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Marihuana legal: alejándonos de la demencia

El futuro es incierto, pero lo pasado con la prohibición debería avergonzarnos como especie

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21 de julio de 2017 a las 04:51

En estas horas es difícil distinguir a los consumidores responsables de los que apoyan todo lo que suene a progre, a los que elaboran un argumento en contrario a partir de la información de los que de puro conservadores dicen siempre que no, a los que tienen intencionalidades políticas de los ignorantes.

Luego de la entrada en vigencia de "la marihuana legal", Uruguay es un país más sano en varios planos: más sano porque tiene control sobre al menos una parte de una sustancia que su población consume masivamente (estamos terceros en la región entre los más consumidores); más sano porque le dio a los consumidores herramientas legales para producirse la sustancia; más sano porque se apartó del camino de la demencia que es hacer siempre lo mismo para lograr otros resultados; más sano judicialment

Hasta hace apenas unos meses, la prohibición establecía el absurdo de que si una persona era detenida con algunos porros comprados a un narcotraficante, quedaba en libertad ya que el consumo no está penado; pero si era encontrada con plantas, que era una forma de evadir el narcotráfico y el negocio ilegal, era detenida e iba a prisión. Hemos terminado con un absurdo legal de dimensiones épicas, sobre todo para quienes sin ser traficantes terminaron nada menos que ¡en una cárcel uruguaya!

Hay mucho inquieto por si se le va a combatir o no el negocio de la marihuana al narcotráfico. Si fuesen consumidores quizás sabrían que ya lo está sufriendo, pero no hay por qué pedirle a la gente que pruebe para convencerse. Hay que explicarle: hace años que al influjo de una política aperturista y del aumento en la producción local, el mercado negro migró y al menos en determinados sectores casi no se consume más el "prensado paraguayo" que los narcos traen de Pedro Juan Caballero.

Mucha gente (unas 100 mil personas, estimó el ingeniero agrónomo Eduardo Blasina, director del museo cannábico) viene comprando a pequeños productores locales -algunos de los cuales terminaron abriendo clubes con la nueva ley- una marihuana de mayor calidad que la paraguaya. ¿Cuánto impactará esto en los narcos? Tendremos la misma certeza que teníamos hasta ahora de cuánto dinero terminaba en manos de los traficantes. Es lo que pasa cuando un negocio es ilegal, nos movemos por intuiciones y teorías.

marihuana bolsa

Y el ambiente se llenó de teorías conspirativas de quienes repiten como loros tonterías que ya no son defendidas en el mundo ni por los más acérrimos opositores al consumo de drogas, como decir que legalizar es fomentar (la acelga es legal, pero no la consumo ni atado, valga la redundancia) o que el consumo de una droga blanda es el ingreso a drogas más duras.

Abundan las teorías y proyecciones apocalípticas de todo tipo.

Pero lo que sí sabemos con lujo de detalles es cuál fue el camino que nos trajo hasta aquí. Quienes no son afectos a la lectura pero en estos días parecen doctores en drogas psicoactivas, deberían empezar por leer alguna cosa sobre la guerra del opio, sobre la ley seca (las dos primeras grandes prohibiciones en la historia de la humanidad) y sobre esta tercera ola que comenzó en Occidente en la década de 1970 con la guerra a las drogas lanzada por el presidente de Estados Unidos Richard Nixon.

Luego de la entrada en vigencia de "la marihuana legal", Uruguay es un país más sano en varios planos

De fracaso en fracaso, prestándose para delitos de lesa humanidad como fue la divulgación de crack por parte de la CIA en comunidades negras, pasando por el plan Colombia que apuntaba, caído el comunismo, a encontrar en el narcotráfico un nuevo enemigo, todo fue un desastre de dólares quemados, consumidores y plantaciones que aumentaban, drogas cada vez más peligrosas y baratas y mafias convertidas en poderosos ejércitos.

En los últimos dos años, mientras que las cárceles estadounidenses se seguían llenando de pequeños consumidores (hay 2.300.000 presos), en las calles la heroína cuesta un 70% menos que hace dos décadas y los muertos por sobredosis de opioides superaron a los fallecidos en accidentes de tránsito (un 60% había accedido a esas drogas por vía legal). Ni hablemos de los 60 mil muertos por la guerra al narco en México.

El camino que nos trajo hasta aquí es tan violento, absurdo y antinatural (el ser humano va a consumir y va a ir detrás de su libertad aunque lo condenen a muerte), el fracaso es tan estrepitoso y evidente, que experimentar es una señal de sanidad mental: no hacer siempre lo mismo buscando resultados diferentes.

Hemos terminado con un absurdo legal de dimensiones épicas, sobre todo para quienes sin ser traficantes terminaron nada menos que ¡en una cárcel uruguaya!

Que si se debió habilitar solo el cultivo, que esto sigue regulado por el Estado, que no va a impactar en el delito, que, que, que. Especulaciones.

Tengamos la decencia de mirar hacia atrás y tomarnos un tiempo, antes de juzgar lo hecho, de avergonzarnos por lo que hicimos.

Pero es posible que sea mucho pedir eso en estas horas en las que es difícil distinguir a los consumidores responsables de los que apoyan todo lo que suene a progre, a los que elaboran un argumento en contrario a partir de la información de los que de puro conservadores dicen siempre que no, a los que tienen intencionalidades políticas de los ignorantes.

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