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La muerte falsa de Fidel Castro y el infierno de García Márquez

En las redes sociales celebran la llegada de la parca

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22 de abril de 2014 a las 00:00

Una diputada colombiana de cuyo nombre no vale la pena acordarse ha lanzado en estos días un tuit en el que le auguró a Gabriel García Márquez el peor de los destinos de ultratumba. “Pronto estarán juntos en el infierno”, escribió esta mujer en referencia a la amistad que unía al escritor con el expresidente cubano Fidel Castro sin reparar en que Castro también era amigo de Nelson Mandela y que, por tanto, el averno se estaría convirtiendo en lugar imprevisible.

Con mayor o menor virulencia, no son nuevas estas barbaridades humanas que proponen defenestrar a un hombre por sus pasajeras ideas políticas en detrimento de sus genialidades artísticas y eternas.
Hoy le toca a García Márquez, ayer le tocó a Jorge Luis Borges, mañana le tocará a Mario Vargas Llosa.

Y, hablando de odios e ideologías, también en estas horas volvieron a aparecer en los medios de comunicación y en las redes sociales aquellos que desde hace años vienen informando falsamente y celebrando con anticipación la futura muerte de Fidel Castro.

La enumeración de las razones de los odios y de los amores que despierta Castro desde hace más de cincuenta años sería tediosa. Las razones que llevan a sus enemigos – a cientos de kilómetros de Cuba- a enfriar botellas de champagne para descorcharlas cuando muera, resultan inexplicables.

Porque el peor sentimiento que nos debería provocar la muerte de un hombre –a menos que este tenga su bota sobre nuestra propia cabeza- tendría que ser, acaso, el de la indiferencia. Pero está visto que la locura ideológica es capaz de revivir aquel grito de “viva la muerte” del fascismo o el “viva el cáncer” de los antiperonistas.

En definitiva, somos los lectores los que nunca terminaremos de agradecerle a García Marquez las felicidades que nos ha otorgado, y será la Historia la que finalmente condenará o absolverá a Fidel Castro. A los que hoy se ríen pensando en la muerte, la verguenza los absorbió hace ya mucho tiempo.

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