11 de marzo 2026 - 12:26hs

El informe “La llegada de la IA a la educación en América Latina: en construcción”, coordinado por la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI) y la Fundación ProFuturo (OEI & ProFuuro, 2025), constituye un documentado e iluminador análisis sobre la incidencia actual y a futuro que puede tener la IA en repensar la educación en la región y en particular, en mejorar la equidad y la calidad de los aprendizajes. Esta iniciativa interinstitucional constituye una prueba más de la capacidad de llegada programática de la OEI, y en este caso, en agendar la transformación digital de la educación en partenariado con fundaciones de alto prestigio y prédica como es el caso de ProFuturo. Nos refuerza la confianza en un multilateralismo proactivo y propositivo.

La investigación, de autoría de Axel Rivas, destacado referente de la educación en Iberoamérica tiene, entre otros tantos, dos atributos resaltables. Por un lado, se realiza una minuciosa identificación de más de 200 iniciativas de educación digital implementadas en América Latina en los últimos 15 años que se complementa con la consulta realizada a 31 especialistas en IA en educación. Por otro lado, se plantea la interrogante sobre las nuevas oportunidades que se pueden avizorar de cara a que la IA coadyuve a repensar la educación a través del mapeo de oportunidades, riesgos y desafíos.

Una de las conclusiones fundamentales del estudio yace en que “en América Latina predomina la discontinuidad política en las gestiones educativas y la falta de presupuesto”, lo cual conlleva a un “alejamiento progresivo de la vanguardia tecnológica” (OEI & ProFuuro, 2025, p. 54). Esta situación da cuenta de las debilidades de las políticas públicas en educación que van en detrimento de las oportunidades educativas y de aprendizaje del universo de las y los estudiantes, y particularmente penaliza severamente a los grupos y personas más vulnerables. También implica el riesgo real que las brechas con otras regiones del mundo, en cuanto a asumir las transformaciones educativas con sustento ético y humanista en las tecnologías, se refleje en sociedades más pobres e injustas, y menos inclusivas y cohesivas.

Bajo el entendido que el estudio amerita una lectura fina y contextualizada y que, asimismo, constituye un insumo fundamental para promover diálogos políticos y técnicos sobre los usos de las tecnologías en educación, nos detendremos en los cuatro desafíos identificados en el informe, y en algunas de sus implicancias.

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Un primer desafío tiene que ver con transversalizar la IA en el currículo y la pedagogía, esto es, en los contenidos educativos, así como en las maneras de enseñar, aprender y evaluar en las diversas disciplinas que forman parte de la educación básica y media. Se trata de fortalecer las capacidades de pensamiento crítico, autónomo y ético de las y los estudiantes no solo para identificar los usos posibles de la IA sino primariamente para entender los conceptos y los supuestos que subyacen a su funcionamiento, así como efectivamente opera.

En la línea de avances promisorios, el informe destaca que Uruguay, a través de Ceibal, es pionero en la región en desarrollar el “Marco referencial para la enseñanza de la inteligencia artificial”, cuyo objetivo es “formar una ciudadanía crítica y ética en el uso y la comprensión de esta tecnología y su potencial transformador” (Ceibal, 2024). Cabe acotar que Ceibal es el centro de innovación educativa con tecnologías digitales del Estado uruguayo (https://ceibal.edu.uy/institucional/que-es-ceibal/ ) con destacable reconocimiento internacional y particularmente en América Latina y el Caribe.

Habida cuenta de lo señalado, la alfabetización en inteligencia artificial constituye uno de los cimientos de sociedades democráticas y de una formación ciudadana comprehensiva que comprende, por lo menos, cinco aspectos interrelacionados: (i) entender efectivamente su funcionamiento; (ii) promover aprender a hacer en tecnologías; (iii) abordar cuestiones éticas candentes respecto a sus usos; (iv) saber interactuar proactivamente con la misma; y (v) reconocer su transversalidad en relación a la formación y al trabajo.

Un segundo desafío yace en que la IA se ensamble con el sistema educativo en su conjunto, y se aliñe con los objetivos y las metas que persigue. Asimismo, implica que las y los educadores desarrollen las competencias digitales y en pensamiento computacional requeridas para usar efectivamente las herramientas de IA como un soporte fundamental de los procesos de enseñanza, aprendizaje y evaluación. No es cuestión solo de formar en tecnologías, sino más bien cómo las mismas pueden potenciarse si cobran sentido a partir de decisiones curriculares, pedagógicas y didácticas asumidas por las y los educadores. La mediación educativa es clave para que las tecnologías tengan sentido, se desarrollen e impacten significativamente en los aprendizajes en su globalidad y especificidad.

