24 de septiembre 2014 - 19:03hs

Uno de los grandes temas que ronda a la 69 Asamblea General de las Naciones Unidas es la propuesta de reforma del Consejo de Seguridad, que es el máximo órgano del bloque y recibe críticas por lo poco representativo del mundo actual.

Al término de la Segunda Guerra Mundial resultó equilibrado que fueran Estados Unidos, Rusia (URSS, en su momento), China, Francia y Gran Bretaña los países que ocuparan un lugar especial en el órgano creado para favorecer la integración y la paz a nivel global. Pero con el avance del tiempo los equilibrios de poder en el globo fueron cambiando y la estructura que vio luz en 1945 comenzó a quedar desactualizada, pues le dio a los cinco grandes países una capacidad de decisión que ya no se corresponde con su influencia real en los demás.

El debate sobre la conveniencia o no de determinados países tengan capacidad de veto se renueva con cierta periodicidad, y ayer algunos líderes se encargaron de ponerlo otra vez sobre el tapete.

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Los críticos del modelo actual le ven básicamente dos defectos. El primero, que la distribución de poder no es justa porque otros países con peso quedan afuera de las principales decisiones. El segundo, que el sistema de veto se puede transformar en un obstáculo para el trabajo de la ONU, pues muchas veces las iniciativas no salen adelante por esta razón. En 2013 hubo votos divididos en torno a una ampliación de la ofensiva internacional en Siria, por ejemplo.

En 1979 tuvo lugar el primer reclamo de cambio, en ese momento realizado por una decena de países del sur que pretendían una ampliación del Consejo de Seguridad. Nada se ha concretado desde ese momento.

Luego de idas y venidas, Brasil concretó una propuesta seria en el año 2005, amparado por el apoyo de Alemania, Japón e India. El plan consistía en integrar a esos países y a otros dos africanos como miembros plenos del máximo órgano de la ONU, que quedaba así con 11 lugares permanentes y 14 no permanentes (actualmente hay cinco permanentes y otros 10 que no lo son, sin poder de veto).

Pero China no estaba muy dispuesta a sentarse junto a Japón, lo mismo que Gran Bretaña y Francia respecto a Alemania. India y Brasil recibieron presiones similares de sus países vecinos, Paquistán y Argentina, principalmente.

Otros proyectos se presentaron pero ninguno prosperó y el día de ayer los mandatarios más afectados por la situación aprovecharon que estaban ante los ojos del mundo para lanzar sus reclamos. La primera en hacerlo fue la presidenta brasileña Dilma Rousseff, que además fue la que inauguró las declaraciones de presidentes. Pidió lanzar una reforma genuina del Consejo de Seguridad para superar la “parálisis e inacción” del bloque ante grandes conflictos y tener más peso a la hora de promover la paz.

Rousseff, candidata a la reelección en su país en los comicios de primera instancia el 5 de octubre, fue sagaz al plantear que la reforma se podría hacer en coincidencia con el 70 aniversario de la ONU en 2015.

Unas horas después tocó el turno de la chilena Michelle Bachelet, que calificó la reforma del Consejo de Seguridad como una “tarea pendiente”. Reiteró su disposición a la ampliación del cuerpo y mencionó explícitamente su apoyo a las candidaturas plenas de Alemania, Brasil, Japón e India. Asimismo, abogó por el fortalecimiento de la capacidad de iniciativa del secretario general para que pueda actuar de manera preventiva y responder a situaciones urgentes que comprometan la seguridad internacional.

Enrique Peña Nieto, el presidente de México, también se sumó a la corriente que pide cambios en el seno de la ONU porque se necesita “una organización con un nuevo diseño para hacer frente a los nuevos retos”.

Tal como lo hicieron sus colegas latinoamericanas, se refirió al “nuevo equilibrio mundial” y aseguró que la ONU “debe atreverse a cambiar para mejorar, ser más audaz y renovarse (…). Las Naciones Unidas pueden transformarse en beneficio de toda la humanidad”. Antes de terminar, fue claro al decir que, a su entender, “debe ampliarse el número de miembros no permanentes del Consejo de Seguridad”.

Pedido de unidad

Varias horas más temprano, cuando dio su discurso de inauguración, el secretario general Ban ki-moon había hecho énfasis en la necesidad de que el Consejo de Seguridad estuviera unido. “La unidad del Consejo de Seguridad es crucial. Cuando el Consejo de Seguridad actúa unido, vemos resultados: la eliminación del programa de armas químicas en Siria; el acuerdo para una operación de paz en la República Centroafricana o el apoyo al acuerdo marco de paz para la región de los Grandes Lagos”.

Algunos países creen que la solución pasa por la reestructura de ese órgano y por estos días vuelven a insistir en ella buscando que los escuchen.

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