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12 de marzo 2021 - 15:01hs

Esta fue una semana muy dura para el gobierno. Los escándalos políticos empezaron hace una semana, el viernes 5 a la tarde, cuando se conoció una resolución de la ministra de Economía, Azucena Arbeleche, concediendo una exoneración tributaria al estudio privado del director de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto (OPP), Isaac Alfie.

Siguieron lunes, martes y jueves con otros casos. Primero fueron dos bombas de la cancillería: se conoció la resolución para habilitar el pago de un almuerzo para 11 personas entre autoridades de los ministerios de Relaciones Exteriores y Economía por $ 33 mil  y al otro día la resolución para la compra de 10 engrampadoras a más de US$ 4.000. Por último el jueves explotó otro episodio, que involucró a un funcionario de menor jerarquía pero mucho peso político por ser uno de los dirigentes más cercanos del líder de Cabildo Abierto, Guido Manini Ríos. El semanario Búsqueda  publicó la grabación de una conversación privada del entonces director de ASSE Enrique Montagno,  en la que además de criticar a los socios de la coalición se jacta de haber montado una “estructura gigantesca” en el organismo público y haber colocado a 135 personas.

¿Qué nos dejan estos cuatro episodios? Varias conclusiones políticas sobre el gobierno y la oposición. Aquí te comparto cinco de ellas:

 

1- Lacalle Pou como bombero

Presidencia El presidente Lacalle Pou se ha transformado en un bombero

El presidente ha demostrado desde el día uno del gobierno una forma novedosa (en la comparación con los anteriores mandatarios) de ejercer la autoridad cuando hay un problema político: actúa como un bombero que concurre de forma exprés al lugar donde explotó la bomba y trabaja también muy rápido para apagar de la forma más efectiva posible el incendio que generó ese episodio.

Dos ejemplos de ello: este jueves 11, luego de la publicación de Búsqueda y poco después de las 7 de la mañana, Lacalle ya estaba enviando mensajes y hablando con jerarcas y dirigentes de la coalición para lograr que Montagno, el director de ASSE, no siguiese en el cargo. Antes de las 10 ya tenía la renuncia del dirigente de Cabildo Abierto. El bombero había podido apagar el fuego rápido, por más que luego quedaran daños de imagen más difíciles de reparar.

Ejemplo 2. El viernes 5 por la tarde, cuando se conoció la resolución de Arbeleche sobre Alfie, no pasaron más de cuatro horas para que el director de la OPP decidiera —luego de una charla con el presidente— renunciar al beneficio tributario. Esa no había sido la primera reacción de Alfie, que se justificaba en privado de hacer algo absolutamente apegado a derecho y a lo que estaba habilitado. Pero el presidente calibró de otra manera el impacto ético de la decisión.

 

2- La falta de olfato de Arbeleche

Camilo dos Santos La ministra Arbeleche firmó en febrero 19 resoluciones similares a la de Alfie

Lo otro que deja este episodio es un contraste entre esa capacidad política muy fuerte del presidente para actuar rápido y el poco olfato político de la ministra de Economía para detectar que un simple trámite administrativo y muy rutinario como es firmar una resolución de promoción de inversiones —solo en febrero firmó 19 resoluciones de exoneraciones iguales a esa — podía generar un lío político gigante dado que el beneficiario era una figura clave del Poder Ejecutivo. Se puede ser un excelente técnico, pero eso no necesariamente te hace un buen político y si bien Arbeleche ha crecido mucho en ese aspecto, este episodio demostró que el olfato no es algo simple de adquirir.

 

3- El pudor: la importancia de no perderlo con el tiempo

Esa forma de reaccionar de Lacalle Pou demuestra que el presidente tiene algo que es muy sano para un gobierno: pudor. La reacción a todos estos episodios de la semana demuestra que al gobierno le genera vergüenza que pasen estos episodios e intenta enmendar rápidamente la situación.