Como bien señala la investigación de OEI y ProFuturo, se requiere “una reconfiguración de la organización de la enseñanza” (OEI & ProFuturo, 2025, p. 58) que coadyuve a fortalecer la gestión de los aprendizajes – por ejemplo, con relación a corrección automatizada de pruebas. El informe menciona una serie de marcos de referencia y guías producidos por la OEI y la UNESCO, así como por Chile y Colombia, con foco en apuntalar los usos de la IA en educación por educadores y con la mirada puesta en la mejora de los aprendizajes.

Asimismo, en la línea de jerarquizar la mediación educativa, la OECD, en su propuesta de “Teaching Compass: Reimagining Teachers as Agents of Curriculum Change” (OECD, 2025), arguye que, a efectos de realizar el potencial de la IA, se requiere que los educadores deban tener el control sobre si, cuándo y cómo la IA es usada en las aulas. Resulta primordial que el educador sea empoderado y apoyado para que pueda decidir, con base en conocimientos y evidencias, sobre las maneras más efectivas de usar la IA. No se trata de decisiones delegables en empresas tecnológicas y en sus productos ni que el rol de los educadores se circunscriba a ser receptores pasivos y consumidores acríticos de herramientas de la IA.

La propuesta de compás de enseñanza de la OECD resalta que las aulas del siglo XXI se nutren de las colaboraciones y del trabajo colectivo entre los pares de educadores y estudiantes, así como entre los mismos. Asimismo, las herramientas de la IA – por ejemplo, tutoriales y asistentes para educadores y alumnos – pueden ayudar a personalizar los procesos de enseñanza, aprendizaje y evaluación por la vía de reforzar los espacios colectivos de socialización y formación.

Un tercer desafío alude a la identidad pedagógica de la IA, esto es, su anclaje en las culturas y conocimientos propios de cada entorno o comunidad de referencia. Alternativamente a una IA hegemónica en contenidos en inglés que provienen del Norte Global, se reafirma la necesidad de una IA localizada que como señala el informe, propenda a “desarrollar criterios que prioricen los contenidos de distintas culturas y minorías indígenas cuyo lenguaje y voz en los medios digitales es marginal” (referencia a Reihana, et al., 2023; OEI & ProFuuro, 2025, p. 59).

Se trata de escrudiñar y transparentar valores, mensajes, supuestos y sesgos que informan los diseños y usos de los algoritmos. La alfabetización algorítmica de educadores y estudiantes, que es consustancial al desarrollo del pensamiento autónomo y crítico, es clave para desempacar la IA, contrarrestar discriminaciones y plantear alternativas. No se trata solo de ser usuarios críticos, sino devenir en generadores, aplicadores, diseminadores y curadores de recursos educativos.

Asimismo, importa ir generando evidencia sobre los impactos que tienen las herramientas de inteligencia artificial generativa (IAG) en el desarrollo del cerebro y en la movilización de capacidades cognitivas. Se trata de un campo experimental en ciernes donde no hay evidencia concluyente.

Bajo tal entendido, Sarah Schwartz, que forma parte del equipo de EducationWeek - organización de noticias independiente que cubre la educación inicial, primaria y media (https://www.edweek.org/-, menciona un reciente estudio, emprendido por investigadores del Massachusetts Institute of Technology, Wellesley College, y el Massachusetts College of Art and Design (2025). Los hallazgos iniciales del estudio permiten aseverar que otorgarle libertad a las y los estudiantes para usar la IA, puede llevar a resultados desoladores. Estudiantes de grado y posgrado que participaron del estudio y que produjeron ensayos con la ayuda de GhatGPT, exhibieron menor actividad cerebral – medida por electroencefalogramas, conocidos como EEG - durante la tarea en comparación con aquellos que se les solicitó que escribieran por su cuenta.

Respecto a quienes produjeron sus ensayos sin apoyo de IA, los usuarios de IA recordaron bastante menos lo que habían escrito y evidenciaron un menor grado de apropiación respecto a su trabajo. Asimismo, evaluadores independientes encontraron que los ensayos elaborados por quienes usaron IA carecían de sello propio y creatividad.

