Opinión > ANÁLISIS / O. BOTINELLI

La seguridad, el voto y la aguja: entre identificar al culpable y al que la resolverá

Las variables a la hora de elegir a quién votar

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29 de julio de 2018 a las 05:00

Una cosa es que un tema sea el más importante para la gente o el más preocupante y otra cosa es que la postura sobre ese tema incida en la decisión de voto, y en el caso de que incida, en qué dirección lo hace. Un razonamiento bastante simple es: la seguridad pública es el tema que más preocupa, la responsabilidad de la seguridad es del gobierno, por ende, la culpa de la inseguridad es del gobierno, de donde la gente va a votar contra el gobierno por esa razón.

Bueno, la cosa es un poco más complicada. No siempre -la mayoría de las veces- el voto no es determinado de manera univariada. Dicho de otra manera, no es solo un elemento único y aislado el que determina el voto. Pero además es necesario tener presente el aquí. En este confín del mundo hay un sistema de partidos muy estable, constituido por partido longevos: casi dos siglos los dos partidos tradicionales, casi medio siglo el partido gobernante, que a su vez es fusión de corrientes escindidas de ambos partidos tradicionales y de tres corrientes originadas en los albores del siglo XX, vale decir, con más de un siglo.

También es necesario ver que el comportamiento electoral de los uruguayos es muy estable, con pequeños deslizamientos de un bloque al otro, y con deslizamientos también suaves, aunque algo mayores, entre los partidos componentes de cada bloque. No hay saltos abruptos. El país pasó de un bipartidismo blanco-colorado a un nuevo bibloquismo frenteamplista-tradicional o, si se prefiere, a otro bipartidismo dominante blanco-frenteamplista. Ese cambio de arquitectura presenta un elemento singular: en el medio siglo que duró esa transformación, el Partido Nacional ocupó siempre el segundo lugar, con solo dos excepciones (1989, primero; 1999, tercero). El gran cambio fue el enroque entre el primer y el tercer lugar, entre el Partido Colorado y el Frente Amplio, un Partido Colorado que de histórico actor dominante pasó a ser el tercero y un Frente Amplio que de histórico tercero pasó a ser el dominante.

Pero esa mutación formidable lo es menos si se piensa que no se modificó todo el sistema, sino que hubo un enroque entre dos partidos, y el grueso de la arquitectura permaneció con pocas modificaciones. Pero lo más relevante es que ese cambio, mayor o menor, como guste, tardó un tercio de siglo en consumarse.

Dicho esto, hay muy fuertes elementos de permanencia en el voto, que no es un tema electoral sino político: hay una fuerte pertenencia a los partidos políticos, hay una profunda adhesión a los partidos. La cantidad de personas que se consideran pertenecientes a un partido político hoy es el 66% y el voto básico de los partidos se ubica en el orden del 70%. Por tanto, lo que los otros elementos impacten en el voto afecta al 30% de todo el electorado. Sin duda no es nada menor, pero es menos de la tercera parte del total de la pecera.

Y en ese 30% juegan muchos elementos, muchas variables, en el mantenimiento o el cambio de voto, variables algunas de ellas que se contraponen. Por ejemplo. Por un lado: una larga mayoría absoluta de los uruguayos percibe que vive mejor que hace 15 años; todos quienes reciben salarios en empleos seguros y todos los que reciben pasividades (jubilaciones, pensiones) tienen un incremento periódico fijo y seguro por encima del costo de vida. Por otro: la inseguridad frente a la delincuencia que afecta a la larga mayoría de la población, el desempleo que amenaza a un sector determinado, las incertidumbres de quienes trabajan por su cuenta o invierten su capital.

En el juego de variables, de problemas que impactan sobre el ciudadano, hay que sopesar inseguridad, empleo/desempleo, inflación real (es decir, no compensada por el aumento de las ganancias), incremento en los ingresos (salarios, jubilaciones, pensiones), satisfacción con el nivel de ingresos, satisfacción con elementos fuertes de la sociedad, como por ejemplo, el nivel de pobreza y el combate a la pobreza.

Pero esos factores positivos y esos factores negativos que se contraponen llevan a un problema de determinar los respectivos pesos ¿qué pesa más: que uno se siente inseguro frente a la delincuencia o que mejore el ingreso de los hogares? Unos tendrán una respuesta y otros otra. Pero despejado ese punto viene otro. En la suposición de que se llegue a la conclusión que sin duda pueden tener muchos que es preferible no mejorar los salarios pero estar más seguros ante la delincuencia, vienen dos preguntas. Una: ¿quién es el culpable de que la seguridad esté como esté?

Pero aquí viene la segunda pregunta, una vez determinado el culpable ¿algún partido o algún candidato tiene las ideas, la capacidad y la gente para resolver el problema? Porque si se cree que nadie tiene la solución, hay razones para no estar con el que se cree culpable, pero no hoy cómo enfrentar el problema. De donde, no solo debe estar clara la culpabilización del gobierno sino clara la creencia en la existencia de una alternativa. Si no se ve alternativa, no hay swing en el voto.

Porque para que eso impacte sobre el voto tiene que existir la convicción de que esa inseguridad es culpa directa y principal de la acción de alguien a quien se le resta el voto para sumárselo al opuesto; normalmente ese culpable es el gobierno. De donde, debe llegarse a la conclusión que la culpa es del gobierno y hay que cambiar de mandatarios para castigar al culpable.

En resumen, para que la aguja se mueva debe considerarse que el tema es el más importante, que está por encima de cualquier otro tema, que anula las pertenencias partidarias, que contrarresta los beneficios que se reciben por otras variables, que hay un culpable claro al que hay que desplazar y que hay una alternativa política que ofrezca la solución. Si no se dan todas estas condiciones, la aguja no se mueve, no hay condiciones para que se produzca el swing en el voto. Esto es válido para el tema seguridad y para cualquier otro tema, a favor del gobierno y en contra de él. Hay que pensar que el voto, que es una decisión trascendente del individuo, es altamente compleja, multivariada, en que influyen elementos coyunturales (de la etapa histórica) y elementos estructurales.

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