El imaginario popular, en este caso con bastante certeza, conjetura un votante nacionalista mayormente afincado en el interior del país y, en el caso de que viva en Montevideo, lo ubica en algún lugar al sur de avenida Italia, preferentemente en los caros barrios costeros.
Es evidente que ese respaldo por sí solo no alcanza para llegar al poder y si no que lo diga la Historia que le asigna a los blancos solo tres elecciones ganadas en todo lo que va del periplo democrático del Uruguay.
Durante décadas, los barrios pobres de Montevideo han sido el lugar en donde el Partido Colorado se asentó con mayor comodidad gracias a una prédica batllista que, con hechos y palabras, le dio cabida a los uruguayos más necesitados.
Con el reciente derrumbe electoral del Partido Colorado, los blancos volvieron a quedar mayormente relegados del favor de las barriadas más populares.
Allí recaló con fuerza en los últimos años el discurso del Frente Amplio que, nacido de sectores de la clase media universitaria, se ganó, a fuerza de palabras pero también de evidentes planes sociales, buena parte del voto de los pobres y de aquellos que, en la jerga de la izquierda, componían el lumpejane desclasado.
Lo anterior describe un panorama que el líder nacionalista Jorge Larrañaga (Futuro Nacional) no desconoce y que, por tanto, se le presenta como una inquietud cada vez que piensa en la mejor manera de desplazar al Frente Amplio del gobierno.
Por eso reservó buena parte de su agenda de campaña a la tarea de desarrollar un “despliegue táctico” en los barrios que se le han presentado con dificultades al Partido Nacional. Es así que sobre fines del año pasado realizó una veintena de asambleas vecinales en barrios como Casabó, Cerro, Colón, Casavalle, Conciliación, Cerrito de la Victoria y Belvedere. Allí se reunió con los concejales vecinales y municipales que responden a su sector, se los presentó a los vecinos que le salieron al paso e incluso en el Cerro se comprometió a construir un hospital que desagote la policlínica zonal desbordada de usuarios.
El “relato”
Integrantes del comando de campaña de Larrañaga dijeron a El Observador que esa estrategia está destinada principalmente a combatir con mejores instrumentos a Tabaré Vázquez pero también sirve para barrer en el frente interno ya que buena parte de los votos blancos en los barrios periféricos están en manos del viejo Herrerismo.
En 2014, Larrañaga retomó la actividad en los barrios del norte y del oeste montevideano. La pasada semana estuvo en Manga, Piedras Blancas, barrio Ituzaingó y Cerrito de la Victoria acompañado por el diputado Jorge Gandini (lista 250) quien aspira a ser intendente de la capital.
Gandini es uno de los dirigentes blancos que con mayor énfasis ha expresado la necesidad de que el Partido Nacional se despoje del lastre ideológico que lo emparenta con un grupo de “pitucos” y de estancieros.
“Eso empezó a cambiar. Antes, en buena parte de la zona norte nos gritaban de todo, no podíamos entrar. Ahora no tenemos ningún problema y, a veces, los que se llevan los gritos de repudio son los del Frente”, dijo Gandini a El Observador.
El parlamentario consideró que eso sucede porque “se está rompiendo el relato” que le asignaba a la izquierda la condición de “impolutos” y de únicos propietarios de las buenas intenciones.
Hoy Larrañaga recorrerá junto a la diputada Verónica Alonso los barrios Maracaná, Cerro, Casabó y Santa Catalina.
En las elecciones pasadas, los blancos recogieron dos tercios de sus votos en el sureste de Montevideo y un tercio en el noroeste. Mantener el respaldo en los barrios más ricos, y crecer en los barrios más pobres es una tarea que los blancos creen posible aunque la historia lejana y la reciente todavía insiste en jugarles en contra.