La Guerra del Peloponeso se desarrolló entre los años 431 y 404 antes de Cristo, enfrentando a Atenas y Esparta, las dos principales ciudades-estado de la Antigua Grecia, y sus respectivos aliados. Tucídides, un general ateniense que participó en esta guerra, relató los pormenores de la misma en su Historia de la Guerra del Peloponeso, uno de los primeros libros de historia y un clásico de la Antigüedad. En dicho libro Tucídides afirma que “fue el ascenso de Atenas y el miedo que esto infundió en Esparta lo que hizo que la guerra fuera inevitable”.
En un artículo del Financial Times del 21/08/2012 el politólogo estadounidense Graham Allison puso de moda la expresión “la trampa de Tucídides” como una metáfora para referirse al conflicto entre un poder ascendente que rivaliza con un poder dominante. En ese mismo artículo Allison sostuvo que China y Estados Unidos son respectivamente los actuales equivalentes de Atenas y Esparta.
En un artículo en The Atlantic del 24/09/2015 Allison presentó los resultados de un estudio histórico de 16 casos de los últimos 500 años en los que se produjeron conflictos según el esquema de “la trampa de Tucídides” y dijo que 12 de los 16 casos terminaron en guerras directas entre las dos potencias rivales. La primera de esas doce guerras fue la que enfrentó a Francia (el poder dominante) y los Habsburgo (el poder ascendente) en la primera mitad del siglo XVI. Las últimas tres fueron la Primera Guerra Mundial y la Segunda Guerra Mundial, esta última dividida en dos: la guerra en Europa y la guerra en el Pacífico. De los cuatro casos que no terminaron en una gran guerra, el más notable fue el conflicto entre los Estados Unidos (el poder dominante) y la Unión Soviética (el poder ascendente) en el período de la Guerra Fría (1945-1991).
Opino que el principal mérito del final pacífico de la Guerra Fría fue del Presidente Ronald Reagan (1981-1989). Reagan consideró acertadamente al régimen comunista soviético como un “imperio del mal” y, retrucando a Trotsky, predijo que “la libertad y la democracia dejarán al marxismo y al leninismo en el montón de cenizas de la historia”. Se dice que, poco después de asumir la Presidencia de los EE.UU., Reagan se reunió con el Consejo de Seguridad Nacional. Primero los expertos le presentaron varias estrategias complejas para lidiar con el rival soviético tratando de mantener el statu quo. Luego le preguntaron si tenía algún nuevo lineamiento para proponer. Reagan respondió: “¿Qué tal esto? Nosotros ganamos y ellos pierden”.
La firmeza es esencial al enfrentarse a un poder totalitario. Los gobiernos británico y francés aprendieron esto por las malas un año después de capitular en Munich en 1938 frente a las ambiciones de Hitler para tratar de apaciguarlo. En una época en la que muchos occidentales, asustados ante lo que parecía una cercana victoria del comunismo soviético, se inclinaban a un “pacifismo” derrotista, expresado en el famoso lema “mejor rojos que muertos”, Reagan siguió la estrategia contraria a la de Chamberlain y Daladier en 1938. Así, a la larga, obtuvo un gran triunfo de la democracia y la caída del comunismo en la URSS y en Europa Oriental.
Como dice Allison, hoy estamos de nuevo en la situación de “la trampa de Tucídides”: Estados Unidos es la potencia dominante y la China comunista es la potencia ascendente. ¿Se llegará a una guerra entre estas dos superpotencias? Al igual que el difunto régimen soviético, el actual régimen chino aspira a extender la revolución comunista al mundo entero. Este “internacionalismo” imperialista está en el ADN del comunismo y sólo desaparecerá cuando caiga el régimen comunista. El resultado del conflicto dependerá pues de la actitud que asuman las naciones occidentales, y particularmente los Estados Unidos, ante esta amenaza existencial. En este peligroso conflicto, el pueblo chino no es nuestro enemigo, sino la primera y mayor víctima de la terrible opresión de un régimen totalitario que cuenta con sistemas de vigilancia electrónica que le permiten controlar continuamente a la mayoría de los habitantes del país.
El libro de estrategia militar Unrestricted Warfare (Guerra Irrestricta), publicado en 1999 por dos coroneles del Ejército chino y recientemente filtrado a Occidente y traducido del chino al inglés, sugiere que el Partido Comunista de China sigue una estrategia de guerra económica, comercial, cibernética, legal y diplomática contra los EE.UU., buscando derrotarlo en lo posible sin recurrir a la guerra militar directa, terreno en el que los EE.UU. aún son más poderosos que China.
Michael Pillsbury, uno de los principales expertos estadounidenses en política exterior, apoyó durante mucho tiempo la política de ayuda estadounidense al desarrollo de la China comunista. En 2015 reconoció públicamente su error en su libro La maratón de cien años. La estrategia secreta de China para reemplazar a los Estados Unidos como la superpotencia mundial. Según The Wall Street Journal, en ese libro Pillsbury escribió lo siguiente: “Creíamos que la ayuda estadounidense a una China frágil cuyos líderes pensaban como nosotros ayudaría a China a convertirse en una potencia democrática y pacífica sin ambiciones de dominio regional o incluso global… Retrospectivamente, es doloroso que yo haya sido tan crédulo".
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