En el El País de Madrid de este domingo el filósofo y ensayista surcoreano Byung-Chul Han, profesor, precisamente, en la Universidad de las Artes de Berlín, en un extenso y documentado artículo comparaba la gestión de la crisis sanitaria en Asia y occidente y, de alguna manera, le replicaba a Merkel y a los líderes del viejo mundo.
“Europa está fracasando”, escribió, y advirtió sobre un regreso a la época de la soberanía en lugar de una intensa cooperación dentro de la Eurozona.
El artículo de Han se plantea, como punto central, responder la pregunta de ¿qué ventajas ofrece el sistema de Asia que resultan eficientes para combatir la pandemia?
Alude, en primer lugar, a la tradición autoritaria derivada del confucianismo que permea por igual de Japón a Singapur, y no solo a China, con poblaciones más obedientes y que confían más en sus Estados que en el caso de las naciones europeas.Por tanto, son lejanas las preocupaciones democráticas presentes en las palabras de Merkel.
Y, en segundo lugar, a una fuerte apuesta por la vigilancia digital. “Se podría decir que en Asia las epidemias no las combaten solo los virólogos y epidemiólogos, sino sobre todo también los informáticos y los especialistas en macrodatos”, puntualiza Han.
Además, destaca, que se trata de un cambio de paradigma “del que Europa todavía no se ha enterado”.
Han afirma que en todo Asia, incluso en sistemas más liberales como Japón y Corea del Sur, es inexistente una conciencia crítica sobre la vigilancia digital y “nadie se enoja por el frenesí de las autoridades de recopilar datos de sus ciudadanos”.
Este filósofo surcoreano experto en temas culturales, crítico del capitalismo, la tecnología y la sociedad del trabajo, apunta que en China “no hay ningún momento de la vida cotidiana que no esté sometido a observación”.
Las autoridades, explica, han instaurado un sistema de compensación social, que le da puntos o le quita, a aquellos ciudadanos que el reporte digital permite identificar tanto si cruzan con un semáforo en rojo como si tienen tratos con críticos del régimen.
“Hay 200 millones de cámaras de vigilancia (…) dotadas de inteligencia artificial pueden observar y evaluar a todo ciudadano en los espacios públicos, en las tiendas, en las calles, en las estaciones y en los aeropuertos”, consigna Han.
Entre los proveedores de Internet y de telefonía móvil hay un intercambio fluido de datos porque el concepto de protección de datos, tan extendido y debatido en las sociedades occidentales, es aquí casi desconocido, en correspondencia con lo anticuado del término “esfera privada”, de tanto celo en la mayoría de los países europeos y americanos.
¿Otra soberanía?
Esa estructura de vigilancia digital explica como China, y las demás naciones del sureste asiático, le han hecho frente a la pandemia que, ahora, luce en aparente control.
Al salir alguien de la estación del Metro en Pekín es captado por la cámara que mide su temperatura, si está fuera de lo normal puede identificar a las personas que iban sentadas en el mismo vagón y mandarles una notificación a sus celulares. Incluso se usan drones para controlar las cuarentenas.
“El Estado sabe por tanto dónde estoy, con quién me encuentro, qué hago, qué busco, en qué pienso, qué como, qué compro, adónde me dirijo. Una biopolítica digital que acompaña a la psicopolítica digital que controla activamente a las personas”, subraya Han.
En Wuhan, la ciudad del centro de China dónde se detectó el virus a fines de diciembre y que lleva dos meses en cuarentena y bajo severas medidas de control, que ahora empiezan a aflojar, miles de equipos de investigación digital identificaron a los infectados y a los que tenían que seguir bajo observación.
Han sentencia, frente al dilema occidental, el advenimiento de otro concepto de soberanía, según el cual es soberano “quien dispone de datos” y reitera que cuando Europa establece el estado de alarma o cierra fronteras“sigue aferrada a viejos modelos”.
El historiador y escritor israelí Yuval Noah Harari cuestiona, en la misma línea de Han, el “aislamiento nacionalista” en contraposición a la “solidaridad global”que debería prevalecer frente a la crisis de la pandemia del coronavirus, como analiza en un artículo para Financial Times.
Encerrarse dentro de cada frontera o compartir experiencias, equipos y medicamentos, es de una de las dos elecciones que el mundo debe hacer en ese particular momento, de acuerdo a Harari. La otra, es escoger entre la “vigilancia totalitaria” y el “empoderamiento de los ciudadanos”.
Si a los ciudadanos se les pidiera elegir en el medio de esta crisis entre sacrificar parte de su libertad y garantizar su salud, la respuesta sería obvia.
Harari advierte que los sistemas de vigilancia digital no se circunscriben a los países asiáticos y, al respecto, menciona el caso de su propio país, Israel, en el cual el primer ministro Benjamin Netanyahu planteó usar tecnología de espionaje aplicada en batallas contra el terrorismo para contener la expansión del coronavirus y cuando el Parlamento se lo negó, lo incluyó en un decreto de emergencia.
El historiador israelí, profesor en la Universidad Hebrea de Israel, alerta sobre hasta dónde llegara la vigilancia digital en los próximos años.
El punto clave para Harari es si de esta forma se legitimaría un sistema de vigilancia que puede resultar aterrador: además de saber la temperatura corporal, la presión y los latidos del corazón, también se puede saber qué hace reír, llorar o molestar a una persona.
Harari está de acuerdo con medidas de vigilancia digital temporales mientras dure una crisis de este tipo global, pero advierte que se convierten en duraderas porque siempre hay una en el horizonte.
Y recuerda otra vez el caso de su país, cuando Israel declaró un estado de emergencia en 1948 durante la guerra de independencia que solo se levantó en 2011.
Harari llama la atención sobre la importancia de hacer la elección correcta porque están en riesgo las libertades al pensar que es la única manera de conservar nuestra salud.
Angela Merkel lo dijo con otras palabras “Somos una democracia. No vivimos de imposiciones, sino de conocimientos compartidos y participación. Esta es una tarea histórica y solo podemos superarla unidos", afirmó.