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Temas > Columna Psic. Mónica Grobert

La llegada de un hermanito

Los cambios generan ansiedad y esto es lo que se ve en los niños. ¿Cuál es la mejor manera de encarar la situación?

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19 de febrero de 2018 a las 05:00

El primer hijo marca un cambio en el hogar. Se inauguran los roles de papá y mamá, título para el que nunca se está del todo preparado, y la pareja pasa a ser una familia. Como primogénito, el niño también obtiene el lugar de hermano "mayor", si es que luego viniera algún otro hermanito.

Si las madres conocen a sus hijos "como si los hubieran parido", los hijos conocen a sus madres "como si dentro de ellas hubiesen vivido". Conocen su voz, sus aromas y perciben sus cambios, hasta los más sutiles, como nadie. El embarazo trae en la mujer cambios hormonales, que se plasman en cambios físicos varios. El bebé siempre lo percibe.

Asimismo, a nivel afectivo surgen nuevas preocupaciones, nuevos pensamientos. Entre ellos, cómo integrar a este nuevo ser sin generar grandes cambios para el hijo mayor.

Los primeros días

La llegada de un nuevo integrante es siempre un desafío para la familia. Los primeros días son intensos. Si con el primer hijo era complicado dormir, encontrar un espacio para el cuidado personal o para la pareja, ahora al recién nacido se le suma un hermano mayor, que demanda atención y desafía con tenacidad a sus padres.

Por un lado, si el hermano mayor aún es chico todavía no entiende muy bien qué es lo que sucede y por qué. Por el otro, los padres se enfrentan a una situación que consideran conocida y sin embargo se transforma en nueva y diferente.

El puerperio es de por sí una época complicada. La mujer vive un torbellino de emociones, sufre dolores varios, debe atender a un bebé muy pequeño que la reclama continuamente y además está el mayor que también demanda, y que suele hacerlo mucho más que de costumbre.

La memoria puede ayudar a los papás a atravesar esta situación. Puede llevarlos a visualizar y recordar situaciones semejantes que vivieron y a las que sobrevivieron.

Por otra parte, es muy importante que los adultos tengan claro que los celos son normales en estos casos. No debe ser un factor de angustia y tampoco tiene que complicar más la situación.

Es fundamental comprender lo que está viviendo el primogénito. Necesita sentir que el amor no se reparte, sino que crece.

Comprender las emociones

La preocupación del niño no es el bebé en sí mismo, sino la actitud que toman sus padres: cómo se van a repartir para atender a uno y a otro, cómo van a poder quererlo de la misma forma.

A partir de ahora, ¿ese tiempo se va a repartir? ¿El hermano mayor va tener que ceder? ¿Qué va a pasar con su cuarto, con sus juguetes, con sus necesidades? Son preguntas difíciles para un niño que aún está fortaleciendo su yo y que busca contención y apoyo permanentemente.

El rol de mamá y papá es comprender lo que el pequeño siente. El niño mayor está ofendido, está dolido. Sus padres y todo su entorno tienen ahora otros quehaceres. No hay razones que valgan. Porque además todos, menos él, están contentos. Por ello, los progenitores deben mimarlo. Deben esperar a que su hijo se sienta comprendido y que de a poco aprenda a tolerar la situación.

Naturalizar la situación

Cuanto más pequeños son los niños, más íntimamente conocen a su mamá. Es por eso que se dice que son ellos quienes primero se enteran que su mamá está embarazada. No es magia. Es simplemente intimidad.

Reconocen en su madre los cambios mínimos que un embarazo provoca. Esto a su vez genera ansiedad y se ve reflejado en los niños. Surgen cambios en su carácter y muchos viven alguna regresión. Por ejemplo, si habían dejado los pañales, vuelven a usaros; si habían dejado el chupete, lo agarran de nuevo.

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La mejor manera de calmar la ansiedad es con una cuota de realidad. Comunicarle al niño que su mamá espera un bebé, desde los primeros momentos suele ser muy tranquilizador. En general los niños no vuelven a preguntar nada más, hasta que el embarazo comienza a hacerse visible o hasta que los adultos del entorno comienzan a hablar sobre el tema.

Es fácil pensar que si el hermano trae un gran regalo será mejor aceptado. Quizás sí. Es sencillo pensar que si no se habla del bebé, el mayor seguirá sintiéndose el único, y así sería mejor aceptado el nuevo integrante. Pero no es así. La verdad es que ese encuentro será único y estará marcado por lo que el niño sienta.

El embarazo es un buen momento para compartir en familia la historia del primer hijo, su historia de bebé en la familia. Las fotos son un excelente vehículo para preparar la etapa que se viene a continuación. Todo lo que se hace con el nuevo bebé, ya se hizo con el primero, y con mucho amor. Compartir el embarazo con el hijo mayor puede ser muy gratificante para todos. De todas formas, cada niño o niña puede reaccionar de manera diferente.

Comparaciones odiosas

Las comparaciones nunca son buenas. Los favoritismos tampoco. La mayoría de las veces los padres lo hacen sin darse cuenta y sin intención.

Quizás detrás de una frase como "mis hijos son muy distintos, a uno le gusta la música y a otro le gusta pintar", se puede estar valorando, comparando y hasta quizás, sin darse cuenta, se está señalando que uno de ellos se parece más a su papá o a su mamá. Evitar las comparaciones es una forma de valorar y respetar las individualidades.

Los celos, que para los padres puede ser tan irracionales, para los niños nunca los son. Es aconsejable ayudarlos a expresarlos sin desmerecer sus opiniones.

No se trata de medir qué se dice de uno y qué se dice del otro. Se trata simplemente de ser libre y directo en relación con cada hijo en particular.

Reforzar la comunicación

Los ratos de encuentros únicos con cada hijo, a solas, pueden ser muy sanadores en casos de celos. Sentarse a dibujar, leer un cuento o dar un paseo hasta la plaza. Estos momentos le devuelven al niño la confianza y le hacen un mimo a su autoestima.

La relación de pareja en esta etapa también está en un momento delicado. Una mamá sensible, un bebé demandante, un hijo mayor celoso y un papá que no sabe bien a quién atender primero. Como siempre, la comunicación y el diálogo son la mejor prevención de discusiones y peleas. Es necesario tener paciencia de parte de cada uno, porque el proceso de adaptación lo necesitan todos los integrantes de la familia.

A su vez, es aconsejable hablar del tema antes del nacimiento. Conversar cómo se van a repartir determinadas tareas, resolver cómo le van a decir al hijo mayor sobre la llegada del pequeño, entre otros asuntos.

Incluso, es bueno prever de qué forma cada uno puede "tomar aire" y tener pequeños momentos para sí mismos, para descansar de la rutina agotadora de los primeros tiempos.

Nada duele más que ver sufrir a un hijo, pero perder la exclusividad duele y asusta. Los adultos deben entender que el pequeño siente rabia y enojo.

En el proceso puede ayudar asignarle al niño tareas de hermano mayor, que pueda colaborar, por ejemplo alcanzando un pañal.

Los padres pueden y deben entender a su hijo mayor, en los altibajos de sentimientos y emociones, pero no deben sentirse culpables. Es bueno dejarlo recorrer su propio camino y de a poco irá constatando que para él las cosas no han cambiado tanto.

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