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15 de septiembre de 2011 21:09 hs

Mire, usted al hincha podrá decirle cualquier cosa de su equipo. Pero hay un solo símbolo que jamás tolerará que se manche: la camiseta.

La camiseta es sagrada. Y no se toca. Por eso no llama la atención que muchas veces se generen ámbitos de debate cuando se cambia el diseño de una blusa.

Claro que existen otros casos, por ejemplo el homenaje de Nacional que apareció en Chile con una camiseta celeste.

Esta historia de las blusas deportivas está plagada de anécdotas y cuentos sorprendentes.
Pero acaso el más polémico fue cuando Camerún apareció con una camiseta sin mangas en la Copa de Africa 2000 y se armó terrible revuelo. Claro, a nivel comercial fue un éxito porque colocó 40 mil blusas pero la FIFA replicó diciendo que no se ajustaba al reglamento. Entonces la llevaron al Mundial agregándole mangas negras. Pero los cameruneses no se quedaron en eso. Dos años después contaron con un modelo que unía camiseta y short en una sola prenda. Y otro lío: FIFA les sacó seis puntos en las eliminatorias.

Otro tema son los colores. Hay blusas que no se identifican con los colores de la bandera. La de Japón es blanca y roja. Pero el equipo juega de azul. Motivo: la bandera de Japón simboliza el sol naciente, por lo que colocaron el azul para representar la puesta del sol sobre el agua remarcando su color.

Holanda es otro caso. Juega de naranja porque el referido color representa a la casa Real de ese país: la Casa naranja. Hay casos de selecciones cuyas federaciones modificaron la camiseta coincidiendo con la independencia del país como Congo y Zaire.
Hablando de política, Kuwait en cierta oportunidad estampó en la camiseta de su selección la cara del emir Sheik Jaber al Ahmad cuando falleció.

Otra polémica la generó el club inglés Coventry. Resulta que en una época, la BBC se negaba a emitir partidos en los que los equipos llevaran publicidad en la camiseta. En Coventry idearon implicar el logo de su patrocinador, Talbot, como diseño. ¿Qué hicieron? Primero crearon la firma Talbot Sport. Y luego pusieron una enorme T en la blusa desde el pecho hasta el pantalón.

Pero la más insólita fue la de San Miguel de Argentina. Los jugadores, cansados de las deudas, salieron a jugar un partido contra Barracas Central con un curioso sponsor contra los dirigentes: “¡No roben más la plata del club!”.

En Uruguay, Peñarol empleó un signo de interrogación cuando no aparecía ningún esponsor para su camiseta.

Y a la hora de las blusas alternativas comenzaron a aparecer nuevas tendencias. Central Español jugó con la del club de básquetbol Atenas. Rampla y El Tanque ahora utilizan franja al mejor estilo Danubio. Fénix apela a los colores de otro club de básquetbol: Capurro.
En el fútbol parece que lo que es moda no incomoda, salvo a los hinchas que no quieren que les toquen la camiseta. Es sagrada.

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