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Las redacciones están llenas de mentirosos y mandaderos

La izquierda eligió una forma distinta a la de blancos y colorados para presionar a la prensa: el debate público.

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04 de febrero de 2013 a las 00:00

Cada tanto el gobierno se queja del trato que recibe de los medios de comunicación y los acusa de jugar para la oposición mientras que los medios advierten que se quiere afectar la libertad de prensa. Y así cada vez, sin que surjan nuevos elementos en el debate. Pura acusación no comprobada, ni de un lado ni del otro.

Cambiemos por un momento el foco de esta discusión en la que, presuntamente, está en tela de juicio la independencia de los medios y la libertad de información.

Vamos a suponer que el gobierno tiene razón: los medios, algunos medios, mienten, juegan para la oposición, no destacan las cosas buenas a propósito.

Lo primero que uno podría decir es que tienen derecho a hacerlo y luego cargarán con las consecuencias buenas o malas de su proceder. Los diarios y semanarios son empresas privadas y mentir, después de todo, no es delito.

En cambio, los canales de TV utilizan ondas estatales. Ok. ¿Qué editorial han escuchado allí contra el gobierno? Los canales de TV no tienen editoriales de opinión cómo los diarios, algunos de los cuáles han sido muy críticos con la izquierda.

¿En qué perjudican los canales de TV al gobierno? Mujica es la figura estelar de los canales y desde que el gobierno cuestionó la cobertura de la información policial la crónica roja parece haber tomado un tinte rosado.

Entonces quedan los diarios y semanarios como la línea Maginot opositora. La mitad de la población votó al Frente Amplio. Es de inferir que la mitad de los periodistas lo hayan hecho también, pero en realidad ese porcentaje debe ser mucho mayor entre los comunicadores; hasta por venganza.

La presión de los gobiernos blancos y colorados sobre los medios es histórica. Algunos legisladores opositores que han salido a defender a la prensa ante los ataques del gobierno, quizás ignoren que durante los gobiernos de su partido hubo presiones de todo tipo.

Altos funcionarios llamaban a los directores, pedían la cabeza de periodistas, amenazaban, ocultaban. Hicieron lo que suelen hacer los gobiernos. Y en los medios hubo de todo: los que agacharon y los que los mandaron a pasear.

En los últimos gobiernos de izquierda, hay que decirlo, esas llamadas privadas casi cesaron. Hasta donde sé, ni Tabaré Vázquez ni José Mujica han levantado un teléfono para presionar.

Decenas de periodistas suspiraron cuando blancos y colorados dejaron el gobierno. En las redacciones, créanlo, abundan los frenteamplistas.

Ahora el gobierno de izquierda eligió otro método en la cruzada contra los medios, el debate público, y la tesis que surge de su postura es: los periodistas frenteamplistas que trabajan en los “medios opositores” son a) traidores a la causa y mienten a propósito; b) unos vendidos que por 30 monedas hacen mandados todo el tiempo; c) una tribu de zombies a los que le dicen “escriban con la derecha” y ellos escriben.

Cada vez que un gobernante de izquierda dice que un medio “de derecha” miente se olvida que atrás de ese trabajo hay un periodista que seguramente lo votó. Entonces está diciendo bastante más de lo que dice.

Habiendo tantos ineptos en el gobierno ¿por qué el gobierno no piensa que a los medios les puede pasar lo mismo y acusa a los periodistas de mediocres? Es bastante mejor que decirles vendidos.

Pero eso eliminaría la tesis de la conspiración, de la que todo gobierno se nutre, cuando le va mal para justificar parte del fracaso, cuando le va bien, para prevenirse porque en algún momento sabe que le va a ir mal.

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