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La librería perdida que se puede alquilar y que está reservada hasta 2021

La localidad de Wigtown es conocida por sus numerosas librerías; todos los años una de ellas es alquilada a través de Airbnb

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06 de julio de 2018 a las 05:00

Dwight Garner
© 2018 New York Times News Service

Recientemente, aunque fue solo por un día, tuve una librería en Escocia.

No fue fácil llegar a Wigtown, en la remota región de Dumfries y Galloway en Escocia, a tiempo para mi turno laboral. Aunque el poblado se encuentra a solo dos horas en automóvil desde Glasgow, el sistema de navegación satelital me hizo recorrer 53 kilómetros por el desolado y hermoso Parque Forestal de Galloway por un camino de un solo carril que me puso los nervios de punta.

No obstante, valió la pena llegar a Wigtown, cuya población es de 1.000 habitantes. Es exuberante, está lleno de verdor y huele a la brisa del mar cercano. Es el pueblo nacional de los libros de Escocia. Cuenta con una decena de librerías de viejo apiñada en su pequeño centro: es el elíseo del viajero literario.

Lo mejor de todo es que Wigtown ofrece una experiencia literaria como ninguna otra que haya conocido. En el pueblo hay una excelente librería de usados llamada The Open Book (El libro abierto), con un apartamento en el piso superior, que se renta por semana. Tras mudarte, adquieres la librería para que la administres como mejor te parezca.

Me entregaron las llaves y la caja. Me dijeron que podía reacomodar los libros y redecorar. Podía invitar a Elena Ferrante y a Thomas Pynchon para dar una charla y a Sly Stone para tocar, si los encontraba.
Una organización sin fines de lucro dirige The Open Book. Ha calado hondo en tanta gente, de todos los continentes, que tiene reservaciones que llegan a 2021, la fecha límite que permite Airbnb; luego de ese tope, hay una lista de espera. Logré hospedarme una sola noche tras suplicar y llorar como un perro que ha perdido un pedazo de salchicha bajo el refrigerador.

Abrí The Open Book a las diez de la mañana en un lunes frío y nublado de primavera, mientras me curaba de una resaca de las buenas. El responsable de ese malestar fue Shaun Bythell, el propietario de la tienda de libros seminuevos más grande de Escocia –convenientemente, se llama Bookshop (librería)– ubicada en la misma calle. La noche anterior me mantuvo despierto hasta la madrugada. En la página de Facebook de la tienda de Bythell destaca un Kindle de Amazon, montado como si fuera una cabeza de venado, acribillado con una escopeta.

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Mis primeros clientes fueron una pareja de mediana edad. Tuve la certeza de que de inmediato me tacharían de ser un intruso estadounidense y se quejarían, pero simplemente me saludaron entre dientes y se dispusieron a ver qué había.

Transcurridos diez minutos, el hombre apareció en la caja con dos ediciones de bolsillo muy gastadas de las novelas de ciencia ficción de Arthur C. Clarke: El jardín de Rama y Rama II.

¡Mi primera venta! En total eran 8 libras, aproximadamente 10,50 dólares. Me dieron ganas de guardar el billete de diez libras que me dio para enmarcarlo. Tomé el cambio de la caja, anoté los títulos y los precios en un cuaderno de espiral que estaba ahí para ese propósito y así comenzó mi día.

En el transcurso de mi vida, he trabajado en muchas librerías. Es sorprendente lo que uno aprende, como por ósmosis, en una impregnación mental, sobre cada tema imaginable.

Con frecuencia, uno aprende más de lo que quisiera, como cuando la gente lleva a la caja libros sobre cómo curar las hemorroides o cómo enfrentar la muerte de un niño.

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Después de otro cliente, no se paró ni una mosca. Durante media hora o más no hubo clientes. Di sorbos a mi café y miré fijamente por la ventana, como si estuviera buscando plantas rodadoras.

Luego ocurrió algo magnífico. Una joven pareja, Beth Porter y Ben Please, llegaron con su hija pequeña, Molly. Traían consigo instrumentos musicales: Beth, un chelo; Ben, un ukelele, y Molly, un xilófono de juguete.

Porter y Please son los miembros principales de la Bookshop Band. Escriben canciones inspiradas en libros y las tocan en librerías. Decidieron darme la bienvenida a Wigtown con un concierto improvisado.

A lo largo de todo el día, los lugareños amables y excéntricos aparecieron para saludarme. Una mujer me trajo shortbread, un pan tradicional de la región. Otros se dieron cita para preguntarme, con preocupación, por mi presidente estadounidense.

La idea de permitir a los huéspedes quedarse y trabajar en The Open Book fue de Jessica Fox, una cineasta estadounidense que arribó a Wigtown por primera vez en 2008, atraída por el sueño romántico de trabajar en una librería de segunda mano en Escocia.

Libreria escocia

Llegó a la tienda de Bythell y se enamoraron. Cuando corrió el rumor de que una librería local estaba próxima a cerrar, se le ocurrió qué hacer con ella. Los padres de Bythell la compraron y se encargaron de que una pequeña organización sin fines de lucro compuesta por voluntarios la operara. The Open Book se puede rentar por 28 libras (unos US$ 37) la noche.

"Recuerdo que pensé: seguramente no soy la única persona a la que le encantaría dirigir una librería cerca del mar", me confesó Fox. La librería fue un éxito casi instantáneo. Para muchos visitantes, estar al frente de la librería es hacer realidad un sueño de toda la vida. Fox trata de dar alojamiento a personas que se encuentran en circunstancias especiales, como enfermedades terminales.

Aunque pocas personas entraron a la tienda el día que estuve a cargo de ella, y hubo no más de seis personas en la tienda al mismo tiempo, solo vendí tres libros por la tarde.

Compré una pila de libros, tantos que, añadidos a los que había comprado durante el viaje, hicieron que la aerolínea me cobrara exceso de equipaje en el vuelo de regreso a casa.

Antes de cerrar la tienda, guardé el anuncio plegable, cerré la puerta del frente y arrojé las llaves por una ranura. Mentalmente, estaba haciendo planes para volver a administrarla en 2022 o 2023, durante todo el tiempo que me lo permitan. Si tengo suerte, Bythell hasta podría llevarme a dar una vuelta para dispararles a Kindles.

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