La Unión Europea tiene una política comercial bastante reglamentada, aunque dentro de las normas de la Organización Mundial de Comercio, mediante la aplicación de aranceles ad valorem (el importe se obtiene mediante la aplicación de un porcentual sobre el valor en aduana de la mercadería) , y también no ad valorem fundamentalmente en los productos agrícolas.
Además, dispone de “derechos estacionales y derechos reducidos cuando el precio del bien está por encima de un determinado nivel”, según un documento de Instituto Uruguay XXI que explica las relaciones comerciales de Uruguay con la Unión Europea.
Tanto Brasil como Uruguay sintieron la medida del bloque europeo por la cual diversos países que gozaban de beneficios del sistema generalizado de preferencias, dejaron de tenerlo desde enero pasado.
La decisión se fundamenta en que el Banco Mundial calificó a Uruguay como un país de renta media-alta en los últimos tres años, basándose en el PIB per cápita , detalla el informe de Uruguay XXI.
Trece productos que Uruguay exporta a la Unión Europea han sido perjudicados con un aumento de aranceles por la caída de las preferencias.
La carne equina pasó de una tasa de 1,6% a 6,1%; pescado fresco, de 5,2% a 15%; merluza, varía de 4% a 20%; mandarinas, de 12,5% a 122,67% (en un sistema complejo de aranceles combinados); frutas frescas no tenían arancel y pasan a estar gravadas con un 3,2%; madera contraenchapada, de 6,5% a 10%; cueros, oscilan de 2% y 3% a 2% a 6,5%; conservas de pescado, de 7% a 20%; arándanos, que no pagaba impuestos, a 3,2%; adhesivos, de cero a 6,5%; moluscos, de 7% a 20%; cangrejos, de 2,6% a 7,5%; y cueros para asientos, de cero a 2,7%.
El fin del sistema de preferencias, la desaceleración regional y la tibia recuperación de los mercados de los países desarrollados, forman un trípode que complican aún más a los exportadores, dicen analistas.