5 de marzo de 2014 10:10 hs

Mientras el grueso de la población de Crimea se manifiesta en contra de Kiev y apoya seguir bajo la tutela de Moscú, los tártaros son los únicos que alzan la voz contra los ánimos separatistas en la península, a donde regresaron en 1991 tras medio siglo de deportación estalinista.

“Un referéndum sobre la pertenencia estatal de Crimea sería una catástrofe. ¿Dónde ha traído un referéndum algo positivo cuando hay tropas en las calles?”, aseguró Refat Chubárov, presidente del Medzhlis (Asamblea Popular) de los tártaros de Crimea.

Fueron los principales habitantes de la península durante siglos y ahora representan solo el 14% de la población de Crimea, donde siempre se han mantenido fieles a Kiev y han defendido la integridad territorial de Ucrania.

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Los tártaros se oponen a la celebración de una consulta para que la república autónoma ucraniana (Crimea) amplíe su autonomía y restablezca la figura del presidente de Crimea, ya que consideran que de ahí a la independencia hay un paso.

“Un referéndum de autodeterminación cuyo resultado no va a ser reconocido por la comunidad internacional será motivo de conflicto”, señaló.

Chubárov, que acusa al líder del partido Unidad Rusa, Serguéi Axiónov, de “golpe de Estado” por la forma en la que fue nombrado nuevo primer ministro, también considera ilegítima la decisión del Parlamento de Crimea de convocar una consulta popular cuando el edificio estaba tomado por hombres armados.

“Esas decisiones se adoptaron cuando a los diputados les cachearon y les incautaron los teléfonos. La libre voluntad de los legisladores no estaba garantizada”, denunció.

Como alternativa propone celebrar el mismo día una consulta entre las tres principales comunidades étnicas de Crimea: rusos (58%), ucranianos (24%) y tártaros (14%).

“Si los tres pueblos coincidimos, pues podemos volar juntos a Marte. Si domina una comunidad étnica y las otras están insatisfechas, eso será malo para Crimea”, indica.

Los tártaros son una de las minorías que más sufrió la ira estalinista durante las purgas de la década de 1930 y luego durante la deportación de los pueblos (como el checheno) acusados de colaborar con el invasor nazi en la Segunda Guerra.

Con esa herida histórica, este pueblo de credo musulmán alerta que si la actual tensión se alarga en el tiempo, pueden estallar conflictos étnicos o religiosos, principalmente tras la llegada de destacamentos cosacos de la vecina Rusia.

“La frontera con Rusia está abierta de par en par. Voluntarios extranjeros llegan a nuestro territorio y participan activamente en el mantenimiento del orden público. Nuestra gente tiene motivos para estar preocupada”, denuncia.

El líder tártaro no duda en tachar de “agresión” la presencia de tropas sin distintivo ni rango en territorio ucraniano, en referencia a su procedencia rusa.

“Los militares deben abandonar las calles y las carreteras, y regresar a sus cuarteles. No había ningún motivo para pedir ayuda a Rusia y para que los militares hayan jugado en los últimos días un papel fundamental en Crimea”, asegura.

Chubárov recuerda que los que ahora protestan contra Kiev en la plaza de Lenin de Simferópol, capital crimea, estaban encantados con el presidente Yanukóvich hasta que fue derrocado en Kiev.

“¿Qué ha ocurrido desde entonces? Ahora, existen los mismos problemas que hace dos meses. La diferencia es que antes no había tropas en las calles de Crimea”, apuntó.

En su opinión, alguien intenta poner una cuña entre los habitantes de Crimea y las nuevas autoridades de Kiev para llevar la situación “hasta un punto sin retorno”.

Sea como sea, los tártaros no tienen intención de abandonar Crimea, incluso si estalla una guerra entre Rusia y Ucrania.

“No nos permitieron volver a Crimea durante 50 años. No regresamos después de luchar durante décadas contra un régimen totalitario como el soviético para volver a marcharnos de nuestra tierra”, sentenció.

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