P, A, E e I. Estas letras no significan nada al verlas de forma aislada, pero son esenciales para el desarrollo de una organización. Significan Producir, Administrar, Emprender e Integrar. Todas deben funcionar equilibradamente en las distintas etapas de una empresa para crecer, prosperar y perdurar en el tiempo. La falta de una puede significar su fracaso.
Estos conceptos los presentó Nicolás Jodal, CEO de GeneXus Internacional, en una nueva actividad de Más Emprendedoras que se llevó a cabo el pasado miércoles. Su exposición consistió en responder a la incógnita de ¿qué hace que una organización envejezca? Para hacerlo recurrió a su teoría de la importancia de las cuatro vitaminas en una empresa.
Para el experto la primera vitamina que se necesita es saber cuál es su propósito de una empresa. Si bien la respuesta obvia es ganar dinero, no es la correcta. El propósito de una organización es satisfacer la necesidad de los clientes; si se cumple esto, se obtiene ganancia. Esta vitamina P (producir) se ocupa de qué hay que hacer con foco en el cliente.
Pero se necesita más. La A (administrar) se ocupa del cómo hacerlo y se basa en un reglamento a seguir. Los grandes fabricantes de A son “los abogados y escribanos”.
Pero los clientes y necesidades cambian, y el éxito de hoy no asegura el de mañana. Así que se precisa una tercera: la E (emprender). No hay que adaptarse a un futuro sino crearlo para obtener eficacia a largo plazo. Y para hacerlo se requiere de dos componentes: creatividad y capacidad de arriesgar.
Pero para triunfar se requiere de un último componente: el I (integrar). Es la capacidad de una empresa de suceder a sus fundadores. Una organización integrada siente lo que pasa en el resto de la organización y trata de que todo continúe fluyendo.
Se necesitan las cuatro vitaminas, pero no en el mismo ciclo de vida. Entonces, ¿qué hace que una organización envejezca?
Una vitamina para cada ocasión
Al comenzar una empresa se necesita la vitamina E, es cuando uno o varios fundadores se juntan con una idea. En ese momento, todo es sueño, ilusión y ganas de conquistar el mundo. Esa etapa es el “noviazgo”. “¿Cuál es la principal causa de muerte de este momento? La falta de compromiso. Hay una idea, pero no se hace nada. Fue una aventura nomás”, explicó el CEO de GeneXus.
Ahora, si se adopta el compromiso, nace una organización. En este período, se tiene que producir un cambio de vitaminas. La E se sustituye por la P. En la primera etapa se desarrolla una idea y, en la segunda, se tiene que concretar. Por eso lo esencial es producir. El mayor peligro es la “mortalidad infantil”, es decir, la idea no era tan buena como se pensaba que era.
Si prevalece, se entra en la etapa del “toca – toca”. Es el momento en que se empieza a caminar y, como un bebe, toca todo. Sabe lo que puede hacer, pero no lo que no tiene que hacer, es muy peligroso. “Por lo general, a los fundadores se les ocurre hacer de todo, se meten en muchos rubros, y creen que pueden hacer cualquier cosa, que son geniales”, comentó. El problema ahora está en la denominada “trampa del fundador”, jefe que domina todo y solo tiene mandaderos.
Pero si sobrevive, alcanza la “adolescencia” y nace la vitamina A. En este momento, hay una disyuntiva entre la vitamina A – E. Se produce una lucha interna entre la A, que quiere seguir el reglamento, y la E, que quiere hacer cosas distintas. Esta etapa es muy inconsistente y puede provocar el fin de una empresa.
¿Quién gana en esta lucha? Por lo general la A, porque es la empresa que tiene y quiere conservarla hasta el final. A diferencia del E que piensa que puede crear otra idea, tiene un plan de respaldo. Un claro ejemplo de esto es la historia de Steve Jobs. La empresa estaba en la etapa de “toca – toca”, tenía mucho éxito pero era un descontrol. Se decidió contratar a John Sculley, gerente general de Pepsi. Lo convenció con una frase muy famosa: “Vos querés seguir vendiendo toda tu vida agua con azúcar o querés cambiar al mundo”. Esa es una típica frase de un E, subrayó Jodal.
Sculley aceptó la propuesta, pero cuando llegó a la oficina se encontró con un caos y que se hacía todo lo que se le ocurriera a Jobs. Optó por solucionar el problema echando al fundador. ¿Por qué Jobs no peleó más? Porque se tenía fe, creía que podía crear otra. En ese divorcio el emprendedor frustrado se va y funda otra empresa. Es probable que el que queda provoque que la empresa envejezca prematuramente.
Pero si se logran aplacar los conflictos, se llega a la plenitud. Es el mejor momento de la compañía, pero hay que tener cuidado con no dormirse.
El declive
Si avanza, se entra en la madurez, y asecha la pereza para encontrar nuevas ideas. En definitiva, se pierde la E. Este hecho hace que descuide a nuevos clientes.
“El balance es muy bueno en la madurez, pero es mejor estar en la plenitud para continuar triunfando”, explicó el CEO.
Si se pierde la E, también la P, y se termina fabricando un producto obsoleto. Se entra en la “aristocracia”. Se factura cada vez más, y como la empresa tiene prestigio, se sube el precio del producto. Durante un tiempo, funciona bien, pero pierde a largo plazo.
La solución que suelen tomar es la de comprar una empresa que esté en el “toca – toca”. Pero el dueño de ese tipo de empresa es incompatible con el de una aristocracia. El resultado es una explosión. Se reconoce el fracaso, por primera vez, y se busca culpables. El escogido es el gerente comercial o de marketing, quien tiene mucha E. Así que echan a los pocos E que quedaban y se entra en una “burocracia temprana”. Acá, el I sigue siendo fuerte.
Luego, se alcanza la “burocracia”, en la que solo subsiste la A. Nadie tiene ideas ni produce nada. Puede subrevivir muchos años si tiene un soporte externo. Pero si se corta, muere.
En definitiva, los emprendedores deben tener mucho cuidado en no caer en estas situaciones y provocar un envejecimiento prematuro de la institución. No obstante, Jodal remarcó que la muerte de una empresa produce oportunidades a otras. Así funciona la sana competencia.