Una ola de críticas y algunas muestras de apoyo recibió el miércoles la decisión del gobierno de Brasil de expulsar a un periodista del New York Times, quien escribió que el presidente Luiz Inácio Lula da Silva suele abusar de las bebidas alcohólicas.
El portavoz del Departamento de Estado norteamericano, Richard Boucher, dijo que "la decisión (...) no está en línea con el fuerte compromiso de Brasil con la libertad de prensa". La cancelación de la visa significa la virtual expulsión de Rohter, la primera medida de este tipo contra un periodista desde la dictadura que gobernó el país por 21 años hasta 1985.
Con el argumento de que el presidente había sido difamado y calumniado, ministros y dirigentes del izquierdista Partido de los Trabajadores (PT) de Lula respaldaron la sanción. "Creo que la decisión no podía ser otra. Es una nota muy prejuiciosa y que hiere la imagen de Brasil. Entonces, el país tiene que reaccionar de acuerdo con la agresión", dijo el ex mandatario y titular del Senado, José Sarney.
"Creo que el gobierno reaccionó correctamente, porque él (el periodista) es americano y el americano se cree dueño del mundo. Alguien tiene que acabar con eso", dijo el taxista Raimundo Pereira da Silva, reflejando un sentimiento nacionalista que el caso despertó en muchos brasileños.
Desorientación
"Pero (el gobierno) transformó esto en una cuestión de Estado. Cuando la situación ya estaba superada sale con una nueva medida", dijo. Según medios locales Lula dio personalmente la orden de expulsión.
Otro líder opositor, el senador socialdemócrata Tasso Jereissati, dijo que la expulsión era "absurda" e "inmadura", digna de "un dictador de republiqueta de tercera categoría que no entiende el papel del gobierno".
Pero el canciller de Brasil, Celso Amorim, indicó que el diario se equivocaba, ya que "esta cuestión específica no debe ser vista dentro del contexto de libertad de prensa". (Con colaboración de Axel Bugge, Natuza Nery y Thiago Pariz en Brasilia y Carol Schwartz en Sao Paulo)
(Reuters)