La doctrina cristiana tradicional afirma: a) la historicidad de los Evangelios, es decir que éstos narran lo que Jesús hizo y dijo realmente durante su vida terrena; b) que los cuatro Evangelios se basan en el testimonio de testigos oculares de la vida pública de Jesús; y c) que los autores de los Evangelios fueron Apóstoles (Mateo y Juan) o discípulos de Apóstoles (Marcos, discípulo de Pedro, y Lucas, discípulo de Pablo).
Todo eso fue cuestionado desde el siglo XVIII a partir del estudio histórico-crítico del Nuevo Testamento (NT). Muchos exégetas racionalistas o liberales negaron la apostolicidad y la historicidad de los Evangelios y les asignaron fechas de composición muy tardías, incluso del siglo II o III, hoy desacreditadas. En el siglo XX, los autores de esa corriente se vieron obligados a adelantar esas fechas al siglo I, pero siguieron manteniendo que los cuatro Evangelios eran posteriores al 70 DC, año de la destrucción de Jerusalén por parte de los romanos. Además, los historiadores cristianos más antiguos habían afirmado que el primer Evangelio escrito fue el de Mateo, pero a partir de fines del siglo XIX se impuso ampliamente la teoría de la prioridad de Marcos.
Entre 1947 y 1956, en Qumrán, cerca del Mar Muerto, tuvo lugar un hallazgo sensacional: se descubrió la biblioteca de los esenios, secta judía que tuvo una especie de monasterio en Qumrán desde el siglo II AC hasta el año 68 DC, cuando los romanos lo destruyeron. Antes de la destrucción, los esenios guardaron sus manuscritos en cuevas de la zona. Se han encontrado once cuevas con unos 900 manuscritos, bíblicos y no bíblicos, en su gran mayoría en hebreo. Sin embargo, la cueva 7 de Qumrán contenía papiros en griego. En 1972 el papirólogo jesuita español José O'Callaghan (1922-2001) identificó uno de esos papiros (7Q5) con un texto del Evangelio de Marcos en griego. El papiro 7Q5 es muy pequeño, pero se ha logrado identificar con certeza papiros aún más pequeños. Pese a su sustento papirológico, el trabajo de O'Callaghan suscitó grandes controversias, porque la demostración de que el Evangelio de Marcos era anterior al año 70 atentaba contra un postulado básico de la exégesis liberal. El debate se reavivó en 1984 cuando el biblista y papirólogo anglicano alemán Carsten Peter Thiede (1952-2004) publicó en una revista especializada un artículo en apoyo de la tesis de O'Callaghan.
El 24/12/1994 el diario The Times de Londres informó en primera plana sobre el impactante resultado de un estudio de Thiede sobre el Papiro Magdalen. Ese papiro, descubierto en Egipto, contiene tres fragmentos del capítulo 26 del Evangelio de Mateo, y está en una biblioteca del Colegio Magdalen de la Universidad de Oxford desde 1901. Inicialmente se pensó que el Papiro Magdalen era del siglo IV. En 1953 Colin H. Roberts lo publicó por primera vez y lo dató como de fines del siglo II. No obstante, el Papiro Magdalen permaneció semi-olvidado hasta 1994.
Con base en conocimientos actualizados de papirología y las tecnologías más avanzadas disponibles, Thiede afirmó que el Papiro Magdalen fue escrito hacia el año 50, unos 150 años antes de lo que se creía hasta entonces. Esto hace de ese papiro el manuscrito evangélico más antiguo conocido. Además, como ya se había demostrado que el Papiro Barcelona, que contiene fragmentos de los capítulos 3 y 5 del Evangelio de Mateo, pertenecía al mismo códice que el Papiro Magdalen, la tesis de Thiede implica que todo el Evangelio de Mateo fue escrito hacia el año 50; o incluso antes, porque esos dos papiros son copias, no el texto original del Evangelio. Por lo tanto, el Evangelio de Mateo habría sido escrito apenas diez o veinte años después de la muerte y la resurrección de Cristo, ocurridas hacia el año 30. La gran mayoría de los expertos fechaba la composición de Mateo en el período 80-100, o sea entre 50 y 70 años después del acontecimiento pascual. Por lo tanto, según Thiede, el Evangelio de Mateo fue escrito por un contemporáneo de Jesús, no dos o tres generaciones más tarde. La noticia fue difundida en muchos de los principales periódicos del mundo y en televisión. Durante un tiempo se produjo un intenso debate, en el que muchos académicos no ocultaron su profunda hostilidad hacia una tesis que minaba gran parte de la exégesis predominante del NT.
Los nuevos estudios que contribuyen a un regreso a la visión cristiana tradicional sobre la antigüedad, la apostolicidad y la historicidad de los Evangelios son muchos, y no se limitan al ámbito de la papirología. Varios biblistas recientes hicieron aportes muy importantes en ese sentido. Entre ellos destacaré a dos ingleses y dos franceses: John A. T. Robinson (1919-1983), quien, pese a ser un teólogo anglicano ultra-liberal, escribió un libro brillante para demostrar que todo el NT fue compuesto antes del año 70; Bernard Orchard (1910-2006), monje benedictino que reflotó de un modo ingenioso la vieja idea de que los dos primeros Evangelios escritos fueron Mateo y Lucas; Claude Tresmontant (1925-1997), filósofo que estudió a fondo el pensamiento hebreo antiguo y su manifestación en los Evangelios; y Jean Carmignac (1914-1986), sacerdote católico experto en los manuscritos de Qumrán, que, con base en un estudio de los semitismos en los Evangelios sinópticos (Mateo, Marcos y Lucas), revivió la antigua tesis de que éstos fueron escritos originalmente en hebreo o arameo y luego traducidos al griego.
Los aportes de estos y otros grandes estudiosos del siglo XX convergen en una dirección favorable a la visión cristiana tradicional de los Evangelios. Ojalá nuevas generaciones de estudiosos retomen sus hallazgos y elaboren una nueva síntesis.
¡Feliz Navidad para todos los lectores!