favor de los medios que lo invitaron a lucir su simpatía en cámaras y micrófonos una y otra vez; pero cada vez que algún periodista le preguntó en serio, mostró poco y más de una vez pasó vergüenza.

Salvo en el lanzamiento en el Palacio Peñarol, con viaje y comida gratis, jamás reunió multitudes. Las propias imágenes divulgadas por su equipo lo mostraban por lo general en reuniones pequeñas o desfilando en avenidas semi vacías. Aun así, algunos se empecinaron en presentarlo como un arrollador éxito político.

El 24 de abril, Alberto Grille escribió en Caras y Caretas un artículo titulado “La indetenible ascensión de Juan Sartori”. “Juan Sartori va en camino de ganar la interna del segundo partido en intención de voto en Uruguay”, sentenció. “Ya es una de las primeras figuras de la política nacional y va por todo. De eso, nadie debe tener dudas”.

El 16 de junio, el periódico Salto al día escribió: “Pese a la críticas que Juan Sartori recibe de su propio partido político, el avance y conquista que viene acarreando a lo largo y ancho del país, lo podrían convertir en el próximo presidente de Uruguay”.

Sartori mismo alentó ese exitismo. Primero dijo que era una competencia cabeza a cabeza con Lacalle, luego que le ganaría y finalmente que su objetivo era vencerlo por más de diez puntos.

Periodistas y politólogos aseguraron que Sartori “ya había ganado” porque de ser un don nadie, en el peor de los casos -y aunque perdiera- se habría transformado en un actor de primera línea en el Partido Nacional.

“Cuánto más crezca en las encuestas, más operativos, más emboscadas, más guerra sucia. Al final del día, creo que es la única manera que tienen de responder”. Acto en la ciudad de Minas, Lavalleja, el 17 de mayo

Sin embargo, cuando las urnas se abrieron la derrota fue humillante: 54% de los votos para Lacalle Pou y apenas 21% para el candidato “indetenible”. A la hora de la verdad, Sartori estuvo muy lejos de conseguir siquiera la mitad de los votos del rival al que tanto había vapuleado.

Esa noche, Sartori salió frente a las cámaras de televisión y celebró los 92.000 sufragios obtenidos. Había triunfado -dijo- porque era la segunda fuerza del Partido Nacional. 

Pero no es tan sencillo. El éxito o fracaso de una campaña no se mide solo por la cantidad de votos, sino por el cumplimiento o no de los objetivos buscados.

El Partido Digital -por ejemplo- obtuvo menos de 600 votos, pero triunfó porque logró su objetivo de alcanzar los 500 sufragios que permiten participar de la elección nacional para seguir haciéndose conocer. 

Sartori, en cambio y a pesar de los recursos millonarios que invirtió, fracasó en toda la línea. 

Su objetivo era ser candidato a presidente o lograr una influencia decisiva. No logró ni una cosa ni la otra.  Presidente ya no será esta vez. Y los votos obtenidos no le permitieron obtener la influencia buscada. Lacalle se lo demostró esa misma noche: lo arrojó a un lugar invisible de la tarima de un Partido Nacional unido y allí mismo le estampó en la cara el nombre de una candidata a la vicepresidencia elegida sin consultarlo y sin siquiera avisarle.

El valor de los votos que Sartori obtuvo -además- queda en cuestión porque fueron conseguidos contra el partido, no a su favor. ¿Seguirán en el Partido Nacional quienes apoyaron una campaña que denigró a sus líderes y legisladores?
Sartori hizo campaña él solo contra todos los demás. Y los demás lo vapulearon. Perdió 54 a 21 contra Lacalle, pero 79 a 21 contra la política a la que quiso humillar y lo humilló a él. 

Sartori no ganó, además, porque si bien es cierto que se hizo conocer, lo hizo de un modo infamante. Como dice Christopher Plummer, interpretando al periodista Mike Wallace, en la película El Informante: “La fama dura 15 minutos; la infamia dura bastante más".

Temas:

Juan Sartori Partido Nacional Decisión 2019

Seguí leyendo

Te Puede Interesar

Más noticias de Argentina

Más noticias de España

Más noticias de Estados Unidos