Europa no está al abrigo de la tempestad. Saldrá reforzada o, de lo contrario, seriamente destruida por los conflictos internos”. La sentencia vino del Comité de Orientación de Notre Europe, un grupo de reflexión sobre la unidad continental, esgrimida a fines de 2008 cuando la crisis de Estados Unidos era una patente realidad y la incertidumbre no iba a demorar en trasladarse más allá del Atlántico. La debacle arribó tras años de bonanza en donde los gobiernos, quizá, gastaron bastante más de lo que realmente disponían.
La crisis de los líderes
La inestabilidad europea se cobra a mandatarios de varios países