11 de febrero de 2013 16:54 hs

Si hay algo que caracteriza a los premios Grammy a la música es el conservadurismo. Y en su 55 edición no fue la excepción.

Mumford and Sons, banda inglesa famosa por reincorporar los sonidos más característicos de la tradición estadounidense, en especial con el abuso del banjo, ganaron por Babel el Álbum del año.

Si en 2012 fueron una de las sorpresas de la premiación, en esta ocasión ya subieron al escenario como favoritos del público y del jurado, y así quedó plasmado con esta estatuilla.

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Lo mismo pasó con The Black Keys. Su exitoso disco Brothers (2010) se había llevado ya dos premios, y ahora arrasaron con tres en las categorías de rock. Si se suma el galardón otorgado al cantante y guitarrista Dan Auerbach como Productor del año, empatan con las estatuillas logradas por los Foo Fighters el año pasado, otra de las bandas mimadas de los Grammy.

De esta forma, el revitalizado blues y rock de The Black Keys ofreció una opción entre tradicional y a la vez popular a los votantes. Aunque Jack White, que también sigue por ese camino del revival, no obtuvo ninguno de los tres premios a los que estaba nominado. Sin embargo, sí brindó una de las más electrizantes presentaciones en vivo.

El año pasado se celebró la música electrónica y su explosión en el mercado, pero este año el pop y el rock volvieron a reivindicarse.

Los premios de Canción y Grabación del año se los llevaron dos ineludibles temas pop del año. We are young de Fun y Somebody that I used to know de Gotye fueron los merecidos ganadores, respectivamente. El pegadizo Call me maybe de Carly Rae Jepsen, quedó en el tintero.

La ceremonia tampoco ofreció sus tan promocionados “momentos Grammy”. Hasta en la moda la controversia fue coartada a través de un estricto código de vestimenta, donde se condenó la “obscenidad” en el vestuario.

Muy pocas de las colaboraciones entre artistas lograron trascender más allá de sus minutos estipulados y tal vez sea el tributo a Bob Marley el más memorable. Este comenzó de la manera más indirecta posible: con el cantante Bruno Mars interpretando un tema que parece arrancado del cancionero de The Police. Como era debido, Sting luego se sumó a Mars para interpretar Walking on the moon. Ambos recibieron a Rihanna y a los hijos de Marley, Damian y Ziggy, para concluir con Could you be loved.

Frank Ocean, el candidato de la prensa, fue uno de los artistas que más se hizo esperar. Penúltimo en la lista de shows, ofreció un correcto pero desparejo Forrest Gump. La puesta en escena se ganó más elogios.

Pero el show más ansiado fue sin dudas el de Justin Timberlake y su regreso a los escenarios. El cantante se llevó los aplausos al canalizar los años 50 con su canción Suit and Tie, acompañado por Jay-Z y una completísima banda.

Y fue el mismo Timberlake quien se aventuró a dictaminar que estos fueron los mejores Grammy de la historia. Probablemente no. Pero sí unos de los más tradicionales.

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