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La crisis económica de Irán arrasa con la clase media casi de un día para otro

La economía atraviesa una situación desastrosa tras años de mala administración y repetidas sanciones económicas 

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31 de diciembre de 2018 a las 05:01

Thomas Erdbrink - New York Times News Service

Hace menos de un año, era dueño de una exitosa empresa de accesorios para computadora, tenía un automóvil nuevo y rentaba un cómodo apartamento de dos recámaras en el centro de Teherán. Por desgracia, desde el mes pasado Kaveh Taymouri conduce durante una hora una motocicleta oxidada para llegar a su nuevo hogar, un apartamento de 45 metros cuadrados en uno de los peores barrios de la ciudad, al lado del enorme cementerio.

Cuando llegó a casa a las 22.30 una de estas noches después de salir de su nuevo trabajo en una galería de juegos, no encontró comida en la estufa. Tuvo que aguantar con el sándwich que había comido en el almuerzo.

Sin embargo, su esposa y antigua socia, Reihaneh, comentó que le parecía que su humor estaba mejorando. “Por lo menos ha dejado de gritar mientras duerme”, dijo.

Antes de su “ruina”, como le dicen, los Taymouri eran una clásica familia iraní de clase media, empresarios prósperos con educación universitaria que ganaban suficiente para poder ahorrar y juntar un enganche para comprar casa. Ahora, son un modelo de otro tipo totalmente distinto: los millones de iraníes de clase media que, casi de un día para otro, vieron desaparecer su forma de vida, arrastrados por fuerzas económicas fuera de su control.

La economía de Irán es un desastre, tras años de mala administración y repetidas sanciones económicas.

El gobierno amplió el suministro de dinero más de un 30 por ciento al año durante más de una década y empleó el dinero adicional para cubrir déficits presupuestarios además de otros gastos.

En comparación, en Estados Unidos el suministro de dinero ha aumentado, en general, un promedio anual del 6,4 por ciento desde hace una década, según la Reserva Federal.

Como resultado de la rapidez con que Irán amplió su suministro de dinero, explicó Djavad Salehi-Isfahani, profesor de Economía en la Universidad Tecnológica de Virginia, la inflación explotó. Según las cifras oficiales, en este momento se ubica en el 35 por ciento anual, en comparación con el porcentaje que registraba hace un año, por debajo del diez por ciento.

Derrumbe

La decisión del presidente Donald Trump de abandonar el acuerdo nuclear, conocido formalmente como Plan de Acción Integral Conjunto, o Jcpoa por su sigla en inglés, y volver a imponer sanciones económicas estrictas propició el otro desastre económico importante para Irán: el derrumbe de su moneda, señaló Salehi-Isfahani. El rial bajó alrededor de 70% con respecto al dólar y, aunque se recuperó ligeramente hace poco, el tipo de cambio todavía fluctúa mucho.

“La salida del Jcpoa acabó con las expectativas que el acuerdo había creado sobre un auge económico y la reincorporación de Irán a la economía global, que se esperaba impulsara las exportaciones de petróleo y la inversión extranjera”, afirmó. “Debido a este revés, los ciudadanos cambiaron sus riales por otros activos, en especial dólares y oro”.
Puesto que el descalabro de la moneda eleva el costo de las importaciones, también ha reforzado el alza inflacionaria y diezmado a los negocios pequeños que, como en el caso del que tenían los Taymouri, dependen de artículos importados.

Kaveh Taymouri argumentó que sería más sencillo explicar su situación en términos de dinero, así que se sentó a calcular la calamidad financiera que se ha cernido sobre la familia desde hace un año. Sus ingresos mensuales bajaron de cincuenta millones de riales, equivalentes a unos 1400 dólares hace un año, a diez millones de riales, o 90 dólares al tipo de cambio actual, con una terrible devaluación.

Kaveh Taymouri culpa de la caída de la moneda a los especuladores y al gobierno “por haberse quedado de brazos cruzados”. 
Otros culpan a Trump. “En realidad, es por culpa de Trump”, enfatizó Nasim Marashi, de 29 años, autora de un libro de los más vendidos, Autumn Is the Last Season. El libro relata la vida de tres mujeres jóvenes de clase media en Teherán y lleva 35 reimpresiones en cuatro años. 

