Las dramaturgas Svetlana Petriychuk y Yevgenia Berkovich están presas por Finist, el valiente halcón, una obra inspirada en un cuento tradicional ruso.

Mundo > CENSURA Y PSEUDOCIENCIA

La “destructología” también se ensaña con las feministas y la cultura en Rusia

Con el patrocinio del estado y la Iglesia Ortodoxa, la supuesta disciplina lingüística es usada para justificar la detención de disidentes políticos, religiosos, artistas y también feministas
Tiempo de lectura: -'
13 de noviembre de 2023 a las 05:04

Durante años, Elena Efros escribió a personas presas en Rusia para darles apoyo. Hasta el día que le tocó enviarle una carta a su propia hija, Yevgenia Berkovich, encarcelada por una obra de teatro.

Efros, de 64 años, no se esperaba el arresto de su hija. Desde 2015, está al frente de una red de personas que escriben a los presos políticos para darles ánimo. "Si tenían que encerrar a alguien, pensaba que sería a mí", dice la mujer.

Berkcovich es directora teatral y coautora con la dramaturga Svetlana Petriychuk de Finist, el valiente halcón, una obra inspirada en un cuento tradicional ruso que habla de mujeres manipuladas y reclutadas por el grupo Estado Islámico (EI) para casarse en Siria.

La pieza recibió dos premios en los prestigiosos La Máscara Dorada, galardones que desde 1994 entrega la Unión de Teatro de Rusia a producciones de todos los géneros y de todo el país, que luego son presentadas durante la primavera en Moscú.

Sin embargo, desde mayo pasado, Bercovich y Petricychuc están detenidas bajo el cargo de "justificación del terrorismo", una imputación que puede acarrearles hasta siete años de cárcel por el espectáculo realizado en 2020.

Desde la presentación de la obra, los tiempos cambiaron en Rusia y, desde el ataque contra Ucrania, cada vez más artistas considerados hostiles al presidente Vladimir Putin, o que no se expresaron a su favor, están censurados. No pocos se exiliaron.

La "destructología"

El historiador y crítico literario, además de teórico y filósofo el lenguaje, Mijaíl Mijáilovich Bajtín (1895-9175) seguramente vería con asombro e indignación la llamada “destructología”, cuyo primer manual fue presentado por su autor, el lingüista Roman Silant’ev, hace unos tres años para detectar la “formación destructiva” en los campos religioso y social.

Con el auspicio del Ministerio de Educación y el Patriarcado de Moscú, institución de la Iglesia Ortodoxa Rusa que une las estructuras dirigidas directamente por el patriarca Kirill, la “destructología” tiene como objetivo combatir a los testigos de Jehová, evangélicos baptistas y los pentecostales.

Nacida en la Universidad Lomonosov, de Moscú, la mayor y más antigua de la actual Federación de Rusia, la “destructología” extendió su influjo y, bajo el argumento de combatir el extremismo sectario, comenzó a ser aplicada a la política y la producción cultural.

Entre los profesores encargados de estudiar el tema figuran médicos y psiquiatras, que se ocupan de “examinar” los “síntomas” de los discursos “destructivos” que pueden producir desde obras de teatro como Finist, el halcón valiente hasta videojuegos y artículos periodísticos.

“Se denomina ‘destructiva’ a cualquier forma de propaganda que provoque daños en la psique de las personas y atente contra la institución de la familia tradicional, fomentando el conflicto social en varios niveles”, explicó Silant’ev en una entrevista.

La acusación contra Berkcovich y Petriychuk se basa en un "análisis" presentado por la fiscalía con argumentos extraídos de la "destructología" y que, por absurdo que parezca, asegura que las dramaturgas defendían en su obra, simultáneamente, al Estados Islámico y al "feminismo radical".

Para Silant’ev, la supuesta disciplina se volvió necesaria en los últimos tiempos en vista del crecimiento de “organizaciones sectarias que buscan apoderarse de las conciencias” y, por tanto, se requiere de una “autoridad objetiva” sostenida por el Estado y la Iglesia Ortodoxa.

Lejos de constituirse en un campo de estudio genérico sobre los fenómenos religiosos, la “destructología” pone su atención en “realidades que ponen en peligro a la sociedad”, según Silant’ev, como el movimiento LGTBQ+, entre otros que defienden las libertades individuales.

Otro examen

Mientras el poder exalta la imagen tradicional de los hombres heroicos que combaten en Ucrania, aunque el ejército ruso esté acusado de violaciones y crímenes de guerra que Moscú desmiente, Efros asistió el 2 de noviembre pasado a una audiencia en Moscú.

La vista tenía como propósito determinar si Bercovich y Petriychhuk debían ser liberadas, y si bien un informe del Ministerio de Justicia consideró inválido el "análisis" basado en la “destructología” que sustentó la detención de las mujeres, el juez determinó que por el momento deben seguir encarceladas.

