Opinión > ANÁLISIS

La sustentabilidad y la forma de los debates

La discusión sobre el crecimiento económico debería derivar en otros parámetros

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31 de marzo de 2019 a las 05:00

Todo lo extremo es improbable, inexistente, irracional, lanzó el español Antonio Escohotado, durante su visita a Uruguay. Un pensador mayor, con el que se puede concordar o discrepar, pero que a uno siempre le deja la cabeza agitada y estableciendo nuevas conexiones.

Me quedo con esa frase, que pronunció pocas horas después de que se conocieran los datos del Producto Interno Bruto de Uruguay, el gran número que resume el desempeño económico del año pasado. La economía ha crecido 1,6%, que en realidad si sacamos la aleatoriedad de la refinería que en 2017 estuvo parada, es 1%. Y a partir de ahí los dos análisis extremos posibles. Pareciera que estamos condenados a participar de uno de los extremos de los que Escohotado desconfía. Si estamos con el gobierno tenemos que defender que es un resultado espectacular. Si somos oposición tenemos que decir que hemos quedado atrapados en el estancamiento.
Argumentos hay para las dos posturas. Puede decirse que es un gran número porque Argentina va muy mal y Brasil no se recupera. En un contexto adverso hemos crecido 1,6% y empezamos a transitar el dieciseisavo año con crecimiento económico consecutivo, algo inédito en la historia nacional. Suenen bombos y platillos.

Pero resulta que de ese 1,6% que es 1%, indudablemente modesto, la mayoría son los Whatsapp, el Facebook, el Instagram, el Twitter, es decir las telecomunicaciones. Movimiento de datos que crece pero ¿qué empleo genera ese movimiento virtual?  Más allá de ese componente, otra parte del crecimiento lo da el avatar de las lluvias que mejoran la producción agrícola que contrasta con la sequía del último trimestre de 2017. Las lluvias darán lugar a una buena cosecha de cultivos de verano que en 10 días arranca a todo ritmo y va a dar un envión de fundamental importancia en los pueblos del litoral del país. Una posible reactivación que aliviará la sensación recesiva que desde Paysandú hasta San José es muy notoria. Pero eso no es dinamismo. Es azar climático, que juega ahora a favor como antes jugó en contra. No es tendencia. La tendencia es a bajar área en los cultivos principales.

Y resulta que van tres trimestres de crecimiento nulo o negativo lo que es convencionalmente considerado recesión, la palabra innombrable de la economía. Decir que estamos en recesión sería tal vez otro extremismo. Son dos trimestres de retroceso del 0,1%. Una mirada hipercrítica diría que la recesión se ha instalado, pero sería una exageración, como lo es culpar de los números a Macri o a Bolsonaro ocultando el desastre que recibieron después de las administraciones de la familia K y del PT.

Estamos en la economía del empate. Del sumar en la estadística más años invictos de recesión y van 16, pero sumando cinco empates seguidos. Es decir, cuando pasó la ola de las materias primas y bajaron, quedamos a la deriva. No nos hundimos, hacemos la plancha. La carne vale, pero hay la menor cantidad de novillos desde que se empezó a medir en 1974. La cosecha de soja será buena en rendimiento, pero la guerra comercial hace que más de 20 millones de toneladas se acumulen en silos de EEUU y China y el precio caiga. La lana vale, pero los productores de ovinos cansados de los robos y las matanzas de jaurías achicaron sus majadas al mínimo de la historia. El precio internacional de la leche se ha recuperado, pero la cooperativa principal quedó exhausta y todavía no traslada a precios la mejora. La producción de leche de los primeros dos meses del año fue muy baja.

No traerá soluciones ni el discurso de defender a ultranza al gobierno ni atacarlo de la manera más demoledora posible. En realidad de lo que debería tratarse es de cómo revertir todas las tendencias que muestran que la situación actual es insustentable. ¿Cómo revertir la pérdida de empleo persistente? ¿La caída de la inversión que es causa de lo anterior? ¿El déficit fiscal que genera la incertidumbre que desalienta la inversión? 

El debate puede durar horas y cada bando se atrincherará en sus argumentos para demostrar su razón absoluta. Los defensores a ultranza del medio vaso lleno contra los defensores del medio vaso vacío.

¿No sería tal vez mejor derivar el debate a otro parámetro? ¿Qué tal  si la discusión fuera cómo generar un shock en la economía que devolviera el crecimiento a una tasa de por lo menos 3%, capaz de revertir la pérdida de empleo que se ha dado en los últimos años?
La próxima administración deberá generar un shock de confianza. Esta al menos en el agro no tiene cómo hacerlo. En la agenda del presidente no entró ni la Expoactiva, ni el encuentro mundial de  los criadores de Angus ni ninguna cosecha de arroz. La empatía, que en otros tiempos se tuvo, ya ni siquiera se busca.

El país sostiene el mayor invicto de su historia en términos de recesiones, ingresando en su año 16 de crecimiento económico. Crece cada vez menos, debe cada vez más, tiene un déficit fiscal creciente y una desocupación creciente. El consumo se ha frenando y con él la recaudación impositiva. Con una economía estancada se volverá más difícil sostener el grado inversor tan valioso. Sabido es que el próximo presidente deberá hacer todo lo que sea posible para preserva el grado inversor del país que está cada vez mas amenazado. Ese debería ser el debate: cómo lograr la sustentabilidad económica que permita relanzar el crecimiento y recuperar la ilusión de conquistar un desarrollo al que otros países como Chile parecen gradualmente aproximarse.

Las proyecciones sobre las que se decidió el gasto de 2019 no se corresponden con la realidad. Quien asuma en  marzo de 2020, sea del partido que sea tendrá que hacer algo realmente convincente para que el grado inversor se mantenga. ¿Serán más impuestos? ¿O será un shock de austeridad? ¿Cuál será el detalle de la estrategia que se plantea? El próximo presidente, sea quien sea deberá venir con el bomberito y un plan muy claro para rescatar el grado de inversión que va a estar en altísimo riesgo. El listado de reformas pendientes es grande y la urgencia, a partir de los datos de esta semana es mucho mayor.

¿Cómo quebrar la inercia en plena campaña electoral? ¿Cómo restablecer equilibrios? ¿Cómo evitar que nos sigan bajando la nota las calificadoras? ¿Cómo lograr el equilibrio fiscal sin que lo padezcan abusivamente a los más débiles de la sociedad? ¿Será que este despertar del dólar está indicando el comienzo de una etapa de sinceramiento económico?
La posibilidad está de que la discusión de campaña sea más sobre las soluciones para la muy difícil encrucijada que sobre culpables. Es difícil por la lógica política de capturar votos apelando a emociones –a veces hasta emociones naives-. Pero es  lo que debería pasar en una democracia madura, un debate de soluciones para los problemas que son más evidentes que nunca. El crecimiento al 1% con un déficit de 4,3% y creciendo es insustentable. ¿Entonces? 

 

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