19 de junio de 2020 12:30 hs

*Este es un resumen de la última edición de Epígrafe, la newsletter de libros de El Observador. Para suscribirte y recibir todo el contenido, andá a la pestaña Mis newsletter en Mi cuenta y clickea en el botón correspondiente. Las ediciones anteriores se pueden leer en este link y en este.

Ruleta de libros: el salpicón de títulos de cada mes

La lista que les tengo preparada para junio comienza con la no ficción.

Y lo primero que tengo para presentarles es un librito pequeño pero delicioso titulado Un cinéfilo en el Vaticano, en el que el periodista e historiador de cine  Román Gubern cuenta las peripecias que vivió en Roma mientras trabajaba temporalmente en la filmoteca vaticana. Es hilarante y sumamente esclarecedor. Y es parte de la colección Cuadernos de Anagrama, que me gusta particularmente.

Siguiendo en el mundo del arte, creo que uno de los ensayos que más disfruté el año pasado fue Con los ojos bien abiertos, de Julian Barnes. El inglés repasa las historias de sus pintores franceses favoritos y sus obras destacadas con su erudición característica, pero con una chispa increíble. Más que recomendable. Mi texto favorito: la reconstrucción en clave de ficción que hace de La balsa de La Medusa, de Géricault.

Cierro la no ficción con otro ensayo bien diferente. Pensando en un libro para recomendar para el día de la madre –para que formara parte de esta nota–, se me ocurrió escribir sobre De plantas y animales: acercamientos literarios, de la uruguaya Ida Vitale. Al final me decanté por otro, así que ahora lo propongo acá. En el libro, la gran Ida hace un compendio de sus apreciaciones sobre el mundo animal y vegetal con ese humor tan natural que tiene y encadena una serie de textitos fabulosos que se disfrutan cuando se leen de corrido y cuando se ojean ocasionalmente.

Y ahora la ficción:

Primero, los uruguayos. Creo que una de las mejores puertas de entrada al mundo de Mario Levrero son sus novelas cortas, así que me permito casi que obligarlos a que vayan –si no lo hicieron ya– tras Dejen todo en mis manos, una suerte de thriller detectivesco rural levreriano que no tiene desperdicio.

Si están más para unos cuentos, pueden optar por  Un odio cansado, de Martín Lasalt. Algunas de las historias que tiene ese libro me impactaron mucho y, sobre todo, me impresionó la fineza de Lasalt a la hora de narrar. Es oscuro, a veces duele, pero es muy valioso.

Me gusta muchísimo cómo escribe el chileno Alejandro Zambra, que hace poco publicó una nueva novela, Poeta Chileno, que estoy esperando con ansias. Es uno de los grandes exponentes de la literatura latina contemporánea y una buena historia para meterse en su obra es el díptico Bonsai La vida privada de los árbole s, que vienen en el mismo tomo. Dos grandes novelitas por el precio de una. Bonsai tiene un precioso arranque, y se los dejo a continuación.

En la primera Epígrafe les recomendé un texto de Richard Ford sobre cómo vivía él la cuarentena. Ahora les recomiendo una de sus novelas: Canadá. Disfruté muchísimo de la melancolía de este  coming of age –o historia sobre el pasaje a la adultez–, que se enmarca en un asalto a un banco que sale muy mal.

Para el final dejo Generación quemada, una compilación de textos a cargo de Zadie Smith que junta a algunos de los autores estadounidenses más importantes de las letras recientes. David Foster Wallace, A.M. Homes, Jeffrey Eugenides, Dave Eggers y varios más le dan cuerpo a este tomo fantástico editado hace algunos años por Siruela.

En la mesa de luz: Calderón contra la muerte

Al destaque de este mes se lo ganó el arte escénico. Y la justificación es la siguiente: a fines del año pasado pude estar en una especie de “adelanto” de una de las obras teatrales más removedoras y contundentes que vi. Se titulaba  Ana contra la muerte la firmaba el uruguayo Gabriel Calderón y se iba a estrenar oficialmente en abril de 2020. Pero la pandemia llegó y la puesta en escena quedó, lamentablemente, en espera.

A fines de mayo, sin embargo, la historia tocó nuevas fronteras. Así como ha hecho con otras obras dramáticas de Calderón o Sergio Blanco, la editorial independiente Criatura editó Ana contra la muerte  y ahora la tenemos en librerías. Es un poco extraño leer la obra antes de verla en escena –y quizás muchos prefieran esperar– pero no puedo evitar referenciarla y recomendarles que la vayan a buscar. Aunque sea, para guardar el libro hasta después de ver la obra. Porque Calderón la escribió con la muerte de su hermana muy reciente y el dolor está clavado como una lanza en cada parlamento, cada línea. Al mismo tiempo, todo el texto está atravesado por una luz trémula que por momentos parece perder frente a la oscuridad de lo que sucede en escena, pero que al fin y al cabo nunca se va.

Ana contra la muerte es cruda, tiene varias capas de análisis a las que hincarle el diente –especialmente a una serie de parlamentos estremecedores que son parte de las líneas de la actriz Gabriela Iribarren– y es difícil salir indiferente de su experiencia, difícil no quedar tocado por las palabras de Calderón. Pueden ir a buscar el libro de Criatura y dejarlo en la mesa de luz, como un recordatorio de que, eventualmente, esa historia finalmente llegará.

