La firma del acuerdo Mercosur Unión Europea es un cambio potencialmente radical para el agro uruguayo y para toda la sociedad por los puentes que tiende con una cultura que valoriza a la globalización como proceso de integración regional creciente, de democratización. Es potencialmente una revolución económica y cultural porque puede ser la victoria del país abierto que se juega a integrarse con el mundo.
En particular, es otra señal de que el crecimiento futuro del agro uruguayo tendrá que ir de la mano y potenciado por una revalorización de los aspectos ambientales involucrados en la producción agropecuaria. Y eso potencia nuestras ventajas respecto a los demás países del Mercosur, cuyo crecimiento se ha basado en invadir áreas silvestres para convertirlas en productivas y en poner en marcha sistemas productivos de agricultura continua o de ganadería sobre áreas de selva.
Por ejemplo, en junio, la tala de la Amazonia creció 88% respecto a junio de 2018, algo que con las mediciones satelitales actuales se sabe con precisión e independencia de las fuentes gubernamentales. Hay 920 kilómetros cuadrados menos de selva en solo un mes. Y eso mayoritariamente va a ganadería. Algo que será muy difícil de aceptar por parte de la Unión Europea. Y algo que en Uruguay no sucede ni deberá suceder jamás: el monte nativo se debe cuidar, restaurar en zonas donde se ha degradado por especies invasoras y manejar para que sea parte del cuidado de la calidad del agua de cañadas y arroyos. Y de esa manera capturar carbono del aire y convertirlo en madera, hojas y raíces. Y con una ganadería que haga un pastoreo racional: la hora del pastoreo rotativo en todas sus variantes ha llegado y debe expandirse. La BBC graficó la situación diciendo que se pierde “una cancha de fútbol de selva por minuto”. Mientras cada vacuno en Uruguay dispone de una cancha de fútbol de pasturas naturales para vivir feliz preservando un ecosistema que con ciertas variantes tiene millones de años de existencia.
Al mismo tiempo en que se firmaba este acuerdo se sabía que junio ha sido el mes más caluroso desde que se tienen mediciones y que la temperatura promedio del planeta en junio estuvo más de dos grados por encima de lo normal. Los propios europeos firmaron este acuerdo en medio de una ola de calor inédita.
Esta semana se supo además que la pérdida de hielo en la Antártida ha sido enorme en los últimos cinco años: se ha perdido una cantidad de hielo equivalente a la que se perdió en el polo norte en los últimos 34 años. La pérdida de esos hielos blancos, que rechazan la luz del sol, es grave porque en su lugar quedan las aguas oceánicas que absorben muchos más rayos solares y así aceleran el calentamiento en curso.
Uruguay, como una vitrina de soluciones para el mundo, no para de sumar argumentos. Y las preocupaciones de nuestros nuevos socios europeos no paran de crecer. La sueca Greta Thunberg se niega a comer carne por noticias como las que llegan de la Amazonia brasileña. Pero también se niega a viajar en avión y prefiere ir en tren eléctrico a la hora de desplazarse, al revés que la canción de Charly García. No va en avión. Un viaje en avión entre Estocolmo y Gotenburgo en Suecia causa el mismo calentamiento que 40.000 viajes en tren (los que son casi neutros). En Suecia ha surgido una palabra nueva, que significa algo así como “verguenza a viajar en avión”, “flygskam”, los viajes internos en avión bajaron 8% en el último año mientras que los viajes en tren eléctrico crecieron 150%.
Otro cambio que se vendrá en el mediano plazo obligará a repensar la agricultura. Se está produciendo una gravísima extinción de insectos, lo que es una catástrofe potencial de gran magnitud. Al mismo tiempo que se firmaba el acuerdo, Austria se convertía en el primer país de la Unión Europea en prohibir el glifosato y los productores apícolas uruguayos protestaban en el Palacio Legislativo por su angustiante situación. No es fácil la tarea de construir soluciones mejores. Es difícil hacer una agricultura de gran escala que proteja los suelos y permita que las plantas cultivadas no tengan la competencia de malezas. No se puede volver al arado y para sustituir al glifosato hay que encontrar soluciones mejores. Uruguay tiene la enorme ventaja de haber diseñado hace ya más de 50 años sistemas mixtos de agricultura y pasturas.
Este tratado impone desafíos ciertamente y en particular habrá que cuidar y apoyar a la producción lechera que está en una situación tremendamente débil. Uruguay no puede permitirse bajo ningún concepto seguir retrocediendo en el sector que sustenta a la mayor empresa privada del país, una cooperativa de la que todos estamos orgullosos y que ha sido cruelmente hostigada por un sindicato capaz de defender a quienes probadamente robaban productos. Es imperioso contener lo antes posible la grave pérdida de productores que se van con un conocimiento acumulado durante décadas a su casa. Con una productividad del trabajo mucho menor a la de los europeos, con un precio pagado por la leche menor al que reciben los productores y –ojalá que no- pero tal vez compitiendo contra los subsidios europeos, habría que plantear claramente al sector lechero un tratamiento lo más parecido posible al que este gobierno pretende dar a las empresas de celulosa. Incluso a través de algún tipo de legislación consensuada que –como en su momento la ley forestal- sea capaz de nuclear a todos los partidos detrás de una definición estratégica de apoyo al sector.
No hay oportunidades sin riesgos. Precisamos una ecología no ideologizada. Una ecología positiva y científica, del mismo modo que la agronomía debe incorporar más dimensiones que el mero productivismo. El potenciar lo más posible la ecología y la agronomía, la productividad y la protección de los recursos, el marketing y la inteligencia de mercadeo, con la captura de carbono y la restauración de la biodiversidad son un camino permanente de este siglo, que en el acuerdo con la Unión Europea queda plenamente confirmado. El libre comercio vendrá condicionado a preservar el clima y la biodiversidad y en eso Uruguay deberá esforzarse por ser la vanguardia latinoamericana.