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La agonía definitiva del papel

El desdén de los diarios impresos por parte de las generaciones que han nacido y crecido en el mundo digital puede considerarse hoy en día casi absoluto

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12 de agosto de 2019 a las 13:53

En junio pasado llevé a un grupo de estudiantes universitarios a Chile, promedio de edad, 20 años. Una de las cosas que más me sorprendió de su comportamiento grupal fue el hecho de que todos, sin excepciones, eran reacios a utilizar y frecuentar material impreso, salvo aquellos libros que estaban obligados a leer para las clases.

Cada mañana tenían un ejemplar gratis de la versión impresa del diario de la fecha, pero ninguno lo abría. Ni siquiera lo tocaban o se interesaban en ver qué tenía la portada de la jornada. Una mañana, sin poder controlar la curiosidad, le pregunté a uno de los estudiantes por qué no les interesaba leer los diarios que en papel y en forma gratuita tenían a disposición. “¿Para qué, si los puedo leer en mi teléfono? Además, es más cómodo”. La respuesta me sorprendió, sobre todo por el aspecto referido a la comodidad, pues no lo había tenido en cuenta. Hacerle leer un diario en papel a un muchacho que llegó recién a los veinte años de edad, es como intentar que alguien que creció escuchando Spotify comience a grabar música en casetes.

Y lo mismo pasaba con revistas distribuidas gratuitamente y accesibles en diferentes lugares que visitábamos. Todos los muchachos, que han crecido con la experiencia digital como formadora y ‘guía tecnológica’ de sus vidas ‘híper modernas’, desdeñan cualquier opción de lectura que esté impresa en papel, siendo los diarios las primeras y más evidentes víctimas de su casi blindado desinterés por cualquier material de lectura impresa, ya que dan por descontado que con diferente formato, uno que, además, provee mayor comodidad de lectura, lo van a encontrar en internet.

La situación me trajo el recuerdo de La sombra del poder (State of Play). En esa película Russell Crowe es periodista del ficticio diario Washington Globe y está a cargo de los reportajes de investigación, las cuales son la palabra definitiva sobre los asuntos tratados. En ese mismo diario trabaja Rachel McAdams, quien tiene a su cargo un blog con muchos lectores, pues trata las noticias desde la inmediatez y basadas más en sus opiniones personales que en investigaciones de fondo.

Aunque en una primera lectura pueda suponerse que el filme presenta el canto del cisne del diario en papel, en verdad, tal como queda claro en la penúltima escena, está diciendo lo contrario. La película nos dice, casi de la misma forma que tiempo atrás Jeff Bezos les dijo a los periodistas al adquirir en US$ 250 millones al venerable The Washington Post, que el diario en papel podrá estar atravesando una crisis, pero su vigencia como heraldo de información, opinión y principalmente fuente confiable de “verdades” permanece intacto. Las noticias importantes deben estar impresas.

Cabe recordar que Bezos, es fundador de Amazon.com, habiendo revolucionado la forma de comprar y vender libros, pues el costo de estos disminuyó y es más fácil acceder a material impreso difícil de conseguir por otra vía. Por lo tanto, el venerable diario vino a quedar en manos de alguien que hizo la parte principal de su billonaria fortuna vendiendo palabras impresas.

En sus palabras (de ese momento) los diarios llamados a sobrevivir serían aquellos dispuestos a mantener la calidad, el poder de investigaciones detalladas y realizadas a lo largo de varias semanas, la buena escritura. Los diarios con ese estilo seguirán imprimiéndose en papel y, por lo tanto, no competirán con los sitios informativos en internet, los cuales en la gran mayoría de los casos ofrecen un producto clase B, o de esa forma son percibidos.

Uno de los aspectos mejor tratados en el mencionado filme es la relación profesional entre Crowe y McAdams. El primero representa la vieja guardia del estilo periodístico, en tanto que la segunda simboliza ese tipo de periodismo escrito que trabaja con lo inmediato y efímero, prensa sin papel, como es el portal informativo de un diario.

Hay una lúcida celebración de esto en la magnífica escena cuando Crowe termina de escribir su extensa investigación y se prepara a enviarla para ser impresa en la edición de la mañana siguiente. La gran primicia no la da su compañera en la página-blog en Internet durante la noche, sino que es reservada para la hoja de papel impresa, espacio principal de permanencia y credibilidad.

La sombra del poder fue estrenada en 2009, y The Washington Post pasó a manos de Bezos en 2013. Es decir, han pasado varios años desde entonces, años que hoy en día, con el sistemático aceleramiento que sufre la historia, parecen décadas. Quizá para las nuevas generaciones de lectores la permanencia de las noticias es lo que menos les interesa, y la credibilidad no está asociada a una información impresa en papel.

 

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