Está allá arriba, redonda y hermosa como siempre. Luminosa, distrayendo el camino del viajero, o alentando la inspiración de los escribientes. El futuro astronauta la mira y piensa que, esta vez sí, después de tantos años de pasarle cerquita, de sobrevolarla en cápsulas prehistóricas, su raza evolucionó hasta el punto de poder plantarse en ese suelo que desveló a sus hermanos desde el principio de los tiempos.
Luna de enfrente
Un misterio redondito que desde el principio de los tiempos desvela a los viajeros espaciales