Clase media

Irán, con una población aproximada de 80 millones de personas, desde hace tiempo ha tenido una enorme y próspera clase media, a la que pertenecen desde conductores de autobús hasta abogados y doctores, cuyos ingresos promedian alrededor de 700 dólares al mes en la moneda local. Muchas veces, a ese ingreso se sumaban negocios no declarados en el amplio mercado negro del país y subsidios gubernamentales para reducir el costo de los servicios, los alimentos y la gasolina. La clase media de Irán, que tiene mucha influencia política, ha preferido candidatos como el actual presidente Hassan Rouhani, interesados en tener mejores relaciones con Occidente. Por desgracia, casi nunca habían soportado una presión económica tan grande como la que sufren en la actualidad. 

Como señal de que el gobierno toma en serio el problema, Rouhani presentó el martes el presupuesto de su gobierno, en el que incluyó más apoyo para los empleados públicos y más subsidios a los artículos básicos.

No todos han sufrido tanto como los Taymouri, cuyo negocio era muy vulnerable al derrumbe de la moneda. Con todo, Abbas Torkan, antiguo asesor de Rouhani, dijo hace poco que la clase media se había reducido un 50 por ciento.

Incluso quienes ganan más se han visto obligados a hacer cambios intempestivos en su estilo de vida en esta época de carestía.

Afuera

Hacia el exterior, Teherán no ha dejado de lucir como la bulliciosa metrópoli que ha sido desde hace tiempo. Todavía se inauguran restaurantes nuevos. Una versión teatral iraní de Les Misérables se agota cada noche; para asistir, 3500 espectadores pagan el equivalente a 16 dólares por persona. No obstante, comienzan a hacerse evidentes algunas dificultades.
En los supermercados, donde el costo del Red Bull, por ejemplo, se ha cuadruplicado, es evidente que los clientes revisan con detenimiento los precios. Algunos productos importados han desaparecido por completo de los anaqueles.

Para los Taymouri, los problemas parecieron instantáneos. Se conocieron hace cinco años en el trabajo y, entre besos furtivos al lado de la copiadora, decidieron que podían ganar más dinero con su propio negocio de venta de accesorios para computadora.

Desde su tienda ubicada en el centro de Teherán, la pareja compraba teclados, cables y otros accesorios informáticos a mayoristas. Después, Reihaneh Taymouri los revendía en las provincias, mientras su esposo atendía la tienda y se encargaba del financiamiento a corto plazo del negocio.
Tuvieron un hijo y, tan solo unas semanas antes de que todo se complicara, les anunciaron con gran alegría a sus padres que esperaban otro bebé.

Por desgracia, en enero el rial comenzó a deslizarse y artículos como los accesorios de los Taymouri, con precios en dólares y euros, pronto dejaron de ser costeables para la mayoría de los iraníes. El teléfono de Reihaneh Taymouri dejó de sonar y dejaron de recibir pedidos. Una noche, según relató Reihaneh Taymouri, “solo llegó a casa, se tiró en el sofá y dijo: ‘Se acabó’”. En un país en el que todavía puedes terminar en la cárcel por deber dinero, los Taymouri no tuvieron más remedio que cubrir sus deudas. Vendieron su automóvil, sus muebles y las alfombras que les habían dado como regalo de bodas.

Kaveh Taymouri le vendió la tienda al dueño de la galería de juegos con la condición de que le diera trabajo ahí. Después, se mudaron a su apartamento actual, donde comparten con los otros inquilinos una regadera que se encuentra en el pasillo. “No nos gusta estar aquí”, dijo, señalando el cementerio, uno de los más grandes el mundo. “Planeábamos mudarnos a la mejor zona de la ciudad, no al lado de los difuntos”.

Kaveh Taymouri trajo a su pequeña hija, Anita, de la minúscula recámara, y su esposa rompió en llanto.
“Apenas me había embarazado cuando todo en nuestra vida se complicó de repente”, comentó. “Confieso que llegué a pensar en practicarme un aborto. Pero, a pesar de todo, ahora estoy feliz de tenerla”, dijo.

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