Miguel tiene 57 años y el colesterol al límite. Lo delató el examen de salud que hizo para renovar la libreta de conducir del taxi, aunque no puede decir que el resultado haya sido sorpresivo. Dentro de poco planea cambiar de dieta pero, de momento, el último fin de semana salió con su mujer y se comió un brasero para dos con “todas las grasas habidas y por haber”, un churro con dulce de leche y un helado. Durante la semana tampoco cuida la línea. Toma gaseosa y café por doquier, no ingiere agua ni consume frutas, no se controla con los dulces y come carne roja todos los días. Para coronar, duerme muy poco, fuma dos paquetes de cigarrillos por día y no hace ejercicio.
La heladera tiene la palabra
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