Si analizamos con retrospectiva, cuando comenzó el ciclo progresista pasaba algo similar. La reacción de Tabaré Vázquez —más que nada cuando asumió como intendente de Montevideo, pero también durante el primer gobierno nacional del Frente Amplio— era de cortar por lo sano ante cualquier situación con apariencia de desliz. Por ejemplo, en la IMM destituyó a Benjamín Liberoff —que luego se demostró que era inocente de lo que se lo acusaba— y a Carlos Coitinho. Desde el gobierno destituyó al presidente de ANTEL, Edgardo Carvalho. Al principio de su gobierno, José Mujica también realizó algunas destituciones —presidente de ASSE, por ejemplo—, pero sobre el final del mandato y sobre todo en el tercer gobierno, el FA pareció haber perdido ese pudor inicial. Ya no le entraba ninguna crítica y en casi todos los casos —algunos más duros que los que provocaron las destituciones o que estos que se discuten esta semana— el gobierno veía operaciones o conspiraciones para debilitarlo. Y quien se debilitaba, en todo caso por la inacción, era el propio gobierno.

 

4- La otra cara de estos episodios: si pasa, pasa

Camilo dos Santos Bustillo está siendo objeto de un escrutinio fino

Los puntos 1 y 3 son la forma buena de mirar estos episodios, pero hay otra cara no tan luminosa. Lo grave de los casos de Alfie y de Bustillo no es tanto el fondo de la cuestión, sino el proceso que se tuvo que dar para que se encauzaran. Se tuvo que hacer público a través de los medios de comunicación y las redes sociales para que hubiese una marcha atrás. Tuvo que intervenir el presidente en el caso de Alfie para que el jerarca, 25 días después de recibir la resolución, renunciara al beneficio. Todo eso lleva a una hipótesis: si los casos no saltaban, pasaban sin problema. Una inversión privada de Alfie era “promovida” por el equipo económico que él integra y la cancillería pagaba $ 33 mil por unas milanesas con puré para 11 personas.

En esta actitud de “si pasa pasa” el FA pudo haber golpeado más fuerte al gobierno. Pero la izquierda sigue sin encontrar su mejor tono para volver a ser la oposición fuerte que fue hasta el 2004. Los 15 años de gobierno le pesan mucho.

El presidente de la coalición Javier Miranda, hizo una conferencia el lunes en la que salió con un tono muy enojado a pedir la renuncia de Alfie. El Partido Socialista horas antes había pedido también la renuncia de Arbeleche. Son muy recientes todas las cosas que la izquierda dejó pasar desde el gobierno para que ahora reclame una actitud que no tuvo desde el poder.

 

5- Si bien no hay imprescindibles, hay jerarcas clave para Lacalle

Leonardo Carreño El director de la OPP, Isaac Alfie

La reacción que Lacalle tuvo con Montagno, así como la había tenido el año pasado con el entonces presidente de Antel Guillermo Iglesias  o el entonces presidente de la Corporación Nacional para el Desarrollo, Miguel Loinaz, entre  otros casos, no es la misma que tuvo con Alfie o con Arbeleche.

Alfie y Arbeleche son clave para Lacalle. Y si bien es cierto que no se puede comparar un error de falta de tino político como el que tuvo la ministra con los episodios de todos los cesados, en el caso del director de la OPP ya es el segundo episodio en el que queda mal parado en un año de gestión. El anterior fue por su participación en el juicio que Aratirí le hizo al Estado.  La diferencia para Lacalle en ese caso está en que el dirigente colorado le dijo antes de asumir al presidente que estaba esta situación planteada y por tanto no fue una sorpresa, como sí lo fue la exoneración tributaria conocida esta semana.

Lo que pesa para el mandatario es la magnitud de los hechos y no solo el peso de los jerarcas, dicen en Torre Ejecutiva. Pero sin dudas que para que caiga un peso pesado de los que son sostén para el mandatario, la macana debería ser mayor.

 

Soy Gonzalo Ferreira, editor jefe de El Observador. Podés escribirme a este mail por sugerencias y comentarios.
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