Opinión > BIENESTAR FINANCIERO

Argentina y las lecciones de la falta de confianza

El mercado financiero quedó en un estado de enorme fragilidad y la probabilidad de escenarios extremos aumentó significativamente en la vecina orilla

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04 de septiembre de 2019 a las 22:02

Pasó lo inesperado. Los Fernández sacaron 15 puntos de ventaja a Macri – Pichetto en las PASO. Al día siguiente el dólar se disparó, el mercado accionario argentino cayó casi 50% en dólares y los bonos sufrieron un desparramo colosal. 

El mercado financiero quedó en un estado de enorme fragilidad; el rango de escenarios posibles se amplió y la probabilidad de escenarios extremos aumentó significativamente. 

Desde Nueva York, Londres y Tokio llamaban a sus contrapartes argentinas para darles el pésame. Mientras, en las “mesas”, los operadores argentinos, desde muy temprano en sus puestos de trabajo, buscaban rearmarse, reinventarse y ver como sobrevivir a un nuevo tsunami. 

En los días siguientes las noticias se sucedieron: el cambio de ministro de economía, la reprogramación de deuda, el cepo cambiario, la des-reprogramación. 
Mientras, los profesionales de inversión intentan interpretar las medidas y el impacto en el mercado. Y el país entero sigue los vaivenes del dólar y los diferentes episodios en la disputa de poder. 

El mercado en dos imágenes

La convulsión que está experimentando el mercado argentino tiene múltiples causas, algunas de las cuales se representan en las siguientes imágenes: 

 

En el gráfico se representan las curvas de rendimiento de bonos soberanos de varios países de América Latina y Estados Unidos.

La curva argentina no solamente presenta valores extremos (el bono en dólares que vence en un año tiene un rendimiento esperado superior a 100% mientras que los bonos uruguayos a similar plazo tienen una rentabilidad esperada levemente superior a 2%) sino que tiene una forma diferente. 

Es que argentina opera con otra lógica. Usualmente a mayor plazo, mayor rendimiento. Pero en Argentina los precios de los bonos están descontando un default. Así, sus precios son cercanos a lo que los analistas estiman se recuperaría en caso de cesación de pagos: entre 30 y 40 centavos de dólar. 

Argentina debe financiar su abultado déficit en una moneda que no emite: en dólares. Y tiene que afrontar grandes vencimientos en el corto plazo. 

Estados Unidos y Japón (este último con una deuda como porcentaje del producto de 250%) tienen una deuda enorme y pagan tasas bajísimas o incluso negativas. Pero su deuda está denominada en la moneda que ellos emiten (dólares y yenes, respectivamente). 

El endeudamiento de Brasil es, también, elevado en términos relativos pero está mayormente denominado en reales. Y en nuestro caso,  aproximadamente la mitad de nuestra deuda está en pesos uruguayos. 

La devaluación, que llevó a la deuda como porcentaje del producto a 100%,  erosionó aún más la capacidad de pago de Argentina. 

Condenada por su historia

La principal causa de esta debacle no son los datos anteriormente expuestos sino la falta de confianza, que lleva a los inversores a no querer financiar a Argentina y a los argentinos a atesorar dólares – y hacerlo fuera del sistema financiero de su país. 

Falta de confianza que se explica más por la historia de incumplimientos y políticas erráticas, la sucesión de populismo, seguido de austeridad y nuevamente populismo y por la falta de un consenso en temas básicos que por la frágil situación económica.

Un mercado financiero saludable es aquel que canaliza los fondos de los que tienen exceso de capital hacia quienes tienen déficit de dinero. Creando así riqueza a través de la movilización de capital para proyectos que redundan en generación de empleo y crecimiento económico. 

Todo esto solo es posible si hay confianza y un marco de estabilidad que de garantías a los ahorristas. Sin confianza y visibilidad que permita un horizonte de planificación de mediano y largo plazo y con tasas de hasta tres dígitos se vuelve virtualmente imposible a las empresas invertir y expandirse. 

En Argentina la incertidumbre y falta de confianza derivó en los últimos meses en un círculo vicioso de crisis cambiarias y desplome de precios. 
Situaciones donde las expectativas llevan a este tipo de dinámicas son altamente desestabilizantes y los gobernantes echan mano a todas las herramientas que tienen a su alcance para revertir la situación.

Lecciones de la crisis

Las crisis conllevan oportunidades, dice un antiguo proverbio chino. En este espacio quiero aprovechar la oportunidad para extraer lecciones que nos recuerda esta crisis.  

1. Si algo rinde mucho, por algo es. 

Hace tan solo dos años (y a poco más de un año de haber salido del último default) muchos inversores, en busca de rentabilidad, compraron bonos argentinos con un retorno de 7%. Cuando la situación comenzó a revertirse y los papeles empezaron a caer de precio, la angustia los invadió. Hoy algunos de esos instrumentos cotizan a un tercio del precio al que lo compraron. 

Todos queremos ganar mucho con poco riesgo. Esto no es real. Si algo rinde mucho, por algo es. 

2. Los precios conllevan información. 

El mercado financiero es un ¨mecanismo de descuento¨: anticipa, en sus precios, eventos que los agentes piensan que sucederán. Un bono que hoy vale 30 centavos (cuando hace dos años valía más de 100) insinúa que el mercado financiero no confía en Argentina, que hay gran incertidumbre y que el mercado asigna una probabilidad altísima de un default o una reestructura de la deuda. 

A veces puede parecer que el precio de los activos está “barato”. Es conveniente analizar what the market is pricing in. 

3. Lo inesperado 

Estamos en un mundo donde lo inesperado se vuelve realidad con mucha más frecuencia que en el pasado. 

Eventos inesperados derivan con frecuencia en fuertes impactos en los mercados financieros. 

En Argentina las encuestas preveían entre una paridad a una ventaja de hasta 8 puntos para Aníbal Fernández. 

Y la diferencia fue de 15 puntos. Esta nueva información se traslado a precios: la bolsa argentina cayó casi 50% en dólares, los bonos se desplomaron y el dólar se disparó. 

Otro ejemplo muy presente es Brexit: ¿quién hubiera dicho que el país que promovió el liberalismo económico decidió cerrarse? 

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