Tras la prolongación de la detención, los abogados de las dramaturgas denunciaron como “absurdas” las acusaciones. Los representantes explicaron que la obra, por el contrario, denuncia el terrorismo e insistieron en la liberación de ambas; en el caso de Berkovich agregaron una cuestión humanitaria: que pueda estar con sus hijas adoptivas, de 17 y 19 años.

"Dejaron a dos muchachas enfermas sin su madre desde hace seis meses", dijo Berkovich durante la audiencia, vestida de camisa blanca. Luego de hacer una pausa, con el rostro contraído por el dolor, apretó los dientes para contener un grito y retomó la palabra.

"¡Esto es tortura!", dijo dirigiéndose a los representantes de la fiscalía, un hombre con la cabeza rapada, que la observaba sin inmutarse, y una mujer en uniforme, que escribía en su teléfono sin siquiera mirarla.

Finist, el valiente halcón

La obra hace foco en la vida de mujeres rusas que conocieron a militantes del Ejército Islámico que buscaban esposas por internet y que huyeron para casarse con ellos. Basada en entrevistas a las que regresaron, intercalando monólogos a partir de documentos, retrata no sólo a estas mujeres, sino también al sistema judicial ruso, que no dudó en condenarla a pasar años de prisión luego del regreso.

El caso más conocido es el de Varvara Karaulova, condenada a cuatro años y medio en una prisión general por un tribunal ruso en 2016. En mayo de 2015, Karaulova intentó entrar en territorio controlado por el Estado Islámico en Siria, pero fue detenida en Turquía y enviada a Rusia.

La obra describe la violencia y el sexismo cotidiano que enfrentaron las jóvenes antes de conocer a los reclutadores, los horrores que vivieron las que no fueron atrapadas antes de llegar al territorio controlado por el Estados Islámico y la violencia que encontraron cuando las atraparon o huyeron de vuelta a Rusia.

“Lo que hizo que estas jóvenes huyeran al ISIS, lo que las empujó de un círculo a otro es una violencia habitual inerte, estancada y distribuida de manera uniforme. Se trata de un relato auténtico y muy detallado de cómo los militantes reclutan, cómo encuentran y guían a las jóvenes, cómo construyen la semejanza de destinos y heridas, cómo demuestran masculinidad y romance y cómo prometen seguridad”, reseñó la revista del Teatro de San Petersburgo sobre la obra en 2020.

La elogiosa crítica terminó señalando que el monólogo final de Yulia Skirina, la actriz que interpreta a una joven regresada a Rusia, “condensa en dos minutos magistrales” las “masacres y atentados, violaciones y golpizas, el miedo a perder a los hijos, el cinturón de un terrorista suicida y una fuga directa a una prisión rusa”.

"Mujeres libres"

Durante la audiencia, la defensa presentó un psicólogo que explicó que la hija menor de Berkovich, traumatizada debido a que creció en un orfanato, tiene pesadillas en las que ve a su madre morir en la cárcel. “Los jueces no tienen conciencia, aplican un programa fijado de antemano", denuncia Efros en los pasillos del tribunal, mientras la abogada de su hija se prepara para un nuevo recurso.

Madre e hija provienen de una reconocida familia de activistas. La abuela materna de Yevgenia Berkovich, la escritora Nina Katerli (1938), es escritora, periodista, activista por los Derechos Humanos y contra el antisemitismo; además de integrante de la Unión de Escritores de San Petersburgo y el PEN Club de San Petersburgo.

“Las mujeres libres que se niegan a quedarse en la cocina son el blanco de este caso. Hay una masculinidad tóxica que está aflorando en Rusia desde el 24 de febrero de 2022”, sintetiza Efros en referencia al inicio de la invasión de Moscú a Ucrania, apoyada por Iglesia Ortodoxa y las organizaciones alineadas con las políticas del Kremlin.

Por lo pronto, Berkovich y Petriychuk seguirán detenidas, a pesar de la carta de apoyo que firmaron numerosos directores de teatro, artistas y otras celebridades rusas.

 

(Con información de agencias)

Comentarios

Registrate gratis y seguí navegando.

¿Ya estás registrado? iniciá sesión aquí.

Pasá de informarte a formar tu opinión.

Suscribite desde US$ 345 / mes

Elegí tu plan

Estás por alcanzar el límite de notas.

Suscribite ahora a

Te quedan 3 notas gratuitas.

Accedé ilimitado desde US$ 345 / mes

Esta es tu última nota gratuita.

Se parte de desde US$ 345 / mes

Alcanzaste el límite de notas gratuitas.

Elegí tu plan y accedé sin límites.

Ver planes

Contenido exclusivo de

Sé parte, pasá de informarte a formar tu opinión.

Si ya sos suscriptor Member, iniciá sesión acá

Cargando...