La Expo Prado casi siempre es una fiesta. Desde los tiempos de la aftosa la exposición crece en genética, público y camaradería que no conoce de grietas. Y hasta un mes atrás esta exposición apuntaba a ser una fiesta total, porque el trabajo ganadero nunca había sido tan bien premiado en los mercados del mundo y eso se trasladaba a todos los precios, desde la tonelada exportada al precio del ternero y por lo tanto, la expectativa de precios excelentes para la genética que se pone en consideración a partir de estos días hasta el final del año.
Pero la era distópica de pandemia, guerra e incendios masivos pasa factura. La inflación de los alimentos y la energía debe ser frenada al costo que sea. Y ese costo en Occidente se llama tasas altas de interés y recesión. Y los precios de las materias primas empiezan a doblegarse.
Pero mucho más se doblegan por una política dictatorial en China respecto al covid que genera fuerte incertidumbre. En cualquier momento una ciudad y sus millones de habitantes bloqueados. Además, una crisis inmobiliaria que sigue creciendo y una depreciación que cruzó los 7 yuanes por dólar y que encarece lo importado.
A comienzos de la semana pasada el Departamento de Agricultura de EEUU corrigió a la baja la demanda de carne vacuna y de soja de China, algo que nunca había pasado y cuesta creer: ¿realmente comerán menos carne vacuna los chinos en 2023 que en 2022?
Mientras en Brasil los ganaderos aceleran las exportaciones y la tala de la Amazonia por las dudas de que suceda un cambio de gobierno que sea más estricto en cuanto al desmonte de las selvas.
El resultado, con sobreoferta del vecino y demanda cauta, para el productor ganadero uruguayo ha sido un desplome del precio del gordo que solo había sucedido cuando llegó el covid. En las últimas dos semanas los productores han sido testigos de una baja de 20% en el precio de su ganado y sin que nadie sepa donde está el piso. Buena noticia para los uruguayos amantes de la parrilla, ya vendrán los carteles de “bajó la carne”.
El Banco Mundial proyecta que las tasas seguirán subiendo en 2023 y que pueden no ser suficientes para llevar la inflación en los países desarrollados por debajo de 5%, el doble de lo normal. Davis Malpass, presidente del BM expresó que el crecimiento mundial está disminuyendo agudamente, la peor situación desde los años 70 y que el descenso puede ser persistente.
El crecimiento mundial de 2023 podría ser 0,5% lo que implica un decrecimiento de la economía en términos “per cápita” de 0,4% lo que técnicamente se considera una recesión. Un escenario negativo para un producto como la carne que en un restaurant de China o del primer mundo es un producto de lujo. También para la lana que viene ya de varios años adversos. Eso sin considerar el imprevisible final de la guerra entre Rusia y Ucrania y de la carrera nuclear iraní.
Pero para los productores la expectativa de un 2023 de recesión, planteada esta semana por el Banco Mundial, y una Niña que está secando ya buena parte de Argentina y Uruguay muestra una inestabilidad inusual para la ganadería, que es un síntoma de los tiempos por venir. Los veranos son cada vez más peligrosos para la producción de alimentos, desde carne a soja o tomates.
Este tiene el doble peligro del riesgo de sequía, pronósticos muy sombríos sobre el futuro de la economía.
La industria frigorífica ha decidido tomar sus recaudos y bajar drásticamente el precio de la hacienda que está dispuesta a comprar, que en los últimos tres meses ha sido 33% menor a la del período julio/setiembre del año pasado.
El mensaje de largo plazo es: los veranos serán cada vez más peligrosos y difíciles, especialmente cuando son Niña. Y con recesión en el horizonte y guerra de gran escala en Europa el verano 2023 se ha vuelto especialmente riesgoso.
En la agricultura las cosas no son mucho mejores. Ciertamente las olas de calor en el hemisferio Norte siguen sosteniendo precios altos.
Pero los productores argentinos están abandonando chacras de trigo y en el oeste de Uruguay la sequía amenaza con generar daños importantes ya en octubre. Muchos productores de maíz esperan a ver si siembran o no según lo que marquen los pronósticos de los próximos días.
Pasados unos pocos días empezará los ascensos de temperatura. El año pasado trajo los peores incendios de la historia, pero llegaron lluvias oportunísimas que solucionaron el problema y dejaron una buena cosecha de cultivos de verano. El “buen tiempo” que multitudes disfrutaron en el Prado, es también el aviso de un año Niña que puede ser muy difícil. En enero y febrero pasados las lluvias de un océano Atlántico caliente aliviaron a los dos tercios del centro y sur de Uruguay. Difícil que la suerte se repita. Un verano peligroso se aproxima. Y la lógica de los veranos peligrosos llega para quedarse.