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Kusturica en viaje de negocios

Por estos días, la plataforma Netfilx ofrece dos audiovisuales con protagonistas a ambos lados del Río de la Plata: El Pepe, una vida suprema, y la serie Nisman, el fiscal, la presidenta y el espía. Las diferencias son notorias 

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12 de enero de 2020 a las 05:00

Emir Kusturica (“Kusturisa” sería la pronunciación para quienes ostentan conocer el serbio), con boca babeante y sonrisa a media asta, da una larga pitada contemplativa y degusta un sabroso puro Cohiba, mientras escucha extasiado al expresidente José Mujica, que en silencio le devuelve la sonrisa con ojillos pícaros, mira al porongo que acaba de servir y escupe un par de veces las primeras chupadas del mate.

Desde el comienzo, parece que el humo y la saliva son una parte importante del documeintal El Pepe, una vida suprema, dirigido por el director nacido hace 65 años en la históricamente tan conflictiva ciudad de Sarajevo. También podría haber sonado The sounds of silence, de Simon & Garfunkel, pero decidieron que no.

Es por lo menos particular que un director de larga trayectoria y forjado por películas (como Tiempo de gitanos, Papá se fue en viaje de negocios y Underground, por nombrar algunas), que fueron muy duras y críticas con el socialismo real aplicado en su país durante tantas décadas, y que tantas terribles secuelas políticas y sociales dejó a muchas generaciones como la suya, y particularmente a su ciudad natal, se haya dejado seducir de forma tan inocente por un discurso y por un personaje al que trata de manera monocromática. 

En contraste con la película de Kusturica, el documental sobre el caso Nisman no toma una postura explícita, y no es (como quizás algunos podían suponer) una película “pro Nisman” o “anti K”

Llama la atención la candidez con que Kusturica abordó a un político mañoso y vueltero como el exmandatario, y que creo justamente en esos dobleces es donde gana en complejidad. Pero el serbio nacido en Bosnia eligió un camino simplón, en que Mujica queda retratado de forma angelical, sin matices, sin clarosocuros, por lo tanto sin pasión. El guión es desprolijo, la fotografía también, los momentos de emoción quedan arruinados por el falsete de una sinceridad actuada. Kusturica, a diferencia de Mujica, le erró a la escupidera.

Una postura radicalmente opuesta fue la que tomó el director inglés Justin Webster y su equipo de producción para encarar la serie Nisman, el fiscal, la presidenta y el espía. Desde el primer plano de la serie, desde un drone altísimo que muestra la extensión gigante de una Buenos Aires casi irreal y onírica (que asemeja a Los Ángeles en Blade Runner), la historia se despliega con un ritmo narrativo intenso, un trabajo de archivo extraordinario (a diferencia de Kusturica, que casi no usó archivo y pegó algunos planos de Estado de sitio, de Costa Gavras), los testimonios de los personajes relevantes, cada uno construyendo su propia visión y universo narrativo. 

La progresión de los episodios y una estructura cronológica hilvanada que avanza y retrocede con timing perfecto hacen de la serie un documento fundamental en la comprensión de los diferentes aristas de los casos que tensas la trama: el atentado a la AMIA de 1993 y la muerte de Alberto Nisman, en 2015.

Llama la atención la candidez con que Kusturica abordó a un político mañoso y vueltero como el exmandatario, y que creo justamente en esos dobleces es donde gana en complejidad

En contraste con la película de Kusturica, el documental sobre el caso Nisman no toma una postura explícita, y no es (como quizás algunos podían suponer) una película “pro Nisman” o “anti K”. Cada uno de los perfiles que se trazan en las secuencias componen personajes complejos, con varias facetas, que generan simpatías, rechazos y sobre todo arrojan entendimiento en situaciones extremas que se cobraron muchas vidas. No hay buenos, hay muchos malos. Pero la maldad está retratada en acciones y palabras, no en vacías frases bonitas. En el caso de El Pepe, donde también hay anécdotas de muerte y sufrimiento, la tensión dramática omite detalles fundamentales o directamente pasa por arriba de esos nudos intrincados.

Las diferencias son notorias. Más que notorias, abismales: en calidad, en realización, en discurso. La cercanía en los estrenos solo acentúa los rasgos de cada una, y le plantea al espectador algunas hipótesis sobre la calidad de lo elige ver en las nuevas salas de cine: los dormitorios.  
 

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