14 de julio 2014 - 18:21hs

Son siete notas claras, que suenan como una marcha fúnebre, en comparación con la alegría de la tonada de Creedence Clearwater Revival con la que Argentina se mofaba de Brasil, a la vez que la convertía en un himno propio. Mi, mi-sol, mi, re, dooo, siiii, con una letra fácil de aprender: “oh, oh-oh, oh, oh, oooh, oooh”. Así cantaban los hinchas alemanes mientras su selección ejecutaba a la de Brasil en la semifinal de Minas Gerais. Con ese son bailaba la verdeamarela en la cancha, llevada por el ritmo de los pies alemanes. Ese era la tonada con la que festejaron los germanos después de ganarle la final a Argentina.

El riff es de la canción Seven Nation Army, del grupo estadounidense The White Stripes, un tema de 2003 que estuvo primero en la lista de Billboard en la categoría “rock alternativo” durante tres semanas de julio de ese año.

Nace un himno futbolero

Según publica la revista Slate, del Washington Post, los primeros que adoptaron la canción fueron los hinchas del club Brujas, de Bélgica, que iban camino al estadio del Milan y decidieron hacer un alto en un boliche de la ciudad italiana. La música que sonaba era la de The Whites Stripes, ese “ejército de siete naciones” tan pegadizo.

Resultó que los belgas salieron cantando esas siete notas al salir del bar y con ellas en sus gargantas entraron al estadio. Cuando en el minuto 33 los visitantes convirtieron el único gol del partido, lo que sonaba en la tribuna visitante era ese riff talismánico.

Los belgas se llevaron la canción con ellos y la tonada prendió. En el estadio del Brujas la pasaban por los parlantes con cualquier excusa. Fue entonces que el Roma visitó Brujas y no solo ganó 2 a 1 sino que los hinchas se volvieron con la cancioncita a Italia.

El capitán de ese equipo del Roma, Francesco Totti, comentó después que nunca habia escuchado la canción pero que desde aquel partido no podía sacarse el “po, po, po, po, po, poooo, poooo” de la cabeza.

Los italianos lo adoptaron con más fervor todavía que los belgas y pronto se usó para festejar el premio mayor, cuando el 9 de julio de 2006 le ganaron por penales a Francia y levantaron la Copa del Mundo en Alemania. las calles de Roma fueron bañadas por las famosas siete notas.

Como himno futbolero esa letanía es un poco extraña. No tiene ni la dulzura de Sweet Caroline ni la grandeza épica deliberada de We Are the Champions. El diario británico The Guardian se preguntó hace unos años si la canción no sería “el himno futbolero más indie de todos los tiempos”.

El autor de la canción, Jack White, todavía no entiende cómo es que sucedió tal cosa.dice sentirse honrado, pero nunca se imaginó que decenas de miles de personas iban a corear su riff en los estadios de Europa. Y tiene una gran ventaja con respecto a la que cantaban los argentinos: no tiene letra.

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