En entrevista con El Observador, el baterista de Kiss, Eric Singer, afirmó que la banda es pionera en lo que respecta a ofrecer un gran show en vivo, en utilizar todo lo disponible para ofrecer un verdadero espectáculo de rock o, en sus palabras, “un circo de rock n’ roll”.
En su primer show en Montevideo, la banda confirmó esa afirmación con creces y demostró que lo de ellos es engañar el paso del tiempo. Más de 40 años después de su fundación, sus miembros originales, Gene Simmons y Paul Stanley, secundados por el ya nombrado Singer y el guitarrista Tommy Thayer, siguen calzándose sus plataformas y tras sus máscaras perfectamente maquilladas se transforman en personajes sin edad, evidenciada solamente en sus voces gastadas de tantas noches de rock. Y mientras el oído se embelesa con canciones que evocan otra época de la música, el ojo no se aburre jamás gracias a una extensísimo arsenal de pirotecnia y efectos especiales.
Como un buen circo, el show de Kiss es un espectáculo para toda la familia. Entre la audiencia se veían padres con hijos (infantes y ya adultos), niñas a caballito, púberes intentando un pogo, parejas de 60, jóvenes que descubrieron a la banda en su adolescencia y grupos de amigos nostálgicos que pisaban los 50.
Si bien el público –vestido debidamente de negro y varios luciendo el maquillaje oficial– hizo lo posible para llenar a fuerza de gritos y saltos los grandes espacios vacíos del Gran Parque Central, el panorama era evidente: faltó muchísima gente para un show de esta magnitud. A pesar de eso, la banda, que notó e hizo referencia a la lejanía en que se encontraba el público, tocó como para un estadio lleno.
Explosiones y trucos
Pasando apenas la hora 21 y tras sonar Rock and Roll de Led Zeppelin, la banda hizo su gran entrada poniendo todo en el ruedo: lluvia de papelitos, juegos de luces y láseres, explosiones y Singer sentado en la batería bajando desde el techo del escenario mientras interpretaban Detroit Rock City, uno de sus primeros hits de 1976.
Le siguieron Creatures of the Night y Psycho Circus, para que luego Simmons, en su papel de The Demon interpretara I Love it Loud y War Machine, coronada con el bajista envuelto en una nube de humo que por momentos tapaba la vista y escupiendo fuego.
El de Kiss es un show pensado para el público. Los músicos no paraban de tirar púas y luego de que la audiencia gritara los clásicos cantos arengándolos, era Stanley quien agradecía con una disculpa: “Vinimos a cantar para ustedes”.
En apenas dos canciones hicieron un salto temporal imperceptible: a Deuce, de su primer disco Kiss (1974) le siguió Hell or Hallelujah, de su último disco Monster (2012), que se integró a su cancionero más antiguo perfectamente.
Ya pasada la mitad del show, fue la hora de los trucos de la noche.
Thayer tuvo su momento en el foco, con un solo donde literalmente sacó chispas de su guitarra, haciendo explotar pirotecnia desde el brazo de su instrumento.
Más tarde, luego de un breve suspenso y unos minutos necesarios para la preparación, el demonio de Simmons fue liberado. Escupiendo sangre (falsa) de la boca, el bajista realizó un solo, para luego volar hacia el techo del escenario, y depositarse sobre una plataforma que hasta el momento había permanecido a oscuras. Desde las alturas como un murciélago interpretó God of Thunder entre los gritos el público.
Luego fue el turno de Stanley, que nuevamente pidió para estar más cerca de los fanáticos que lo miraban desde más lejos. Subido en un arnés que ajustaba con el taco de su bota, atravesó las zonas VIP hasta llegar a la torre de sonido. Desde la plataforma ubicada cerca del medio de la cancha interpretó Black Diamond acompañado por la banda que quedó en el escenario.
Según contaron a El Observador fuentes de la producción, sin pretenderlo fue su vuelo más largo de la gira. Los tres shows que se realizan en estos días en el Gran Parque Central (este, el de Romeo Santos y Violetta), comparten misma estructura básica, y las especificaciones de los tres tuvieron que encontrar un punto medio. Y esto obligó a Stanley a atravesar por el aire más distancia que de costumbre.
Luego de la acrobacia del cantante y guitarrista, fue el momento de los bises, un paquete insuperable de sus hits más grandes: Shout It Out Loud, I Was Made For Loving You y Rock and Roll All Nite, combinados con todos los efectos posibles: chispas, llamaradas, disparos de humo y una constante lluvia de papelitos.
Como buena fiesta roquera, todo terminó con fuegos artificiales para despedir a una banda que se transformó en leyenda al no hacer nada a medias.