Uruguay es un país chico y dependiente de sus exportaciones y sus ingresos por turismo. Por eso tiene que ser internacionalmente muy competitivo, siempre. Esto es una verdad tan grande que no hay gobierno de izquierda o de derecha que la pueda torcer.
Los militares se olvidaron de esta verdad y nos metieron en la crisis de 1982; los partidos tradicionales hicieron lo mismo y caímos en el desastre de 2002; y ahora la izquierda pensó que los costos y la competitividad no importaban y ya estamos todos preocupados y en caída de nuevo.
Esta vez los buenos precios del exterior han suavizado la presión pero ya empezamos a perder puestos de trabajo todos los días, el endeudamiento empresarial va a empezar a subir, la recaudación de impuestos a bajar. En fin, todos los capítulos que conocemos de una película que vimos demasiadas veces. ¿Por qué se encarece el Uruguay? La respuesta grande es una sola: porque el gobierno gasta de más. A la salida de 2002 Uruguay estaba devaluado y barato; el gobierno gastaba poquísimo.
Nuestros precios de exportación empezaron a subir y el país empezó a crecer desde 2003. El crecimiento trajo más recaudación de impuestos que los esperados (o presupuestados o necesarios) y así nació el llamado "espacio fiscal", o sea impuestos que cayeron del cielo. Lo correcto era usar esos pesos excedentes de impuestos no previstos para comprar dólares y pagar deuda externa; así aumentaba la demanda de dólares en forma genuina y el tipo de cambio se mantenía favorable al Uruguay competitivo y de costos en dólares bajo. En vez de hacer eso, el gobierno gastó y gastó y gastó.
Todo lo que cayó del cielo y más, metiéndose en déficit fiscal creciente en épocas de bonanza nunca vista. Eso derrumbó al dólar (que ya venía presionado por mucha oferta por altos ingresos de divisas por exportaciones e inversiones externas) porque para controlar la inflación que el mismo gobierno generaba aplicaba políticas monetarias contractivas, mientras que las políticas fiscal (gasto excesivo) y laboral (crecimiento salarial forzado y desligado de la productividad) iban en dirección opuesta.
Además, el exceso de gasto estatal no fue a inversiones que bajaran costos como infraestructura y logística, sino a salarios y gastos corrientes. Los dos últimos gobiernos aumentaron el número de empleados públicos (de los que el ex presidente Mujica siempre habló muy mal) en unos 60 mil; esas personas cobrarán para siempre sus salarios y luego sus jubilaciones de los impuestos pagados por todos, encareciendo al Uruguay.
En cualquier organización, la plantilla laboral baja 5% anualmente por muertes, retiros, etc. En los dos últimos gobiernos se nombraron esos puestos y además 60 mil adicionales para atender menos personas en salud pública, menos personas en educación pública (porque los que pudieron se fueron al sector privado por falta de calidad suficiente en el sector público) y los mismos habitantes en materia de seguridad pública.
¿Para que se precisan 60 mil empleados públicos más? La verdad es que no se precisan pero igual los pagamos todos con más impuestos, menos competitividad y menos crecimiento potencial de nuestra economía.
Los políticos que no entienden nada de economía piensan que los costos son problema del sector privado y que si alcanza la plata de impuestos o de deudas, siempre pueden gastar más.
Eso es un error técnico gravísimo y una receta infalible para una pobre performance del país que finalmente perjudica a todos y, especialmente, a los más pobres. Los costos siempre se toman revancha.