19 de enero de 2023 15:28 hs

Las nuevas formas de emprender modificaron el relacionamiento entre los principales jugadores del ecosistema de startups. En este sentido, dentro del sistema de venture capital, es decir, de las inversiones a través de acciones que sirven para financiar compañías de pequeño o mediano tamaño, se destacan estructuras legales alternativas que difieren de las tradicionales y que han aumentado su popularidad en los últimos años.

En Uruguay, la ley 19.820 de fomento al emprendedurismo incorporó las Sociedades por Acciones Simplificadas (SAS). “Este es un vehículo jurídico más eficiente en tiempo y costos a la hora de su constitución, que además prevé una mayor autonomía de la voluntad para su regulación y funcionamiento”, señaló el abogado Guillermo Lorbeer, del estudio Bragard Abogados.

A su vez, destacó que, desde los países que tienen un ecosistema más maduro, se han ido desarrollando nuevas figuras contractuales que aspiran a “atender las necesidades del ecosistema emprendedor”, entre la que se destacan los Acuerdos Simplificados para Acciones Futuras (SAFE, por sus siglas en inglés). Este es un contrato ideado y patrocinado por la aceleradora de Silicon Valley Y Combinator en el año 2013 que ha crecido en su popularidad.

“Está pensando para un financiamiento en las etapas tempranas de los emprendimientos, en el cual el inversor le entrega una suma de dinero al emprendedor a cambio de un compromiso de adquisición de participaciones en su compañía en un evento de liquidez futuro, por ejemplo, en una ronda de financiamiento o en la venta de la compañía, ya sea con un descuento en el precio por acción o estableciendo una valoración máxima de la empresa”, explicó el experto.

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Los tradicionales

Los SAFE tienen un papel más eficaz que las herramientas tradicionalmente usadas para estas operaciones, como los contratos de compraventa de acciones (SPA, por sus siglas en inglés) o las notas convertibles.

Lorbeer explicó que si bien los tres contratos pueden tener un efecto económico similar, jurídicamente tienen grandes diferencias.

Los SPA consisten en el intercambio de participaciones en una compañía por determinado precio. En este sentido, este contrato normalmente otorga todos los derechos económicos y políticos establecidos en la participación. La principal desventaja es que al momento de la firma las partes deben estar de acuerdo en la valuación de la compañía, situación que en este tipo de negocios no resulta fácil”, comentó el abogado de Bragard.

Es por esta razón que el ecosistema emprendedor incursionó en la suscripción de notas convertibles, que son contratos de financiamiento que en un plazo predeterminado le otorgan al inversor derechos de participación en la compañía, conocido como equity. “Estos instrumentos son de financiamiento, pero en lugar de ver repagado su capital con intereses, el inversor recibe en un momento futuro  equity en la compañía”, añadió Lorbeer.

Como una tercera evolución de esta dinámica aparecen los SAFE,  un mecanismo en donde al igual que en las notas convertibles no se otorgan derechos económicos y políticos naturalmente, y la valuación de la compañía queda para una instancia posterior. 

El uso del SAFE presenta ventajas competitivas respecto de las notas convertibles. ya que éstas son similares a la deuda financiera, al contar con una fecha de vencimiento, intereses y hasta garantías, lo que genera mayores costos de honorarios y más tiempo de negociación.

Para finalizar, Lorbeer aconsejó a cada inversor evaluar la viabilidad de las figuras jurídicas para cada caso, considerando la conveniencia de adquirir los derechos propios de una participación accionaria o, por el contrario, “instrumentar alguna de las alternativas que, con el debido asesoramiento, pueden propiciar el nacimiento y expansión de negocios disruptivos”.

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