Por otra parte, entre los que produjeron los ensayos por cuenta propia, y a posteriori usaron IA para escribir sobre los mismos, evidenciaron un incremento en la actividad cerebral. Entre otros aspectos, se reflejó en la capacidad de organizar, esbozar y revisar el pensamiento; por ejemplo, con relación al desarrollo de ideas creativas y la integración de múltiples piezas de información, que constituyen el cerno del proceso de escribir (Schwartz, 2025).

Si bien los resultados del estudio, que revisten un carácter experimental - muestra pequeña, no han sido aún revisados por pares ni publicados a junio del 2025, igualmente nos proporcionan algunas pistas preliminares sobre cómo encarar los usos de IAG en los procesos de enseñanza, aprendizaje y evaluación. Nataliya Kosmyna, que es una investigadora en ciencias en el MIT Media Lab y autora principal del estudio, asevera que el timing en los usos de instrumentos como ChatGPT, puede ser de alta relevancia, y destinar tiempo a pensar sobre los temas antes de hacer uso de la IAG, podría constituir un camino por profundizar. En tal sentido, el rol de las y los educadores es clave es apoyar a las y los estudiantes en desarrollar las competencias de escritura y en entender el proceso de escribir (Schwartz, 2025).

Un cuarto desafío versa sobre la capacidad de los países de la región de conformar un ecosistema de política pública que estimule la innovación involucrando diversidad de actores públicos, privados y de la sociedad civil. Ciertamente es cuestión de fortalecer el rol del estado en tanto orientador, estratega y articulador de iniciativas y acciones públicas, privadas y de la sociedad civil, que conlleven a democratizar los aprendizajes como bienes comunes. En efecto, esto implica que la conectividad gratuita en educación, que comprenda conectividad, dispositivos, plataformas, recursos y contenidos, forme parte del derecho a la educación.

El informe de OEI y ProFuturo alude al enfoque sugerido por la UNESCO, en el documento “Directrices para la formulación de políticas y planes maestros de TIC en educación” (2023), que se visualiza como una referencia para desarrollar un ecosistema público en IA. Las directrices refieren a: preconizar la humanización de las tecnologías; estimular la inclusión de diversidad de voces y culturas; evitar el tecno-solucionismo; priorizar el bienestar de educadores y estudiantes; mitigar la huella digital de emisión de carbono; y velar por la privacidad de los datos y la ciberseguridad (Miao et al., 2023).

En la línea de compartir experiencias valiosas de diferentes regiones del mundo, la República de Corea constituye una referencia de tener en cuenta en la promoción de la educación tecnológica, desde una visión de estado garante de oportunidades universales. Se sustenta en una fuerte inversión en infraestructura tecnológica y recursos digitales, en el desarrollo de industrias tecnológicas que apoyan la educación pública basado en el interés nacional y en la apropiación localizada de las tecnologías digitales por los centros educativos. No se contraponen los intereses públicos y privados sino se establece con claridad que el estado lidera el ecosistema de educación tecnológica forjando alianzas con diversidad de instituciones y actores de dentro y fuera del país.

Asimismo, se promueven mecanismos de aseguramiento de la calidad de las tecnologías educativas, su seguridad y confiabilidad, así como un plan riguroso y progresivo de experimentación, evaluación y expansión en el uso de textos digitales que incorporan la IA basado en evidencias y en la calibración de impactos (Asim, Kim & Aedo, 2024).

En síntesis, el informe de investigación coordinado por la OEI y ProFuturo, deja esbozada una agenda promisoria y comprehensiva de desafíos que implican repensar juntamente la educación en su globalidad y la IA a la luz de democratizar y mejorar la calidad de los aprendizajes. Se trata de fortalecer el rol del estado en liderar, y en forjar partenariados con diversidad de instituciones, que coadyuven a transversalizar la IA en el currículo y en la pedagogía sustentada en la triangulación de evidencias.

Los sistemas educativos son quienes tienen que garantizar que educadores y estudiantes adquieran las competencias necesarias, y dispongan de estímulos y apoyos, para que puedan agenciar la educación y ser los artífices de renovadas maneras de enseñar, aprender y evaluar en un mundo permeado por las turbulencias y las disrupciones. La empatía y el diálogo intergeneracional entre educadores y estudiantes es la base insoslayable de educar y aprender. Las tecnologías pueden apuntalar y complementar pero nunca sustituir la interacción cara a cara.

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