Y ahí, sí, podrán pasar la página.

Las bibliotecas y sus habitantes: líos por la ficción, debates sobre la realidad y algunas selecciones

Este mes publicamos algunas notas relacionadas con los libros que, si no alcanzaron a leer, se las dejo por acá.

La primera es una compilación de títulos que algunos periodistas de El Observador elegimos recomendar para el día de la madre. Y como los libros se pueden regalar todo el año –o autoregalar, claro está– les dejo el link por acá.

Hace algunas semanas, el libro  Papeles Suizos del escritor uruguayo José Arenas, hizo que los vecinos de Nueva Helvecia se pusieran furiosos y que clamaran por su censura. Aprovechando el lío, hablamos con Arenas, repasamos los límites de la ficción y la realidad, y polemizamos acerca de un tema que en estos días ha sido bastante comentado¿Cuándo habla el autor, y cuándo el personaje? Si no están convencidos aún, les dejo esta frase de Mercedes Estramil, que habla del tema en la nota.

“A menos que se vulnere la identidad –y la literatura siempre tiene medios de disfrazar lo real– creo que un lector sano debe entender que un personaje no es un calco fiel de nadie en particular, sino un producto complejo de la imaginación del autor, y de su escritura”
 


 Como cada mes, cerramos esta sección con el ya clásico Qué leen los que leen. Esta vez, el turno es para Emma Sanguinetti, crítica de arte, docente y de una larga trayectoria como periodista cultural en varios medios del país. Es además, como ella misma se defineuna apasionada de la divulgación del arte en todas sus formas posibles y una devoradora de libros. Sus repuestas, debajo, lo prueban.
  • ¿Cuál fue el último libro que te dejó una huella?
    He leído libros muy buenos últimamente, pero una huella real me dejó Patria, de Fernando Aramburu. Me conmovió por muchas cosas: porque encara una temática compleja, como lo es el terrorismo de ETA, desde un punto de vista humano y personal, en el que la complejidad de las amistades divididas por el mundo político es impresionante. Y también porque literariamente me dejó asombrada, por su estructura, por cómo va y viene temporalmente. Tiene descripciones de instantes y momentos que son de una fuerza emocional y humana descollante.
  • ¿Qué estás leyendo ahora?
    Generalmente combino dos libros a la vez, un ensayo sobre la historia del arte, que es mi tema, y otro del género que más disfruto, que es el de la novela policial o negra. Ahora estoy leyendo El enigma Montefeltro, de Marcello Simonetta, que está buenísimo. El autor es licenciado en filosofía y letras por La Sapienza de Roma, muy docto en historia del arte y encontró en una investigación que puede probarse la participación de Federico de Montefeltro en el asesinato de Giuliano de' Medici en la catedral del Duomo, en Florencia. Después estoy leyendo a un polaco que se llama Zygmunt Miłoszewski, es escritor, periodista y tiene una trilogía espectacular; yo estoy en el ultimo, que se titula en La ira. Miłoszewski escribe muy bien, me encanta, es muy literario, trabaja muy bien la palabra y sus tramas son espectaculares.
  • ¿Qué libros esperan en tu mesa de luz?
    Estoy parada delante de mi mesa de luz y la pila es bastante grande. Tengo el último de Andrea Camilleri, un ensayo titulado El Bosco al desnudo de Henk Boom, El triunfo del artista de Tzvetan Todorov, una novela policial de Anne Perry, una novela histórica que se llama El luthier de Delft, y Variaciones sobre historia del arte de Gombrich, que se acaba de traducir del austríaco. Y tengo desde hace demasiado tiempo En defensa de la ilustración, de Steven Pinker, así que quizás lo arranco.

 

Libros de la Arena, un puerto literario en el corazón de Pocitos

Le tengo un cariño especial a esta librería ubicada en Benito Blanco, entre Av. Brasil y José Martí –que también tiene una sucursal en El Pinar–. Cuando empecé a trabajar, fue allí donde dejé parte de mis primeros sueldos, de ahí salieron los primeros libros que compré con mis propios ahorros. Pero más allá de eso, tiene varias particularidades que la hacen valiosa.

Para empezar, su vidriera es especialmente seductora y su catálogo es extenso y variado; de Libros de la arena me llevé desde ficciones y novelas gráficas, hasta libros de cine. Además, sus libreros siempre están dispuestos a conversar, recomendar y advertir, cuando es el caso, de que lo que uno eligió no es del todo recomendable. Y esa honestidad siempre vale la pena recompensarla, aunque sea con este pequeño homenaje.

Un epígrafe final

Para el epígrafe final de junio quise apelar a mi lectura actual, que desde ya estimo que será uno de los grandes libros de mi 2020, porque me está encantando. Eventualmente les hablaré de él con más profundidad, pero por ahora alcanza con decir que se llama Desierto sonoro, que su autora es la mexicana  Valeria Luiselli y que con estos versos de Federico García Lorca comienza su capítulo número cuatro:

Oye, hijo mío, el silencio.
Es un silencio ondulado,
un silencio,
donde resbalan valles y ecos
y que inclina las frentes
hacia el suelo.

Federico García Lorca

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