El 10 de setiembre de 1994 nació en Rivera el tercer hijo de Ruben y Nelda. El padre, fanático de Nacional, le puso a su niño el nombre de un futbolista que en ese momento era la figura del equipo tricolor. Pero el pequeño rebelde creció hinchando por Peñarol.
Ruben, que realizaba tareas de campo, y Nelda, empleada doméstica, cruzaron Uruguay para atender en la capital a su segundo hijo, que padecía una enfermedad. Por eso, el hijo manya cumplió sus 4 años en Toledo, la ciudad de Canelones que lo adoptó.
En Toledo, Fo (por sus iniciales) fue a la escuela 286. Las cosas no fueron bien. Fo no cumplía con las expectativas de su padre de que jugara al baby fútbol y este y otros asuntos construyeron una mala relación. Las condiciones tampoco eran las mejores. En su casa no había calefón y nunca, incluso hasta hoy, se pudo dar un baño de agua caliente.
Luego llegaron otros dos hermanos: una niña y al año siguiente un varón. En 2005, una noticia terminó con su infancia: su madre falleció de cáncer uterino.
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